El resto es todo un agregado político propio de una clase política abyecta, ególatra, corrupta y fascistoide, quienes creen que el país de su propiedad y pretende perpetuarse en el poder a como dé lugar.
Bolsonaro es una versión renovada del kirchnerismo en estas latitudes. Obsceno, caprichoso, sumamente autoritario y tan parecido en lo metodológico que ni siquiera respetó la ceremonia de traspaso de mando, tal como Cristina Fernández lo hizo con Macri en el 2015.
Son tan parecidos en todo, que cuando miramos lo que ocurre en Brasil con el nuevo gobierno de Lula Da Silva, estamos viendo una precuela de lo que va a ocurrir en nuestro país, cuando este gobierno inútil y corrupto de Alberto, Cristina y Massa, sea eyectado del poder por el voto de la gente en el 2023.Ellos, por supuesto, sostienen lo contrario y cargan con el consabido ¡Ah, pero Macri!, para explicar lo absurdo que son.
Y no hace falta ser un máster en análisis político, para prever lo que se avecina en nuestra querida Argentina, cuando el voto popular envíe a sus casas a este defecto político panperonista, término definido por John Rene Plauta a quien apoya un intento de aunar fuerzas alrededor del modelo social basado en el peronismo de Juan Domingo Perón y Eva Duarte, e integrarlas contra la doctrina neoliberalista de Mauricio Macri, tal el uso del vocablo en nuestro país que traducido a la práctica política se le llama: kirchnerismo/cristinismo; un sector político que usufructúa una doctrina que no le es propia ni siente (Cristina llama a Perón “el viejo hijo de puta”) y sobre ella hace sus propios negocios.
La liberación masiva de presos, el indicativo de que voten y por el 80% en las cárceles ganara el actual gobierno, la enorme catarata de fondos públicos puesto para alimentar la pobreza que ellos impulsan y hacer fuerte a líderes piqueteros, vagos de toda laya que viven como Jeques con la plata del pueblo a cambio de mover sus “tropas” cuando las circunstancias así lo marquen; el empoderamiento de sectores a los cuales, sin coincidir con sus fundamentos éticos, les han dado vuelo y fondos, para que cuando otro gobierno se los recorte, reaccionen en forma desmedida; la camarilla armada con gremios y sindicatos fuertes; el aumento brutal de la pobreza; la distribución inédita de planes en sus distintas formas, nombres y objeto; la proliferación del narcotráfico y las bandas criminales organizadas que han superado en estos tres años la media histórica del país; la acumulación de dinero mal habido a través de negocios y vaya a saber qué otras malas artes, para sostener el aparato destitutivo; la vuelta en las sombras (de donde nunca se fue) del represor Milani y su antigua troupe de Inteligencia ciudadana, política y social, con aparatología de intervención, que adquirieron en el último gobierno de la vicepresidente condenada y podemos seguir enumerando cuestiones que direccionan hacia un solo norte: “Gobernamos nosotros o a la Argentina no la gobierna nadie”.
Si a todo esto le agregamos los últimos acontecimientos en materia de desintegración institucional con el ataque a la Corte Suprema de Justicia, que ha demostrado el Presidente Alberto Fernández y sus esbirros en el Congreso, más unos 8 o diez Gobernadores que van a pagar caro en las urnas su apoyo a un virtual golpe de Estado y/o desintegración del espíritu republicano, hecho inédito en nuestro país en los 200 años de vida y si recordamos las 12 toneladas de piedra frente al Congreso durante el anterior gobierno y las amenazas de tirar 24 toneladas en caso de perder las elecciones del 2023, no podemos dudar que este año, cuando sean eyectados del poder, reeditarán lo que hoy vive Brasil.
Es por ello que desde el sector que se prepare para gobernar a la Argentina, debe haber plena convicción que a su triunfo sobrevendrán actos de barbarie, atizados, ordenados y planificados desde las sombras por los artífices de la política basura y quizás, como el caso de Bolsonaro, con los responsables cómodamente instalados en algún país donde guardan sus cuentas bancarias o tratando de evitar las esquirlas judiciales de sus corruptelas pasadas.
El presidente que venga deberá tener las condiciones suficientes como para soportar y apaciguar actos de vandalismos, caos destituyente y combatir a las mafias a las cuales se les termina el escenario propicio, porque de no ser así se licuará la República.
Brasil hoy es una foto. Será responsabilidad de la dirigencia política argentina y del pueblo en general, aprender de lo que allí está pasando para no repetir la historia o prepararse para vivir situaciones mucho peores aún que nuestros vecinos, porque allí hay una economía fuerte y una estabilidad duradera; en la Argentina destartalada, estamos a merced de cuatro atorrantes que manejan con solo 100 millones de dólares, una economía derrumbada, un país sin productividad víctima de la especulación financiera de los amigos de Sergio Massa y tienen como finalidad permanecer, aún a costa de nuestra desaparición como país soberano.
Rubén Lasagno


Los acontecimientos sociales que se llevan a cabo en Brasil tienen la génesis en un gobierno autoritario y claramente antidemocrático como el de Jair Bolsonaro, un sujeto que se resiste a perder el poder y envía a sus “simpatizantes” a sembrar el caos y desmembrar un gobierno electo en las urnas, el cual, nos guste o no, proviene de la voluntad popular.
