Martes, 18 Febrero 2020 21:00

La confianza ó el activo dañado - Por Omar López Mato

Escrito por

 

En los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre la reestructuración de la deuda hecha “a la uruguaya”. Para entender mejor el proceso vale la pena citar algunas reflexiones del Dr. Ricardo Pascale, uno de los artífices de la reestructuración de los compromisos con el FMI realizados por el país vecino.

 

El activo más importante de una estructura económica es la confianza, un activo que es crucial para los procesos de producción, consumo, inversión. Un activo que no aparece en las cuentas nacionales ni suele aparecer en los modelos económicos corrientes.

Este activo intangible es un tipo especial de “emoción compleja”. A diferencia de las emociones primarias, que son universales (el miedo, la huida, o la agresión), estas son subjetivas y están sujetas a un proceso cognitivo más complicado, que implica experiencias previas, educación y hasta formación religiosa.

La confianza es esencial en todas las transacciones y sin embargo los economistas rara vez discuten el tema. Suele ser considerada como un elemento del contexto, que está presente en todo momento, una suerte de facilitador de la participación voluntaria en producción e intercambio. En los modelos standards de una economía de mercado, la confianza es tomada como un supuesto dado, que está siempre presente. Y puede que así sea, pero raramente es el 0% ó el 100%. La adhesión a un proyecto oscila entre ambos extremos.

El verdadero significado de confianza va más allá de lo racional, porque una persona que realmente confía descarta o descuenta cierta información. Todos hacemos abstracciones, síntesis, inducciones o nos guiamos por nuestra intuición para confiar en alguien ó en un plan. Es muy difícil estar libres de prejuicios.

La literatura teórica y empírica de la construcción de la confianza es muy rica ya que es estudiada por la psicología, en especial la psicología social, por la economía, por la ciencia política, por la administración, por la sociología, por la medicina y en neurociencias. Como médico, sé por experiencia, que la confianza en el profesional o en el medio que se desenvuelve tiene importancia en los resultados terapéuticos, y esa confianza se basa en datos que no siempre son objetivables. Recuerdo a un paciente que una vez me confesó que seguía atendiéndose conmigo porque le gustaban mis corbatas…

La confianza es un estado psicológico, que conforme a Rousseau et al. (1998):

[…] está compuesto por las experiencias psicológicas de individuos, grupos, firmas. Esta conceptualización está presente en todas las definiciones de confianza por parte de los académicos de las distintas disciplinas y que esta definición (de estado psicológico) aplica a los distintos niveles de análisis de confianza, así como en las distintas fases de su desarrollo.

Gambetta (2000), distinguido académico de la sociología, entiende la confianza como “la expectativa de que otra persona (o institución) actuará en términos beneficiosos o al menos no dañosos para nosotros, más allá de nuestra capacidad de monitorear esas acciones”.

Otros autores, como Atkinson y Butcher (2003), definen a la confianza como: «la disposición que uno adopta para ser vulnerable a las acciones del otro, basado en la expectativa de que el otro actuara en la forma esperada por el que confía, sin necesidad de controlarlo o monitorearlo».

La confianza plantea la existencia de distintas fases, siendo tres las principales: la construcción (cuando se está formando, que implica antecedentes de las partes partícipes); la estabilización (cuando la preocupación se centra en mantener esa confianza que ya se ha obtenido) y la restauración (esto es cuando hay una pérdida de dicha confianza y se intenta restaurarla). En cada una de estas fases el foco de interés cambia en términos de los flujos y reflujos de relaciones para el desarrollo de la confianza.

En general, las definiciones de confianza ubican en su centro la idea de vulnerabilidad a las acciones de otro.

La confianza, señala Luhman (1979), requiere de un actor que ingresa en una posición de complejidad e incertidumbre y, por lo tanto, se torna vulnerable al comportamiento de otro actor, que es en quien se confía.

Rosseau et al. (1998) investigando sobre las coincidencias en cuanto al concepto de confianza encuentran una definición ampliamente aceptada es: «Confianza es un estado psicológico que comprende la intención de aceptar ser vulnerable, basado en las expectativas positivas de las intenciones o comportamiento del otro.»

Incertidumbre

La confianza va asociada a situaciones de riesgo. Cuando uno deposita confianza en otro está asumiendo riesgos.

La distinción entre riesgo e incertidumbre fue efectuada por el distinguido economista Frank Knight (1921), cuando aclara el punto dejando las situaciones de riesgo para aquellas que, siendo aleatorias, tienen una probabilidad conocida (la probabilidad de que salga el numero dos cuando lanza un dado, por ejemplo), en tanto que la incertidumbre se da en las situaciones aleatorias que no tienen una probabilidad conocida (por ejemplo, el estado del tiempo). Es claro, entonces, que la confianza toma importancia en los contextos inciertos.

Pero ¿cuál es uno de los principales objetivos que persigue la confianza? Tal como lo expresara Luhman, su función es transformar la incertidumbre objetiva en certidumbre subjetiva. Por lo tanto, el objetivo de la confianza es reducir la percepción del riesgo y la incertidumbre.

Este complejo proceso es lo que suele denominarse «paradoja riesgo– confianza», por la cual para desarrollar confianza se deben asumir comportamientos riesgosos con el fin de reducir la percepción del riesgo y la incertidumbre (Pascale y Pascale, 2010).

La influencia de las ideas de Knight serían muy importantes para el desarrollo de aproximaciones psicológicas para la toma de decisiones, tal es el caso de Simon (1955 y 1956) quien acuñaría el concepto de racionalidad acotada (bounded rationality) asestando un golpe contundente a las ideas predominantes de la racionalidad perfecta de los individuos en la toma de decisiones. Kahneman y Tversky (1979, 1992) en su Prospect Theory, reafirman y amplían la idea de utilidad esperada, incorporando aspectos cognitivos de los individuos y su aversión al riesgo.

El campo de las neurociencias ha estudiado como se crean vínculos entre los individuos, sea en el amor (después de todo el matrimonio es una sociedad conyugal) o en el intercambio comercial. Y en ambas aparece la ocitocina, una hormona que asiste en el trabajo de parto, pero se ha demostrado que también participa en la creación de vínculos estables, sean afectivos, societarios ó económicos. Es una de las causas íntimas que no empujan a “simpatizar” o no con el interlocutor.

Las instituciones juegan un papel principal para la construcción de la confianza, como puede ser el caso de la justicia, el gobierno, el Parlamento así como el funcionamiento de los mercados.

La confianza como capital social

Es importante expresar que, al considerar a la confianza desde una perspectiva social amplia, se ha desarrollado la idea de capital social.

Bok (1989) señalaba que: «la confianza es un bien social y cuando ella es destruida, las sociedades comienzan a tambalear y terminan colapsando».

Este capital social es: «el conjunto de conexiones sociales y el cumplimiento de normas, y la confianza es uno de los elementos de la vida social que permite a los participantes actuar juntos para alcanzar los objetivos compartidos».

Coleman, por su parte, advierte que: «como otras formas de capital, incluyendo el capital humano, el capital social no es completamente fungible, y en cambio puede ser específico para ciertas actividades».

La confianza como causa: su importancia en la economía

Para Zak y Knack (2001) la confianza es una causa significativa para explicar el crecimiento económico. Su existencia opera favorablemente en los costos de transacción y en la inversión. Cuando la confianza es baja, los países sufren al no invertir lo suficiente para crecer económicamente y terminan en lo que ellos llaman: «trampa de la pobreza por falta de confianza». ¿Acaso no es este el caso argentino?

En los países desarrollados, los autores encuentran que cada 15% que se incremente el número de personas que tiene confianza en su país, el PBI crece 1%.

      

Determinantes de la confianza

Para Peters, Covello y McCallum (1997), las variables explicativas de la confianza son: conocimiento y capacidad, apertura y honestidad, y preocupación y cuidado. Siguiendo la misma metodología de los anteriores autores, Maeda y Miyahara (2003) encuentran como variables explicativas las mismas tres que Peters et al. pero encuentran dos adicionales. Estas son: capacidad de consenso y preocupación por el riesgo y la incertidumbre.

La relación entre identidad social (grupo de pertenencia) y confianza está en que la identidad social reduce la incertidumbre y se construye en base a la confianza dentro del grupo. Esta identidad social no solo reduce el riesgo en el relacionamiento interpersonal, sino que también identificarnos con un grupo significa compartir ciertos valores con sus miembros (Pascale y Pascale, 2010).

La confianza en los gobiernos también descansa en buena medida en los valores enumerados ut supra. Suele establecerse que las relaciones personales, son mucho más ricas que las que tiene el público con los gobiernos debido al contacto más directo y recíproco entre los actores.

Hoy día, los medios muestran una imagen del político que poco puede tener que ver con su verdadera esencia. El conocimiento mediático de un individuo implica una buena dosis de prejuicio por la manipulación.

Galston, en 2012, señaló que la confianza a un gobierno depende grandemente de la salud de la economía y del estado de ánimo de la gente.

Otros factores habitualmente señalados para ser contrastados empíricamente como determinantes de la confianza en los gobiernos son el uso de tecnología electrónica para aumentar la transparencia (Tolber et al. 2006), el incremento de la participación ciudadana (King et al. 1998), la percepción de eventos inciertos (Siegrist, Cvetkovich y Roth, 2000), así como el papel de las comunicaciones que involucran los riesgos y la incertidumbre proveniente de otros gobiernos.

La dinámica de la confianza pública en los funcionarios gubernamentales y las instituciones suelen tener complejidades y, frecuentemente, es probable que la confianza sea tanto una causa como consecuencia. Y entre ellos está la figura del líder.

 

Liderazgo y confianza  

Una definición habitualmente sobre el concepto de liderazgo es: un proceso a través del cual un individuo influencia a un grupo de individuos a lograr un objetivo común (Northouse, 2007).

La literatura le atribuye al líder condiciones para generar confianza. Como ser, el conocimiento y las destrezas. Sin embargo, los estudios demuestran que hay otros factores del liderazgo que son atributos propios del individuo, como el carácter, creencias, valores y ética. Estos últimos, que no derivan de un proceso, son los que hacen de un líder el poseedor de ciertas características que lo convierten en un individuo especial.

La capacidad de liderazgo, en particular la transformacional, es en la que el líder motiva a su equipo para ser efectivo y eficiente, y es de particular relevancia a la hora de conducir países u organizaciones. Son líderes que cambian la base motivacional de sus seguidores desde el autointerés al compromiso general.

Y ¿qué nos pasa a los argentinos?

¿Cómo podemos construir confianza en nosotros mismos? ¿cómo podemos remontar 9 defaults y años de disminución del PBI?

¿Cómo podemos confiar en personajes que han incurrido en notables contradicciones? ¿acaso la hipocresía ayuda en la construcción de dicha confianza? Estamos a las puertas de un nuevo default (mejor dicho, ya estamos en default), un sinónimo de desengaño, una frustración y una falta de cumplimiento de la palabra dada en la que ya caímos 9 veces… ¿Estamos conscientes que el mundo nos mirará como parias?

¿Es bueno que los negociadores sean individuos que han faltado a su palabra en el pasado ó que, algunos hayan sido señalados por manejos deshonestos?

El problema entre deudor y acreedor está no solo en el volumen de la deuda, sino en la capacidad de generar los medios para que el deudor pueda abonar dicha deuda. Si debo 1$ pero gano 4$, la posibilidad de honrar la palabra es menor que si puedo ganar 100$ ó 200$...

La crisis de confianza no es solo con el acreedor sino también y esencialmente con la capacidad de los productores argentinos si es que estos descreen de la propia capacidad y del medio en el que les toca trabajar. Confianza viene del latín “confidentia”, que significa “con toda fe” …

¿inspiramos esa fe en los acreedores? Y, más importante para los argentinos ¿sentimos esa fe en nosotros mismos para superar este nuevo escollo?

Omar López Mato
Médico y escritor 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
www.facebook.com/olmoediciones

Gentileza de www.olmoediciones.com para 

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…