Opinión

 

Nicholas Van Orton es un exitoso experto en inversiones, con una existencia acomodada y hasta lujosa, aunque algo maniática, soberbia y vacía, desprovista de vitalidad y alejada ya del sentido común.

 

 

La pandemia del coronavirus mostró, argumenta el autor, lo mejor de la convivencia política. Antecedentes y una indagación sobre las razones.

 

 

El amplísimo margen por el cual Luis Almagro fue reelecto secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) representa una enorme derrota del chavismo y sus aliados. Al mismo tiempo, implica un triunfo de la lucha contra las dictaduras que aún persisten en nuestro hemisferio en pleno siglo XXI.

 

 

La pandemia llega en un momento en que liderazgos y democracias son fuertemente cuestionados, y suma el riesgo de producir una involución en el terreno de las libertades individuales

 

 

Si hasta hace dos semanas la renegociación de la deuda (particularmente la contraída bajo ley extranjera) figuraba al tope de las prioridades del gobierno de Alberto Fernández, ahora ese puesto ha sido monopolizado por la lucha contra el coronavirus. La agitación por la pandemia es el tema central. Y el gobierno se reperfila.

 

 

Como era de esperarse cuando un problema realmente serio afecta al país, Cristina Fernández se borró.

 

 

La globalización ha sido el producto de la revolución de las conectividades. Conectividades materiales (aviones más veloces, con mayor capacidad, y más baratos; enormes barcos de transporte; mejores carreteras y autos y camiones más eficientes).

 

 

Si la herencia que recibió Alberto Fernández dejaba mucho que desear, y buena parte de las dificultades con las que debía enfrentarse no tenían solución en el corto plazo, el coronavirus ha agravado la situación argentina hasta límites indecibles.

 

 

De repente, con la pandemia del coronavirus quedaron obsoletas hasta las metáforas, o invirtieron su sentido. Viralizar, voz que quiso hacer virtuosa para las comunicaciones la velocidad de propagación de los virus y que la Real Academia bendijo hace apenas un año, hoy representa para la Humanidad entera la peor perspectiva. Ya no referida, claro, a mensajes virtuales sino a la etimología cruda del término.

 

 

A veces el remedio es peor que la enfermedad. ¿Es tan peligroso el virus que sería mejor empujar la economía mundial hacia una depresión que tratarlo como un patógeno parecido al de la gripe común al cual tendremos que acostumbrarnos?

 

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