La mención desafiante del hijo de la vicepresidenta no fue fortuita, ya que la repitió dos veces en el recinto de la Cámara de Diputados y esa intervención sonó a ultimátum para que el Presidente no firme nada con el Fondo Monetario Internacional que no exprese las dos conocidas posturas kirchneristas, algo que los Estatutos del organismo no contemplan: baja de tasas y un plazo de 20 años. En esta pulseada el ministro Martín Guzmán está pintado y solo atina a repetir que él busca solucionar "la deuda insostenible que dejó el gobierno anterior", una falacia en boca de alguien que se supone que no desconoce que el grueso de esa deuda venía de antaño. Es probable que, aunque deben comprender sus limitaciones políticas, el ministro haya perdido credibilidad ante sus interlocutores en el mundo, con Kristalina Georgieva en primer lugar.
Del modo en que plantea la situación Máximo nunca se logrará un acuerdo, que sería lo que se está buscando desde el Instituto Patria para terminar de hundir la imagen de la Argentina ante el mundo, descrédito que llevará a sus ciudadanos más hacia la miseria: "Cuanto peor, mejor". En cambio, lo de la mojada de oreja a Fernández en relación a las vacunas de los Estados Unidos fue desconocer algo que la oposición tampoco quiere comprender, quizás en venganza porque el oficialismo peca de soberbia y nunca ha querido compartir laureles, pese a que las encuestas vieron muy bien aquel primer round colaborativo.
En verdad, hay que tener un temple especial para calzarse el sombrero de Presidente y decidir todos los días sobre la vida y la muerte de la gente. La sociedad espera que, en circunstancias como las actuales, quien conduce la nave casi en soledad haga gala de la mayor sangre fría posible, pero es imposible para un capitán aferrarse al rumbo si sus propios oficiales boicotean sus decisiones. En la jerga del mar, eso se llama motín. Por eso, si se mira al futuro, el punto crucial de duda pasa más por el daño que le pueden producir a Fernández quienes se dicen sus aliados que por el continuo y lógico cambio de golpes con los opositores.
Tal marcación cuerpo a cuerpo, que acecha al Jefe del Estado desde adentro de su propio espacio, es parte del copamiento de la mayor cantidad posible de colinas del campo de batalla que viene desarrollando el kirchnerismo, sin prisa pero sin pausa, como parte central de su estrategia, ya sea que las elecciones salgan al derecho o al revés. Está claro que igualmente el Presidente admite esta ofensiva cuasi silenciosa pese a que, ante la opinión pública, él está viviendo el peor momento de su mandato. Hoy, Fernández tiene marchas contra su gobierno a cada rato (piqueteros, el campo), su presencia es resistida en cada lugar adonde va y tuvo que tirar el Presupuesto a la basura, mientras que el país se acerca a los 100 mil muertos, la variante Delta acecha y el proceso de vacunación tiene baches insalvables, cuyo peor signo se observa en la falta de la segunda dosis de la Sputnik V.
Esa pasión por controlarlo todo permite listar una docena de decisiones de ese estilo tomadas durante las últimas semanas por el Gobierno en materia económica, sanitaria, educativa y hasta de política internacional, todas ellas con el ojo puesto en la teórica superioridad y presencia del Estado, pero también en el manejo de suculentas cajas y en el establecimiento de burocracias que apunten al acomodo de la militancia:
- Traspaso al Estado de la concesión del dragado, balizamiento y cobro del peaje en la Hidrovía.
- No renovación de contratos a operadores privados de trenes de carga.
- Cierre de exportaciones de carnes, con pérdida de mercados.
- Ofensiva contra las empresas de medicina prepaga.
- Obligatoriedad de obra social sindical para los trabajadores nuevos y transferencia de recursos a los gremios.
- Ampliación de los subsidios de gas a nuevas "zonas frías" del país, más allá de las tradicionalmente necesitadas, como la Patagonia.
- Imposición de cupos para el regreso de los argentinos que están en el exterior.
- Cancelación de vuelos y peligro de éxodo de más aerolíneas.
- Apoyo explícito a Venezuela y a Nicaragua en los foros internacionales.
- Veto a que los países del Mercosur busquen acuerdos de libre comercio.
- Expropiación de tierras consideradas ociosas (municipio de Avellaneda).
- Cambio presidencial de la Ley de Vacunas para darle juego a las de EEUU, incluidas las donaciones, DNU que deberá ratificar el Congreso.
Además, está la decisión de política económica de expandir la actividad con instrumentos de un solo sesgo, para que funcionen como aditivos hasta el acto eleccionario, tal la represión de las tarifas y el atraso cambiario. Para empujar el consumo, la niña bonita del esquema habrá una monumental inyección de circulante. Ante la pérdida evidente del salario frente a la inflación (hubo que reabrir las paritarias), en ese rubro se espera que funcionen la devolución de Ganancias en cuotas, el medio aguinaldo ya cobrado, el bono fijo que habrá para jubilados de la mínima, el aumento de las asignaciones familiares y la ampliación de la Tarjeta Alimentar a hijos de hasta 14 años, un paquete de 50 mil millones de pesos.
Desde ya que esta ofensiva, que oscila entre el dirigismo y la mala praxis, no genera ni empleo ni combate la pobreza. En muchos casos, dicho avance implica la pérdida de derechos y la restricción de libertades de la ciudadanía. A todo esto, se le deben sumar la inseguridad jurídica que generan los avances institucionales que buscan desacomodar a jueces y fiscales, el obsesivo ataque a la prensa independiente y el rechazo al concepto de mérito, reemplazado por el de igualdad. En materia económica, el menú se completa con las consabidas listas de precios máximos, el control de capitales, cupos de todo tipo y el avasallamiento impositivo, temas que no sólo han hecho del sector privado en la Argentina un paria, sino que atentan contra cualquier decisión de inversión, ya sea de propios o de extranjeros.
En este laberinto opera la oposición, con un déficit fundamental: no hay dentro de Juntos por el Cambio quien represente orgánicamente una voz propositiva, ya que se han distraído quizás demasiado en internas sin definir del todo si les gustaba más listas de unidad hechas al estilo del tradicional dedo peronista o compulsas en las PASO, como va a suceder en varios distritos pese al deseo que tienen muchos de evitar ese escalón. Más allá de los nombres, el gran déficit de ese espacio es que a la hora de criticar todo lo que hace el Gobierno aparecen voces a la izquierda, al centro y a la derecha, algunas de sesgo tan populista como las propias políticas que critican, pero en momentos de poner sobre la mesa con claridad sus alternativas por ahora faltan propuestas y un liderazgo consolidado.
En cuanto al envío de material represivo desde la Argentina en tiempos de Mauricio Macri denunciado por Bolivia, haberlo puesto sobre la mesa en este momento podrá tener todos los visos ligados a operaciones armadas que se quiera analizar, falsificaciones bolivianas mediante o notas argentinas aparecidas de repente, pero además de lo electoral o de ser cortina de humo del tema vacunas el tema presenta una arista que es de insoslayable mención porque también evidencia el mal momento del Presidente. Sin mayores datos, él en persona, con pedido de disculpas mediante, ha salido a dar certeza de algo que su propio gobierno dijo que necesita investigar. El desprolijo apuro tiene una lectura interna evidente y a dos puntas: ya sea porque machaca contra el más devaluado de los rivales de la oposición (a quien también se lo atacó por el Correo) y porque le da la derecha al ex presidente Evo Morales, alineado como el kirchnerismo y como Fernández mismo. en la llamada Patria Grande. Igualmente, no deja de ser una desprolijidad más de la política internacional del Gobierno.
Por detrás de todos estos pesados cortinados está viboreando el dólar y las apuestas para ver cuándo se dará una corrección se suceden, un proceso que las autoridades buscan atrasar lo más posible; de allí, las últimas novedades del Banco Central para limitar aún más el Contado con Liquidación. Tal como va a suceder con los precios y las tarifas, la experiencia indica que el resorte apretado a la larga va a saltar y eso es algo que los analistas juzgan tan irremediable como la decisión kirchnerista de ir "por todo", salga pato o gallareta.
Hugo E. Grimaldi


Esta columna ya ha expuesto hace un par de meses que el kirchnerismo más duro estaría decidido a radicalizar el Frente de Todos gane o pierda las elecciones. Si las gana porque dirá que eso es "lo que pidió el pueblo en las urnas" y si las pierde, porque sólo siendo ultra podrá imponer su ideología contra viento y marea. Las señales y sobre todo los hechos parecen marcar ese derrotero fatal.
