Jueves, 17 Septiembre 2020 11:00

Cristina Kirchner quiere dejar una Justicia para Máximo - Por Héctor Gambini

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El Senado ya avanza con los nombramientos de simpatizantes K que tienen la edad del hijo de la vicepresidenta.

Lo dice un allegado al Presidente que aún sueña con algo que el propio Presidente dice que no existe: el Albertismo: “Ellos son una máquina de construir poder. Se nos cae alguien de una tercera línea de una Secretaría cualquiera y cuando vamos a mirar, ya completaron el casillero con uno de La Cámpora. Te van limando así, cada día..., pero tampoco podemos decir que nos tomaron por sorpresa”. "Ellos" son el kirchnerismo en el gobierno.

Cristina Kirchner está construyendo un proyecto de poder a largo plazo donde el único sucesor político natural confiable que asoma en el horizonte es su hijo Máximo. Para eso tiene dos objetivos primordiales.

El primero es conseguir que todas las causas contra ella y su familia queden desactivadas en los tres años y tres meses que le faltan de mandato.

El segundo es dejar una Justicia vertebrada al molde de Máximo Kirchner. Que, si le toca gobernar a él alguna vez, tenga todos los jueces alineados que necesite.

Además de bloquear la acción de los jueces molestos en las causas actuales -para eso hizo sesionar al Senado ayer-, el espíritu profundo de la reforma que propone Cristina incluye infundir el miedo en los neutrales, para que piensen dos veces cualquier fallo en contra del kirchnerismo.

Y sembrar los nuevos cargos judiciales con militantes o adherentes sub-45 que queden a cargo de las investigaciones y los fallos durante los próximos 20 años. Son cinco períodos presidenciales.

Si la reforma avanza, los candidatos que inunden los pliegos del Senado serán simpatizantes K de la Generación Máximo. El hijo de la vicepresidenta tiene 43 años.

La semana pasada asomó una confirmación empírica de esta hipótesis, cuando el Senado publicó la lista de 29 candidatos a vacantes en la justicia cuyos pliegos acaban de ingresar a la Comisión de Acuerdos que preside la senadora K Anabel Fernández Sagasti.

Veintidós de ellos tienen menos de 48 años, y todos exhiben una clara pertenencia política al kirchnerismo, participaron de algún fallo que lo beneficiara directa o indirectamente o militan en Justicia Legítima.

Uno fue compañero de la secundaria de Andrés El Cuervo Larroque. Otro es del equipo de Félix Crous, el actual jefe de la Oficina Anticorrupción que decidió retirar al organismo como querellante de las causas de corrupción contra Cristina.

Entre los candidatos mayores de 50 aparece Viviana Piñeiro, la jueza de Seguridad Social que tiene que resolver si a Cristina le corresponde cobrar dos pensiones vitalicias al mismo tiempo -como viuda de un Presidente y como Presidenta-, tal como ella reclama.

La propuesta sobre Piñeiro es para ascenderla a camarista de ese fuero. ¿Qué resolverá sobre las pensiones simultáneas para Cristina?

Otro de los “mayores” propuesto para un ascenso es Guillermo Todarello, que integró la mesa de diálogo con los presos de Devoto en la crisis carcelaria de principios de año. Allí participó junto al viceministro de Justicia ultra K Juan Martín Mena y al subsecretario de Política Criminal Pablo Barbuto, el mismo que el viernes juró como integrante del tribunal de enjuiciamiento de la Procuración que busca desplazar al procurador Eduardo Casal.

Un mismo grupo político jugando en distintos frentes para la misma causa.

Máximo Kirchner se presentó en sociedad a fines de 2014 en un acto en Argentinos Juniors en el que prometía que los cambios del kirchnerismo serían irreversibles.

Desde allí, su construcción de poder es siempre hacia adentro y sus actuales apariciones públicas son únicamente en Diputados o, silenciosamente, para avalar alguna jugada estratégica: allí estuvo, en Olivos, detrás de Alberto Fernández, cuando el Presidente anunció que le quitaría dinero de la coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires. Una formalización de la declaración de guerra a Larreta que Cristina había pedido públicamente en enero.

Máximo es un dirigente del establishment de la política, que heredó de sus padres su posicionamiento actual. Algo así como nacer con una banca bajo el brazo.

Se trata de un hombre rico, que en 2018 declaró tener 28 propiedades y efectivo por 2,8 millones de dólares.

Si Cristina consideró al macrismo un paréntesis para el regreso parcial al poder, parece haber ideado a la gestión de Alberto como una transición para el regreso pleno.

El Presidente lo explicó a su manera: “Máximo es una figura que todavía la sociedad no advirtió la calidad política que tiene. Con una vocación de concebir la política como un hecho colectivo, igual a su padre y a Cristina. Y con un futuro promisorio”.

Ese hecho colectivo requiere de un futuro con una Justicia más amable.

Héctor Gambini

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