Opinión

“Una paz nunca es honrosa para el vencido”.
- Jean Lartéguy

Alguna vez me preguntaron si no me interesaría escribir una novela alrededor de la corrupción kirchnerista, y en particular de la corrupción de los jefes de la banda o asociación ilícita: Néstor y Cristina. No recuerdo que contesté, probablemente haya dicho que sí, sabiendo que si hubiera dicho que no, los resultados no habrían sido diferentes, porque el autor de la pregunta no era un editor y en estos casos lo que importa es la decisión de un editor decidido a financiar una investigación, la escritura y la edición de un libro.

En 1953, la violencia se había apoderado del proceso político argentino. Se profundizaría con el conflicto con la Iglesia, que a su vez constituiría en la antesala de la caída del gobierno peronista en 1955

En 2015 Cristina Kirchner decidió, sin consultarle a nadie, que fuese Daniel Scioli el candidato a presidente del Frente de Todos. Aunque no tenía razones valederas para dudar de la lealtad del entonces gobernador bonaerense, se encargó de blindar la fórmula con el nombramiento de Carlos Zannini como su vice.

Estamos ante una nueva división entre quienes pretenden continuar la lógica de la globalización y quienes priorizan las conveniencias estratégicas de las potencias occidentales

El Gobierno lleva adelante sus relaciones internacionales con una ignorancia escandalosa del escenario mundial

La designación de Jorge García Cuerva, hasta hace una semana obispo de Río Gallegos, como nuevo arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, ha ofrecido una nueva oportunidad para que se ponga de manifiesto la lógica de la grieta, en este caso en su expresión más agresiva y exasperada (afortunadamente en proceso de remisión).

Una imposibilidad ordinaria es aquella que nos hace saber que, atendiendo al curso regular de las cosas, un hecho analizado acontece muy rara vez o nunca.

¿Qué busca Cristina Kirchner? ¿Por qué? El acto del 25 de mayo impone la misma pregunta de siempre, fuerza las mismas respuestas. Ella suena, nosotros bailamos. Se vé que funciona.

Si Perón se levantara de la tumba y viera que el Papa es un cura argentino, cercano en su juventud, para más datos, a Guardia de Hierro, no hay duda de que se estremecería. Tal vez disimularía su perplejidad inicial asegurando que, igual que la Tercera Guerra Mundial, él esto ya lo había previsto. Pero el sacudón más fuerte le llegaría unos segundos después al enterarse de que, con el peronismo en baja, sin candidato, a punto de perder el poder en elecciones libres, el papa argentino designó arzobispo de Buenos Aires, primado de la Argentina, a un peronista explícito.

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