En mayo de 1969, la dictadura de Juan Carlos Onganía creía tener el control absoluto del país. Ajuste económico, recorte de derechos, represión y una mirada despectiva hacia estudiantes y trabajadores formaban parte de una receta que parecía funcionar desde los despachos oficiales. Pero la bronca social se acumulaba debajo de la superficie.
El Cordobazo comenzó como una protesta obrera y estudiantil en Córdoba. Lo que vino después fue una rebelión popular que cambió para siempre la política argentina. Onganía nunca entendió a tiempo el mensaje. Creyó que el orden podía sostenerse únicamente con autoridad y confrontación. Se equivocó.
Salvando las enormes diferencias históricas, económicas y políticas, hay un punto de contacto imposible de ignorar con el presente. El gobierno de Milei eligió construir poder a partir de la confrontación permanente: contra gobernadores, periodistas, sindicatos, movimientos sociales y también contra las universidades públicas.
La marcha universitaria mostró algo que en la Casa Rosada quizá todavía no terminan de registrar: la defensa de la universidad pública atraviesa ideologías, clases sociales y generaciones. No se trata solamente de estudiantes militantes. Hay padres, docentes, investigadores, graduados y sectores independientes que ven con preocupación el desfinanciamiento educativo y científico.
Cuando un gobierno empieza a deslegitimar sistemáticamente cualquier reclamo social, corre el riesgo de quedarse sin capacidad de escuchar. Y cuando un poder deja de escuchar, suele empezar a cometer errores políticos graves.
El oficialismo insiste en presentar cada protesta como un intento de desestabilización. Es una estrategia que puede servir para consolidar a los propios, pero que también puede aislar al gobierno de una parte importante de la sociedad. La historia demuestra que subestimar las señales de malestar casi nunca termina bien.
El Cordobazo no nació de un día para otro. Fue el resultado de una acumulación de tensiones, soberbia política y desconexión con la realidad cotidiana. Por eso la comparación aparece hoy en boca de muchos dirigentes, docentes y analistas: no porque la Argentina actual sea igual a la de 1969, sino porque los climas sociales empiezan a parecerse cuando el poder decide no escuchar.
Milei todavía está a tiempo de leer correctamente el mensaje que dejaron las calles. Las universidades públicas no son solamente edificios o partidas presupuestarias. Son una parte central de la identidad argentina y uno de los pocos espacios que históricamente permitieron movilidad social ascendente.
Gobernar no es únicamente ajustar números. También implica interpretar estados de ánimo. Y la marcha federal universitaria dejó uno muy claro: hay sectores cada vez más amplios de la sociedad que sienten que el ajuste está empezando a tocar algo mucho más sensible que la economía.
(*) Las notas del Comité Editorial reflejan la opinión de los accionistas de Tribuna de Periodistas
Comité Editorial de Tribuna de Periodistas (*)
Fuente: https://periodicotribuna.com.ar/javier-milei-deberia-escuchar-el-mensaje-de-la-marcha-federal-universitaria-asi-empezo-el-cordobazo-en-1969/

