El Comité de la Provincia de Buenos Aires ha tomado en consideración la nota del señor Presidente, adjuntando copia de las resoluciones de la Convención Nacional y de ese Comité, referentes a la política sancionada de coalición de nuestros Partidos con otras agrupaciones, y pasa a exponer los fundamentos en cuya virtud no le es dable adherirse a esa política.
Sin duda alguna, es éste uno de los momentos más solemnes y más graves de la vida de nuestro partido, puesto que se ha resuelto modificar la ley fundamental de su existencia.
Al abordar tan trascendental cuestión, nuestra palabra es hoy como el primer día, expresión de convicciones profundas, inspiradas por la razón y arraigadas por la experiencia larga y dolorosa de nuestra accidentada vida política, en la que hemos actuado perseverantemente, impulsados por el anhelo de contribuir, en la medida de nuestras fuerzas, a la regeneración institucional y al engrandecimiento de la Republica.
El Partido Radical en Bs.As ha demostrado en todas las circunstancias su firme propósito de realizar tan elevados ideales por la revolución, cuando todos los caminos legales estaban cerrados; en los comicios, bajo la intervención, primero, y bajo el régimen imperante hasta el presente.
En diversas oportunidades ha hecho la historia de esos esfuerzos en documentos que han alcanzado viva repercusión en el país, porque eran demostración evidente de que su acción no ha tenido un día de calma ni una hora de duda, afrontando con energía y altivez todas las situaciones.
En consecuencia, creemos tener el deber y el derecho de asumir en este caso la actitud definida que es propia de nuestras convicciones y sentimientos.
No son por cierto razones accidentales o de estrecha intransigencias las que nos inducen; es notorio de que jamás hemos procedido así, y todos nuestros correligionarios saben que aún en la acción armada, hemos cuidado de la vida de los mas modestos servidores del gobierno que derribáramos; y que en medio de las mas punibles irregularidades políticas, nunca hemos descendido a la lucha personal.
Nosotros no apoyamos ningún tipo de tranza. El poder, a pesar de ser uno de los medios más eficaces para hacer práctico un programa, no es el fin al que pueda aspirar un partido de principios, ni el único resorte que pueda manejar para influir directamente en los destinos del país. El Partido Radical es prueba elocuente de esta afirmación, el despertamiento del espíritu público y los procedimientos democráticos aplicados en su seno, no sólo seguir imperturbable el camino que recorriera con honor, en horas más difíciles y a costa de mayores sacrificios.
Encarrilar dos partidos que han revelado distintas tendencias y que manifiestan tener propósitos distintos, es no sólo una transgresión a su fe política, sino también neutralizar las fuerzas que rechazan, acercar elementos para producir entre ellos la anarquía, inutilizar la capacidad política de cada uno y esterilizar sus iniciativas extraviando el criterio público.
Sólo los partidos no tienen más objetivo que el éxito aplauden a benefactores que los acercan al poder a costa de sus propios ideales.
Cuando se abriga fe en la causa por la que se ha combatido se salva, ante todo, la pureza del principio, en la convicción de que horas propicias le darán la victoria; porque los pueblos que llevan en su seno un porvenir grandioso avanzan siempre en las conquistas de sus verdaderos anhelos.
Pretender reunir la oposición arriando la bandera con que surgiera el Partido Radical, significaría mancillar nuestro credo, produciendo el desgarramiento en su seno, y, descalificado para siempre ante la opinión, perderá la fe que en el se depositara.
La Republica habrá nuevamente caído en el mayor desconcierto y la opinión, sujeta al vaivén de los sucesos no encontrara una institución política donde pueda concurrir en busca de la reacción definitiva.
No podemos ejecutar una política que consideramos tan contraria a la integridad de nuestro Partido como a la nuestra propia. No nos hemos congregado a ese fin, ni ha sido esa nuestra misión, ni son esas las declaraciones hechas y los compromisos contraídos. Cuando iniciamos la organización del Partido, al llamar a los ciudadanos a alistarse para la lucha muchos nos encontramos bajo la impresión del desencanto que había producido el acuerdo de 1891. Y por reiteradas ocasiones debimos afirmar que, bajo nuestra dirección, en ningún caso experimentarían un nuevo desencanto. Esa es precisamente la razón determinante del art. 1, inciso 26, de nuestra Carta Orgánica que dice:
‘Exclusión de todo acuerdo o transacción que pueda impedir en el presente o en el futuro la Integra aplicación de los principios que forman el programa de este Partido’.
Durante años hemos luchado bajo este concepto, acatando los mandatos de la autoridad nacional del Partido; por ellos fuimos a la Revolución y por ellos nos desarmamos, así como también por ellos hemos asistido a una larga tarea electoral sin tregua, que ya había tornado caracteres depresivos; pero en este caso no podemos cumplir dichos mandatos, porque para nosotros es cuestión de conciencia y por lo tanto desde este momento queda depuesto nuestro cargo.
Al terminar no debemos omitir el sentimiento que nos han causado los actos producidos en el seno del Partido. En raras ocasiones se han presentado tan alterados los adversarios, como los correligionarios que olvidan quizá que la sana razón hace camino al amparo de tranquila reflexión, y que solo el error busca éxito en la brusca precipitación.
Firmantes:
H. Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, José de Apellániz, Tomás A. Le Breton, Ángel Gallardo, Eufemio Uballes, Ángel T. de Alvear y otros”.
Gentileza del Dr. Roberto Azaretto para Notiar.
Fuente: https://www.facebook.com/100063787681310/posts/1689533289849578/?rdid=NJhRVIsPy8YOfQ5a&checkpoint_src=any#


