Opinión

Lo de Massa es audacia y vértigo en estado puro. Cuando se analizan sus decisiones y se pone la lupa crítica sobre los movimientos que realiza hay que pensar menos en lo que dicta la cátedra y prescribe el sentido común que en la necesidad de llegar a los comicios de agosto y de octubre, a como dé lugar. Cuanto puede hacerle fruncir el ceño -y con razón- a los economistas más destacados, al ministro lo tiene sin cuidado. Es un improvisado absoluto en la materia pero -de momento- compensa con un ejercicio pocas veces visto de temeridad, lo que le falta de solidez técnica.

La intervención de ayer de la diputada Marisa Uceda (FdT-Mendoza), en la comisión de juicio político de la Cámara de Diputados, fue una especie de síntesis de la ignorancia a la cual está sometida la sociedad argentina teniendo a estos burros sentados en los lugares donde se deciden los destinos de todos.

El jueves se puso en marcha en el Congreso el procedimiento que intenta iniciar un juicio político a los miembros de la Corte Suprema. El oficialismo sabe que ese objetivo de máximo es prácticamente incumplible, porque no cuenta en el plenario de la Cámara de Diputados con el número de votos que se requieren para aprobarlo, pero por ahora sí tiene mayoría suficiente en la Comisión de Juicio Político, que es la primera estación del procedimiento.

En cualquiera de sus variantes, la futurología siempre ha sido un buen negocio. Seguirá siéndolo a pesar de que vaticinios, a menudo resultan ser fantasiosos.

Si la mayoría de los argentinos tuviéramos en claro que no debe aspirarse a nada que no corresponda obtener por impericia o falta de preparación, nuestro país cambiaría radicalmente, terminando con las aventuras políticas de quienes se sienten poseídos de cualidades excepcionales y terminan contribuyendo a edificar fracasos resonantes.

La rarísima habilidad que el peronismo en general y Alberto Fernández en particular tienen para deshacerse de las culpas por lo que ocurre y para cargar por las responsabilidades de eso a cualquier otro menos a ellos mismos, es francamente notable.

La cumbre de la CELAC en Buenos Aires puso en evidencia la división de los mandatarios de la región. Mientras algunos defendieron los Derechos Humanos, otros se pusieron al servicio de las dictaduras

Tres dictadores iban a visitar el país: el cubano Miguel Díaz Canel, el venezolano Nicolás Maduro y el nicaragüense Daniel Ortega. El motivo de la visita era la cumbre de la CELAC, pero Maduro ya confirmó que no vendrá.

Conocí de joven a un viejo comisario retirado al que le gustaba contarme sus antiguas hazañas: en sus años mozos arrestó a un sujeto notable que había vendido varias veces el Obelisco. Con su labia persuasiva el sujeto en cuestión les hacía creer a personas ingenuas que él era el verdadero propietario, pero que por diversas razones estaba cansado y dispuesto a sacarse el monumento de encima: era una ganga y una oportunidad irresistible de quedarse con el emblema de Buenos Aires. No pocos le pagaban al contado.

“La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”.
- Thomas Mann

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