Internacionales

 

Los dos grandes diarios norteamericanos denuncian que el Alto Representante de la UE aceptó censurar un informe.

Nuevas componendas de Josep Borrell con un régimen autoritario a cuenta de la propaganda y la desinformación ensombrecen su gestión como Alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

Los dos principales diarios de Estados Unidos, The New York Times y The Washington Post, han denunciado que desde Bruselas Borrell se ha doblegado ante las presiones del gobierno de China para corregir un informe oficial de la Unión Europea y eliminar las acusaciones que había en él de que Pekín tiene en pie «una campaña de desinformación global».

El editorial principal que ayer publicó el Post, diario de referencia en la capital norteamericana, es demoledor para Borrell. «La UE no debería doblegarse a los esfuerzos de Pekín para silenciar las críticas sobre su respuesta al inicio del contagio», decían los editorialistas, que referían a una reciente investigación del Times.

Ese diario neoyorquino reveló la semana pasada que el equipo de Borrell «suavizó» un informe después de las airadas quejas del régimen comunista chino. Al Post, el equipo de Borrell le dio la respuesta de que siempre quiso hacer dos informes, uno más neutral para su difusión externa y otro «más duro, para su consumo interno».

No le son ajenas a Borrell las polémicas en torno a la desinformación. Después de que el gobierno de Mariano Rajoy denunciara las injerencias de Rusia en la crisis de la malograda independencia catalana en 2017, Borrell, después de ascender al cargo de ministro de Exteriores tras la moción de censura, invitó al ministro de Exteriores ruso, Sergéi Lavrov, a Madrid.

En una reunión, el ministro español aceptó crear un observatorio conjunto sobre noticias falsas precisamente con el Kremlin, a quien la inteligencia de EE.UU. y de Europa acusa de ser uno de los mayores creadores de noticias falsas del mundo. Aquella peregrina idea no llegó a ningún lado, y hasta la fecha no existe ningún observatorio de ese tipo.

La Casa Blanca ha presionado a sus aliados en Europa para que se le sumen de una vez y pidan explicaciones de verdad a China sobre las medidas que tomó el año pasado para contener los contagios y detener una pandemia que ya ha matado a casi 240.000 personas en todo el mundo. De momento, solo Francia y Reino Unido se han unido de forma particular a EE.UU., cuyo presidente, Donald Trump, estudia presentar demandas millonarias contra Pekín e incluso suspender el pago de deuda.

El régimen comunista, por su parte, trata de responder con una agresiva campaña de noticias falsas que difunde por medio de sus webs propagandísticas, acusando sin pruebas a EE.UU. de haber facilitado la expansión de los contagios. Los diplomáticos chinos, además, ejercen presión ante las cancillerías de los países europeos para que estos se abstengan de apuntar a Pekín directamente con el dedo. Paralelamente, el gobierno chino ha endurecido la censura de las redes sociales y ha expulsado a periodistas del Post, el Times y el Wall Street Journal de su país.

Según decía ayer el editorial del Post, la respuesta ante «esa creciente beligerancia de China no pueden ser el apaciguamiento y la censura», en una clara referencia a la decisión del equipo de Borrell de suavizar el informe sobre las noticias falsas del coronavirus de cuya existencia informó el Times.

David Alandete

 

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, llamó "Judas" a su ex ministro de Justicia y ex juez Sérgio Moro, quien declara ante la Policía Federal para explicar las acusaciones de obstrucción de investigaciones que le realizó públicamente al jefe del Estado.

El presidente afirmó que no permitirá que "nadie pase por arriba de la Constitución", al preguntarse si Moro, que renunció como ministro de Justicia el 24 de abril, interfirió para que no se esclarezca el atentado que Bolsonaro sufrió durante la campaña de 2018, en el cual recibió un cuchillazo en el estómago.

La declaración de Bolsonaro en las redes sociales se dio en el marco de una campaña -con algunas manifestaciones en Brasilia y San Pablo- que lanzaron sus seguidores para denunciar un "golpe de Estado" del Supremo Tribunal Federal (STF), por haber abierto una investigación contra el presidente por los dichos de Moro.

El STF, máxima instancia judicial de Brasil, impidió a Bolsonaro nombrar a un jefe de la Policía Federal nuevo por tratarse de un comisario amigo.

En ese marco, Moro fue citado este sábado a declarar ante la Policía Federal sobre las acusaciones contra el presidente, al que acusó de cambiar la cúpula de esa fuerza para poder acceder a informaciones secretas de investigaciones pedidas por el Poder Judicial.

Bolsonaro hoy volvió a agitar el fantasma de que Moro ocultó informaciones sobre la investigación del atentado en su contra.

"¿Los que ordenaron el atentado están en Brasilia? Judas, que hoy declara, interfirió para que no se investigara? No haré nada que no esté de acuerdo con la Constitución. Pero tampoco admitiré que haga algo en mi contra y en contra de Brasil pasando por arriba de la Constitución", afirmó Bolsonaro.


 

Como destapó este diario, una aerolínea sancionada por terrorismo efectúa vuelos de Teherán al país caribeño.

El secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, ha denunciado este miércoles «las conexiones entre el régimen de Nicolás Maduro y la República Islámica de Irán», tras la revelación reciente de ABC de la reanudación de una serie de vuelos entre Teherán y Venezuela que opera una aerolínea sancionada por actividades relacionadas con el terrorismo.

Según ha dicho Pompeo, «en las pasadas semanas, múltiples vuelos de la aerolínea Mahan han transportado una cantidad desconocida de material al régimen de Maduro». Según publicó ABC el domingo, en total se planean 16 vuelos de esa línea reanudada la semana pasada, que opera entre Teherán y Las Piedras, una localidad venezolana cercana a un gran complejo refinador de petróleo.

«Son tal para cual», ha dicho Pompeo, en referencia al régimen de Maduro y el de los ayatolás en Irán. «Esta es la misma aerolínea que Irán empleó para transportar milicianos y armas en Oriente Próximo», añadió el jefe diplomático de EE.UU.

De hecho, la empresa Mahan fue sancionada en 2011 por el Tesoro de EE.UU. por ser un brazo logístico de la Fuerza Quds, unidad de la Guardia Revolucionaria Islámica especializada en operaciones de injerencia internacional.

ABC reveló que el jueves, en uno de los vuelos de Mahan Air, llegó a Venezuela Mohsen Baharnavand, director de la cartera para América Latina del ministerio de Exteriores iraní, acompañado de 243 personas y abundante material. La comitiva fue escoltada por agentes del servicio de inteligencia civil, el Sebin, y militar, el Dgcim.

Esos iraníes se disponen a tomar el control del sector de hidrocarburos de Venezuela, que está completamente colapsado por las sanciones de EE.UU. El régimen necesita desesperadamente gasolina para el transporte, y gasóleo para los generadores de hospitales, negocios y domicilios. Además, su inventario de petróleo crudo está completamente saturado.

Llamamiento a los aliados

El secretario Pompeo pidió este miércoles a sus aliados, incluida España, que «pongan de su parte para denegar a Mahan que sobrevuele su espacio aéreo o posibilidad de aterrizaje, ya que la aerolínea está sancionada». De hecho, hace menos de tres semanas, el gobierno de España anuló la ruta que hacía Mahan entre Barcelona y Teherán.

Cedía así el Ejecutivo de Pedro Sánchez a las presiones de EE.UU., pero lo hacía tarde, ya que España era ya el último destino de esa aerolínea estatal iraní en la Unión Europea. De hecho, Mahan siguió operando esa ruta incluso después de que se declarara la pandemia de coronavirus, y cuando Irán se había convertido a su vez en uno de los grandes focos de contagio.

David Alandete

 

Las pruebas de anticuerpos rechazadas por la India se suman a los tres contratos que Sanidad suscribió con el proveedor de las mascarillas defectuosas.

El Gobierno ha firmado, desde que estalló la crisis del coronavirus, al menos cinco contratos por valor de 171 millones de euros de material sanitario cuya solvencia está en duda. No obstante, uno de estos acuerdos, el de los test fallidos, fue finalmente rescindido, lo que deja la factura de compras dudosas en alrededor de 154 millones de euros.

En primer lugar estalló el escándalo de los test de detección frustrada. En los compases iniciales de la pandemia, cuando el virus golpeaba más fuerte, saltó la noticia de que los exámenes efectuados por el Ministerio de Sanidad sobre estos test ponían en duda su sensibilidad para detectar el coronavirus.

Eran de la marca Shenzen Bioeasy Biotechonology y fueron adquiridos por Sanidad a través del proveedor Interpharma. El acuerdo firmado tenía un valor de 17 millones de euros y el Ministerio, después de comprobar que no eran efectivos, lo rompió.

Tres contratos, 116 millones

Después surgió un segundo escándalo con material defectuoso. Se trató de las mascarillas de la marca Garry Galaxy, que el Gobierno compró y distribuyó entre las distintas Comunidades Autónomas para proteger a los profesionales sanitarios, uno de los colectivos más afectados por los contagios. Sanidad, después de que Aragón y Cataluña le advirtieran de sus sospechas sobre algunas mascarillas de esta firma, analizó varias muestras.

Las Garry Galaxy se compraron como mascarillas de protección nivel FFP2, pero los análisis demostraron que varios lotes no cumplían con los parámetros mínimos exigidos. El Ministerio, entonces, ordenó la retirada inmediata de las mascarillas de dicha firma que venían envueltas en un sobre verde.

Andalucía, Murcia o Galicia fueron las Autonomías que antes actuaron y procedieron, en consecuencia, a aislar o practicar seguimiento al personal sanitario que hubiera usado las mascarillas de los lotes defectuosos.

Sanidad no ha aclarado cuál es el número total de mascarillas defectuosas, pero sí se ha podido saber, como adelantó este diario, que el Ministerio firmó hasta tres contratos por valor de 116 millones de euros con Hangzhou Ruining Trading, el proveedor de las Garry Galaxy defectuosas. Un contrato era por dichas mascarillas y, los otros dos, por trajes de protección para los sanitarios.

Los test que la India rechaza

El pago del pedido en el que estaban incluidas las Garry Galaxy se realizó por adelantado, práctica habitual entre los proveedores chinos. Lo mismo ocurrió con los cinco millones de test de anticuerpos que Sanidad compró por 38 millones de euros y que, posteriormente, la India ha rechazado tras comprar otra remesa y considerarlos poco precisos.

Se trata de la prueba denominada «Sars-Cov 2 Antibody Test (Lateral Flow Method)» del laboratorio Guangzhou Wondfo Biotech. España compró, como adelantó ABC, 5.030.000 test de este tipo, pero el Consejo de Investigación Médica de la India (ICMR en sus siglas en inglés) sembró las dudas sobre su eficacia después de ordenar a los profesionales del país que dejaran de usarlos y que se los remitieran para devolvérselos al fabricante.

«Los resultados han mostrado una amplia variación en su sensibilidad, a pesar de la promesa de un buen rendimiento para fines de vigilancia. Por ello, se aconseja a los estados que dejen de usarlos», suscribió la autoridad sanitaria de la India. Mientras tanto, estos test siguen utilizándose, pese a las críticas de los profesionales, en regiones españolas como Navarra.

Enrique Delgado Sanz

 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió hoy que unas 1.500 millones de personas, casi la mitad de la fuerza laboral formal en el planeta, podrían perder sus trabajos debido a la crisis sanitaria y económica provocada por la pandemia de coronavirus.


La OIT elevó sus proyecciones de pérdida de puestos de trabajo hasta el equivalente a 305 millones de empleos solo en el segundo trimestre de 2020.

Además, el tercer informe del organismo, que reúne a gobiernos, empresas y sindicatos, calculó que unos 232 millones de empresas de comercio mayorista y minorista, 111 millones del sector turístico, 51 millones de la rama hotelera y 42 millones de otros sectores, como el inmobiliario, están en serio peligro de cierre.

"Millones de empresas en el mundo están al borde del colapso, carecen de ahorros y de acceso al crédito. Éstos son los verdaderos rostros del mundo del trabajo y, si no se los ayuda ahora, sencillamente perecerán", alertó en un comunicado el director general de la OIT, Guy Ryder.

En paralelo a esta demoledora advertencia, el gobierno alemán anunció una previsión de caída del Producto Bruto Interno (PBI) de 6,3%, que significará la mayor recesión de su historia.

Sin embargo, las autoridades alemanas estimaron un "efecto rebote" en 2021 con una reactivación del orden del 5,2%, según la agencia EFE.

"Las consecuencias de la pandemia del coronavirus llevan a nuestra economía, tras diez años de crecimiento, hacia la recesión", explicó el ministro de Economía, Peter Altmaier, y agregó que para contrarrestar sus efectos se dispone de un "paraguas sin precedentes de más de un billón de euros".

En similares términos, el Departamento de Comercio de Estados Unidos anunció hoy que la economía del país se contrajo a un ritmo anual de 4,8% en el primer trimestre de 2020 por el impacto negativo de la pandemia.

La cifra resultó ser más negativa que la que preveían los analistas, quienes habían pronosticado que sería de 4,1%.

Para el segundo trimestre de 2020 se espera un descenso aún mayor ya que el gasto de los consumidores, que representa casi dos tercios de la actividad de la economía estadounidense, se redujo 7,6%, lo que representa el mayor descenso desde 1980.

Estados Unidos, en una recesión que anticipa alcanzar niveles no observados desde la Depresión de 1930, registra ya un millón de contagios de coronavirus, casi 60.000 muertos, y más de 26 millones nuevos desempleados.

Por otra parte, y respecto de otro sector poblacional vastamente golpeado por la pandemia, la Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, señaló hoy como "una fuente de preocupación" la situación de los migrantes en América Latina.

"Algunos de los vulnerables a la hora de afrontar esta crisis son aquellos que ya estaban en riesgo. La protección de los migrantes en Latinoamérica, por ejemplo, es una fuente de preocupación, con reportes de deportaciones, cierres de fronteras y restricciones legislativas", dijo Bachelet en un coloquio virtual organizado por el centro de pensamiento estadounidense Inter-American Dialogue.

La ex presidenta de Chile puso como ejemplo Guatemala, a donde miles de migrantes son retornados desde Estados Unidos sin medidas de protección ni controles sanitarios, a pesar de que algunos habían dado positivo por coronavirus antes de su vuelta, según afirmó.

También lamentó que en México ha crecido la estigmatización hacia los retornados, hasta el punto de que algunas comunidades han construido barricadas para evitar su paso.

"La pandemia está generando una ola de estigma y discriminación en todo el mundo contra ciertos grupos nacionales y étnicos, los sospechosos de tener la Covid-19 y también los trabajadores sanitarios", lamentó.

Bachelet señaló que la crisis representa también un gran riesgo para las mujeres y las niñas, no debido a una vulnerabilidad inherente, sino a la discriminación y desigualad ya existentes en las sociedades.

En este sentido, lamentó que desde que se empezaron a aplicar las medidas de confinamiento en América Latina, se ha reportado un aumento generalizado de casos de violencia de género, aunque en algunos países, como Perú, los servicios de asistencia a las mujeres afectadas fueron modificados.

Además, apuntó que en la región latinoamericana esta situación de mayor riesgo para las mujeres es especialmente evidente entre las que trabajan en el sector informal, trabajadoras domésticas, indígenas, discapacitadas, inmigrantes, infectadas de HIV y aquellas de distinta orientación sexual e identificación de género.

Según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, el total de infectados en el planeta ya es de 3.143.555, mientras las muertes alcanzan las 218.727.

En tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que suele distribuir cifras algo menores debido al retraso en la recolección de datos de parte de los distintos gobiernos, presentaba hoy 2.995.758 casos confirmados, con 204.987 fallecidos.

El Comité de Emergencia de la OMS para la pandemia se reunirá mañana jueves para analizar la evolución de la situación y estudiar una posible actualización de las recomendaciones sanitarias.

El comité, formado por epidemiólogos y otros expertos, se reúne cuando se cumplen tres meses desde que ese mismo órgano declarara la emergencia internacional por el avance de la coronavirus, el 31 de enero.


 

Maduro también designa como presidente de la empresa estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y de su junta directiva a Asdrúbal Chávez, primo del fallecido Hugo Chávez.

Nicolás Maduro, nombró como ministro del Petróleo a su vicepresidente económico, Tareck El Aissami, acusado por EE.UU de narcotráfico y por cuya captura ofrece 10 millones de dólares.

La inesperada decisión de Maduro se hizo pública a través de la Gaceta Oficial de Venezuela publicada este lunes y encomienda a El Aissami la reestructuración y reorganización del Ministerio del Petróleo para «adoptar las medidas necesarias para garantizar la seguridad energética» del país y «proteger la industria ante la agresión multiforme externa e interna».

El Gobierno de EE.UU. impuso en 2017 sanciones a El Aissami, al que acusó de «desempeñar un papel significativo en el tráfico internacional de narcóticos» y fue incluido el pasado 26 de marzo en la lista de los 15 dirigentes venezolanos, incluido Maduro, a los que EE.UU acusa de narcotráfico, lavado de dinero y terrorismo.

Nuevo Vicepresidente de PDVSA

En la gaceta y junto al nombramiento de El Aissami, Maduro también designa como presidente de la empresa estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y de su junta directiva a Asdrúbal Chávez, primo del fallecido presidente Hugo Chávez y que ya fue responsable de Citgo, filial de la compañía en EE.UU. También fue ministro del Petróleo entre 2014 y 2016.

Hasta este lunes el responsable tanto del Ministerio como de la Presidencia de PDVSA era el mayor general Manuel Quevedo.

Finalmente, Maduro eliminó el Viceministerio de Refinación y Petroquímica, cuyas competencias quedaron transferidas a otras carteras.

Una renovación en marcha desde marzo

En marzo pasado, ya se había renovado la cúpula de la petrolera, que había sido declarada en emergencia a mediados de febrero pasado, al renovar a cuatro vicepresidentes, si bien entonces mantuvo a Quevedo como su presidente.

En aquella ocasión, se renovaron los vicepresidentes de Exploración y Producción, de Refinación, de Comercio y Suministro, así como de finanzas.

Asimismo, Germán Márquez Gil fue nombrado como presidente encargado de la Corporación Venezolana de Petróleo (CVP), una de las filiales de Pdvsa.

PDVSA, en emergencia

Los cambios en la cúpula de la estatal petrolera se produjeron después de que el pasado 19 de febrero Maduro declarase la emergencia de Pdvsa y designara al vicepresidente económico, Tarek el Aissami, al frente de una comisión para reestructurar la industria.

La comisión, indicó Maduro, también estará integrada por el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y su número dos, Remigio Ceballos, para que sumen «todo el poder» de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y «además garantizar la seguridad de todas las instalaciones con un plan nuevo».

La industria petrolera, principal fuente de divisas para la economía venezolana, está en el medio de la disputa política entre el chavismo gobernante y la oposición.

Oposición y gobierno se disputan la industria

Citgo está desde el año pasado bajo control de una junta directiva «ad hoc» designada por la Asamblea Nacional (AN, Parlamento) y que responde al líder opositor, Juan Guaidó.

Todo ello tras las sanciones ordenadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Sin embargo, la Administración de Maduro ha denunciado la legalidad de esta medida que, esgrime, busca apropiarse de los activos del país caribeño.


 

En el momento en el que recibía esos datos, el presidente minimizaba el alcance de la Covid-19.

Cuando, a principios de año, el coronavirus comenzó a expandirse de forma descontrolada por China, Donald Trump estaba en su residencia de Florida, durante un receso de dos semanas por las festividades de Navidad y Año Nuevo.

En los informes de inteligencia que el presidente recibe cada dos o tres días, las agencias ya le informaban entonces de que la crisis sanitaria era mucho mayor de lo que Pekín admitía y de que había un alto riesgo de contagio masivo internacional. Pero la mente del presidente estaba en otro lado.

Trump se enfrentaba entonces al «impeachment», el juicio político del que fue exonerado de forma definitiva en el Senado el 5 de febrero de 2020. De hecho el presidente estuvo ausente de la primera rueda de prensa en la Casa Blanca sobre la crisis, mantenida el 31 de enero, en la que el secretario de Sanidad, Alex Azar, dijo que el riesgo para los estadounidenses era «más bien bajo». El mismo día, la presidencia anunció un veto de entrada a EE.UU. de ciudadanos extranjeros que hubieran estado en China antes.

China mentía

Una de las primeras ocasiones en que Trump se refirió al coronavirus en público fue en su discurso del Estado de la Unión, el 4 de febrero, cuando dijo, de forma más bien lacónica: «Proteger la salud de los estadounidenses también significa combatir las enfermedades infecciosas.

Estamos coordinándonos con el gobierno chino y trabajando con él en estrecha colaboración frente al brote de coronavirus en China. Mi administración tomará todas las medidas necesarias para proteger a nuestros ciudadanos de esta amenaza».

Entonces Trump ya sabía, porque así constaba en sus informes de inteligencia, que China en realidad estaba ocultando información. El régimen comunista chino, según las agencias norteamericanas, había mentido sobre el origen, la cantidad de infectados, la velocidad del contagio y, sobre todo, el número de muertos.

El presidente estadounidense, sin embargo, siguió defendiendo la «formidable» labor del presidente chino, Xi Jinping, con quien tiene una buena relación personal.

Acusaciones de ignorar información

Según publica este martes el diario The Washington Post, citando fuentes anónimas en la Casa Blanca, Trump no hizo caso a muchos de esos informes, que «ignora de forma rutinaria». La presidencia de EE.UU. desmiente esa información y defiende que Trump lee todos los informes y de hecho dictó el veto de entrada desde China en enero, seguido después de otros similares a Irán y toda Europa.

El primer caso de coronavirus, un hombre de 35 años, se dio en el estado de Washington, en la costa pacífica, el 19 de enero.

El paciente había visitado la ciudad china de Wuhan, foco del contagio, días antes. En más de tres meses hay ya más de un millón de casos y 56.000 muertos en este país.

No fue hasta marzo, cuando los contagios ya estaban fuera de control, cuando Trump y varios miembros de su gobierno comenzaron a acusar a China de ocultar y manipular datos. Fue entonces cuando el presidente usó por primera vez la polémica expresión «virus chino», que ha provocado airadas protestas de Pekín. Alternativamente, la Casa Blanca habla del «virus de Wuhan».

David Alandete

 

La pandemia de coronavirus y el confinamiento dejan al descubierto los esquemas de inmigración y trabajo irregular en los que son estafados cientos de ciudadanos de Cuba en Moscú.

Unas rústicas cortinas, hilvanadas de una colcha azul, dan algo de intimidad a Josué Pérez. Tras ese pedazo de tela se han ido disipando los sueños de este joven cubano de cuerpo nudoso: conseguir un trabajo en Moscú, vivir en un pisito compartido con un par de compañeros, mandar dinero a la familia en la Isla.

Cuando salió de La Habana en enero, con la promesa de un compatriota de que, previo pago, le ayudaría a establecerse en la capital rusa, no pensó que su futuro era esa litera en un apartamento que comparte con otros nueve cubanos, en una de las colmenas de los suburbios moscovitas.

Las esperanzas por las que desembolsó 2.000 dólares se han evaporado; igual que aquel compatriota. La obra en la que empezó a trabajar de manera informal y donde recibía unos cuantos rublos de pascuas a ramos se ha suspendido por el coronavirus. Sin trabajo no hay alojamiento gratis; y el día de pagar la litera se acerca. “Vine a Rusia a buscar una vida mejor y al final me van a tener que mandar dinero de Cuba”, dice, “¡de Cuba!”.

Cada año, unos 25.000 cubanos entran en Rusia como turistas, según datos de la Guardia Fronteriza rusa. Gracias al acuerdo entre Moscú y La Habana, aliados históricos, no necesitan visado y pueden permanecer en el país euroasiático hasta 90 días; solo visitando, sin trabajar. Muchos, como Josué Pérez, llegaron para quedarse.

Otros, pagaron entre 5.000 y 7.000 dólares por cabeza a las mafias de tráfico de personas por el billete hasta Moscú y los papeles que en teoría les permitirían seguir hasta España o Italia; documentos que nunca llegan porque Rusia no está en el espacio Schengen y no se puede cruzar de manera legal.

Ahora, con la ciudad confinada y en hibernación económica, la pandemia de coronavirus ha revelado las grietas de estos esquemas de inmigración y empleo irregular en los que muchos cubanos terminan explotados a manos de mafias cuyos tentáculos llegan de Moscú a La Habana; y vuelta.

Yunior Castro y Antonio pagaron 1.500 dólares a un intermediario al que ya conocían de oídas por otros cubanos. Ese dinero les daría derecho al billete de ida La Habana-Moscú, alojamiento el primer mes y empleo en la construcción. “Te dicen que las plazas de trabajo se compran y que luego ya vas cobrando mes a mes”, explica Castro, de la Isla de la Juventud, que aterrizó en la capital rusa en diciembre. Allá trabajaba en la lavandería de un resort.

En Moscú ha compartido obra con Antonio y sus otros cinco compañeros de piso. Doce horas al día levantando un edificio de oficinas. Sin librar, aseguran en una de las dos habitaciones, la más amplia, que pese a las camas usan también como sala de estar. “Escogemos Rusia por la facilidad para llegar, sin saber a qué nos exponemos aquí, la vulnerabilidad de no conocer el idioma, las costumbres, la explotación”, se lamenta con las manos en los bolsillos Antonio (que prefiere no detallar su apellido), hasta hace poco, informático en una fábrica de cerámica blanca de Holguín.

La pauta se repite una y otra vez. Comprar un vuelo a Moscú es más caro desde la isla, así que muchos recurren a algún intermediario que les envía el pasaje desde fuera, y que por algo más de dinero les promete alojamiento, trabajo y resolver los trámites burocráticos.

Ese intermediario, generalmente cubano, proporciona mano de obra barata a contratistas informales rusos, armenios, azerbaiyanos o serbios que nutren de personal a obras por toda la capital. Siempre sin contrato, sin seguridad y sin garantía de cobro. Si todo va según lo pactado, el trabajador recibe su salario —que suele rondar el equivalente a unos 300 euros mensuales— de manos del intermediario, que se queda una comisión de lo que ya probablemente es un sueldo mermado.

“Ese sistema se ha utilizado desde hace mucho con ciudadanos de Asia Central, como Kirguistán, Tayikistán o Uzbekistán; ahora enrolan a cubanos porque son más vulnerables, no saben ruso, no conocen el sistema y tienen menos redes de apoyo.

Muchos aspiran a quedarse con la esperanza o la promesa vacía de que tarde o temprano se podrán regularizar. Otros, tratan de recabar el dinero que les falta para pagar los supuestos documentos para viajar a Europa; algunos consiguen salir a Serbia y ahí se quedan, esperando”, explica Williams Herrera, abogado ya retirado que presta asistencia jurídica gratuita a algunos compatriotas.

Las autoridades cubanas conocen el problema. El cónsul de Cuba en Moscú, Eduardo Escandell, afirma que en ocasiones han asistido, tratando de localizar ayuda legal, a algunos que decidieron denunciar la explotación laboral. No es frecuente, reconoce Mario Carrazana, consultor jurídico cubano establecido en Rusia. La mayoría tiene miedo a las represalias o a la deportación. Así que callan y se buscan otra cosa. Y vuelta a empezar.

Madelaine de la Caridad encontró trabajo en la limpieza de supermercados. En Cuba era enfermera y decidió vender lo poco que tenía y salir de la isla con su hija, Shabely, de 15 años. Compró el billete por su cuenta, pero el piso en el que iba a vivir lo encontró por un intermediario que, como muchos otros, se dedican al realquilar para cubanos por todo Moscú. Cuando llegaron allí, lo que debía ser un apartamento para las dos era en realidad una cama compartida en un piso con diez hombres.

“Salí de allí rápido, estar con gente desconocida, con la niña”, cuenta. Terminó compartiendo un piso de tres espacios más cocina con su amiga Yuris Lady y otras ocho personas. Todos se dedican a la limpieza, explica Marco Antonio Herrera, uno de los veteranos.

Empleos de 12 horas al día, todos los días de la semana, por unos 25.000 rublos (300 euros); un poco más del salario mínimo legal en la capital (20.000 rublos), pero por muchas más horas que lo que marca la normativa. “Y eso cuando los cobramos…”, dice su compañera Clara Elsi Felipe en el recibidor de paredes amarillas en el que destaca un brillante póster con la imagen de un lago.

Acceder a esos empleos no es gratis. Para poder trabajar deben pagar a un intermediario 3.000 rublos (37 euros), según distintas conversaciones online que ha podido leer este diario. Y otros 3.000 de “multa” cada vez que se ausentan un día. En ocasiones, el pacto incluye que el primer mes es “de prueba” y no se retribuye. El esquema es muy similar al de las mafias de la construcción, y los abusos son constantes, expone el abogado Carrazana.

Los mercados de Liublinó o Sadovod, al sureste de Moscú, ahora cerrados a cal y canto por la pandemia y en otro momento muy frecuentados por la comunidad cubana, son un hervidero de ‘intermediarios’ o agentes que tratan de captar mano de obra barata. Casi todos saben que si se busca trabajo, basta dejarse caer por ahí. Aunque la mayoría también son conscientes de que el salario no siempre llega.

“Lo que nos sucede es una estafa. Tienes una idea, sabes que a la gente la engañan pero piensas que a ti no te va a pasar”, comenta Josué Pérez, desolado. “En Cuba yo me dedicaba a la gastronomía turística, las cosas ya estaban muy mal y ahora con el virus irán peor, pero si todo sigue así habrá que buscar la vía para volverse. Allá no te llenas el estómago, pero no te mueres de hambre, siempre hay un vecino que te da un pan, una taza de arroz; esto es distinto”, dice.

Para Madelaine Castillo y su esposo Leodón, regresar a la isla no es una opción. Vendieron la casita que tenían cerca de La Habana para viajar a Rusia, y ahora el parón laboral y el confinamiento ha devorado los pocos ahorros de los que disponían tras pagar a un intermediario los pasajes de todos y los supuestos trámites. Llegaron en noviembre con la madre de ella, Nilda Paula, y sus dos hijos, Paula, de 12 años, y Pedro, de tres. Desde entonces, la niña está sin escolarizar. “Sin papeles y sin saber ruso, cómo hacerle”, se pregunta Castillo.

Hasta que apareció el coronavirus y el zarpazo de realidad, los críos se quedaban con la abuela, y Leodón y Madelaine salían a trabajar en la misma obra. Él, en la construcción. Ella, en la limpieza, hasta que el embarazo se lo impidió; está de siete meses y hace ya muchas semanas que no ha tenido seguimiento prenatal.

“Del sueldo ni hablamos”, remarca Leodón. Ahora, sin ingresos, no hay para pagar el alquiler y están tirando de la cesta de productos básicos que una fundación musulmana —Dom Dobroty— ha repartido entre personas que, como ellos, viven en situación de extrema necesidad. “Es un dolor saber que mañana quizá los niños no tengan para comer”, se lamenta Castillo.

Varadas en Moscú, sin dinero y sin medicación

En la cabeza de Yenifer León, el plan no tenía fisuras: viajar a Moscú, trabajar unas semanas, comprar mercancía barata y venderla con un margen de beneficio a la vuelta en Cuba. Pero llegó el coronavirus, el aumento de contagios, los cierres de fronteras.

Y todos esos planes se fueron al traste. Ahora está varada en la capital rusa, sin recursos y sin una fecha concreta de vuelta. “Y mi contador corre”, remarca. León, de 30 años, es seropositiva, y los retrovirales que toma desde hace 11 años y que trajo a Moscú ya se le han terminado.

“Esto es un problema grave”, se lamenta atusándose el turbante blanco. Sentadas a su lado en una de las camas del piso que comparten, asienten Yoandra Agüero y Natalie Fonseca, que como ella afrontan la doble discriminación de ser trans y tener VIH.

Llegar de compras a Rusia no es extraño. Muchos cubanos viajan a Moscú desde La Habana aprovechando que no precisan visado y que pueden entrar de vuelta a la isla con 120 kilos de productos por cabeza al año. Así que, en torno a un par de mercados al por mayor de la capital rusa se ha creado toda una infraestructura para ese negocio. Gran parte de los 25.000 cubanos que llegan como turistas a Rusia se llevan material para comercializar.

En los puestos de esos grandes bazares muchos precios están ya en español. Hay hotelitos, hostales y apartamentos para esos viajes de compras. Piezas de coches soviéticos —como los Lada o los Moscovich, que todavía abundan en la isla y para los que allí se hace difícil tener repuestos o son caros—, zapatos, electrodomésticos, ropa. Compran en Rusia, venden en Cuba. Son lo que muchos en la isla llaman “pacotilleros”. Aunque también abundan las “mulas”, personas que a cambio del billete de vuelta o de una pequeña cantidad llevan las alforjas llenas.

La idea de León era trabajar durante un par de meses en Moscú y comprar unas cuantas cosas con esos ingresos. Es la segunda vez que viaja a Rusia. La primera hace un par de años vino con ahorros y le salió bien, cuenta. “Ahora me habían prometido un trabajo en la recogida de manzanas que luego no fue verdad, qué ilusa”, se lamenta León, que trabajó durante años como profesora hasta que lo dejó por el turismo.

Para Fonseca es su primera vez. No solo en Rusia, sino fuera de casa. Tiene 22 años y hace mucho que dejó de estudiar. Cuenta que sus compañeros la acosaban por ser trans. “A mis padres les costó, pero terminaron por aceptar que me viniera un par de meses”, cuenta.

Ambas son de Matanzas. Se conocían de vista y terminaron por coincidir en ese pequeño apartamento moscovita, infestado de cucarachas que suben por las paredes y las puertas, sin temor a las personas.

“No te creas que todo el mundo alquila a mujeres trans”, dice Viki Fonseca, otra de las jóvenes, que a diferencia de sus compañeras quiere buscar a toda costa una solución para no tener que volver a la isla. En la casa viven en total seis personas más. Pagaban 10.000 rublos (120 euros) por cabeza por dormir en una litera o compartir una de las dos camas. Ahora, sin medios, se lo han rebajado a 5.000. “Y aun así vivimos ahogadas por el miedo a no tener cómo pagar”, dice Natalie Almansa.

Amigos y familiares les han enviado algo de dinero. La Fundación SPID (centro sida, en ruso) ha podido suministrarles los fármacos antirretrovirales para una semana a cada una, pero el tiempo pasa y el miedo sigue ahí.

Amet Miguel Calderín cuenta que ha arriesgado mucho para viajar a Moscú. Este ingeniero montó un negocio de comidas en Cienfuegos y había viajado a la capital rusa con todos sus ahorros para comprar cosas para su establecimiento. Tenía que volver este domingo, pero los vuelos están suspendidos y el dinero que tanto tiempo le costó reunir, se agota.

“Esta es una situación extraordinaria y alguien debería darnos una respuesta, pero no es así y estamos aquí tirados, dejados a nuestra suerte”, se duele Calderín, que vive de momento en un piso del sur de Moscú con otros compatriotas.

El cónsul Escandell afirma que presta información y asesoramiento a los ciudadanos que se ponen en contacto con la legación diplomática. Ahora, tratan de estimar cuántos ciudadanos están en la situación de León, Fonseca o Calderín, por si se da la posibilidad de coordinar con las autoridades rusas un vuelo de retorno, como se ha hecho desde otros países.

María Sahuquillo

 

Mientras el ministro de Sanidad, Nelson Teich, hablaba sobre la curva ascendente de la enfermedad, el presidente subrayó, sin sustento, que los fallecidos “no son de ahora”.

El Ministerio de Salud divulgó este miércoles datos sombríos sobre el avance de la pandemia del coronavirus en Brasil, que ha superado a China en número de víctimas mortales por la enfermedad, con más de 5.000. En las últimas 24 horas el país ha sumado 474 nuevas muertes a su contabilidad oficial, cifra récord de fallecimientos en un único día y que llevó al nuevo titular de la cartera, Nelson Teich, a declarar que hay "la situación se ha agravado”.

“Es un número que viene creciendo (...) y tenemos que encararlo como un agravamiento de la situación”, afirmó. De acuerdo con Teich, “la curva [de contagios y decesos] está aumentando”. Mientras el ministro hablaba con la prensa, el presidente Jair Bolsonaro, un negacionista de la crisis, evitaba responder sobre la escalada: "¿Y qué? Lo lamento. ¿Qué quieres que haga? (...) Soy Mesías, pero no hago milagros”, dijo, refiriéndose a su segundo nombre: Messias.

Según el balance más reciente, Brasil tiene 71.886 casos de la covid-19, 5.385 de ellos en un solo día. Si bien el ministro Teich descartó la hipótesis de que el aumento récord en el número de fallecidos hubiera sido consecuencia de casos antiguos acumulados y no comprobados, Bolsonaro le contradijo al afirmar, sin pruebas, que los muertos “no son de ahora”.

El mandatario se solidarizó con los familiares de las víctimas, pero siguió minimizando su papel en la crisis: “La vida es así. Mañana seré yo”, dijo en una conversación retransmitida en su página de Facebook, entre aplausos de simpatizantes.

En sus breves declaraciones a los medios, el equipo de Sanidad del Gobierno achacó el empeoramiento de la situación al aumento de casos en regiones específicas, donde el escenario es de “mayor dificultad”, dijo Teich.

El ministro no relaciona la relajación del aislamiento social en algunas ciudades que se ha visto los últimos días con el repunte en las cifras de fallecimientos y contagios. Según aseguró los puntos críticos se concentran en São Paulo, que lidera el número de muertes y contagios en el país, Manaos, Recife y Río de Janeiro.

“São Paulo puede tener una intensidad [mayor en el número de casos] las próximas semanas en la región metropolitana”, aseguró Wanderson Oliveira, secretario de Vigilancia Sanitaria. Oliveira también señaló la estación más fría del año también como un factor de empeoramiento en las cifras del coronavirus en el país.

“Brasil tiene una estacionalidad de enfermedades respiratorias en otoño y en invierno. Estamos en otoño. Y no es solo el coronavirus, también es la influenza y otras enfermedades”, dijo. “Es importante que todos refuercen las medidas de protección”.

Gil Alessi/Marina Rossi

 

La oposición al gobierno la llama «fase uno y medio» porque en su opinión la apertura debió ser más amplia y rápida


Una polémica sin fin han creado las nuevas medidas para la desescalada del confinamiento anunciadas por el primer ministro, Giuseppe Conte, en la noche del domingo. La fase 2 que comienza el 4 de mayo será una disminución gradual y con mucha cautela de las draconianas medidas vigentes. La oposición al gobierno la llama «fase uno y medio» porque en su opinión la apertura debió ser más amplia y rápida.

El gobierno ha reducido las medidas drásticas no porque las condiciones sanitarias permitan una vuelta a la normalidad, sino por el temor a que fueran demasiado pesadas para el país y la economía.

Así lo ha reconocido el profesor Gianni Rezza, director del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Instituto Superior de Sanidad y asesor del gobierno: «Un país no aguanta una reclusión completa durante más de un par de meses, pero desde el punto de vista sanitario hay una cierta preocupación; yo estoy preocupado».

Conte se ha inclinado, en general, por la línea recomendada por los científicos partidarios del rigor. Por seguir esa línea de prudencia, las escuelas seguirán cerradas, lo que supone «una herida para todos», dijo el presidente italiano Mattarella.

«De la escuela se hablará en septiembre, e incluso sobre ese mes no hay certezas», dijo el presidente del Instituto Superior de Sanidad, Silvio Brusaferro. En diversos sectores empresariales y comerciales ha disgustado el calendario del gobierno porque deseaban una desescalada más rápida. Muy dura ha sido la protesta de los obispos porque pedían que se pudiera celebrar misas, pero solo se permiten los funerales.

Cuatro motivos

Durante casi otro mes la vida de los italianos no cambiará mucho. Solo se permite el desplazamiento dentro de la región. Es obligatoria la autocertificación en un folio para justificar el motivo del desplazamiento por uno de estos cuatro motivos: trabajo, salud, estado de necesidad y visita a familiares. Las personas que no tienen una familia tradicional pusieron ayer el grito en el cielo, y han logrado que se permitan también las visitas entre personas con «afectos estables».

Hasta ahora solo era posible hacer paseos o trotar en la proximidad del domicilio. A partir del 4 de mayo se podrá hacer en toda la ciudad. Será necesario estar siempre solo o mantener la distancia de seguridad. Es posible realizar actividad física con niños o caminar con personas que no son autosuficientes. Se abrirán los parques, pero habrá controles y con límite de personas.

Los atletas profesionales y aficionados pueden reanudar el entrenamiento a puerta cerrada y de forma individual. A partir del día 18, pueden entrenarse los atletas de deportes de equipo. Pero queda en el aire la reanudación del campeonato de fútbol.

Reabren el 18 de mayo los museos, exposiciones, bibliotecas y lugares culturales

También se iniciarán las actividades productivas, comenzando en empresas manufactureras especialmente las dedicadas a la exportación como la moda, constructoras y el comercio al por mayor que surte estos sectores. Solo algunas empresas que ya estaban preparadas reiniciaron ayer su actividad.

Reabren el 18 de mayo los museos, exposiciones, bibliotecas y lugares culturales donde sea posible organizar la visita con distanciamiento social. Bares y restaurantes, peluquerías, centros de estética y de masajes tendrán que esperar hasta el 1 de junio, aunque se les permitirá vender comida para consumir exclusivamente en la casa.

No hay fechas para la apertura de teatros, cines, discotecas y gimnasios. Y las mascarillas son obligatorias en lugares cerrados con público y en transporte público. Pero no son obligatorias para niños menores de seis años.

Ángel Gómez Fuentes

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