Jueves, 12 Agosto 2021 08:54

Por qué Irán dejó al desnudo el doble discurso del kirchnerismo sobre la AMIA - Por Héctor Gambini

Escrito por

El Gobierno repudió el nombramiento de un acusado de volar la AMIA como funcionario iraní, pero frena el juicio a los acusados de encubrir a ese mismo personaje. 

Mashhad es la segunda ciudad iraní detrás de la capital Teherán. Un oasis de tesoros culturales y religiosos en medio de la mítica Ruta de la Seda, portadora de un jardín botánico modelo y capital mundial del azafrán: en las comarcas que la rodean se cultiva el 20% de la producción del planeta.

En esa geografía maravillosa y milenaria se planificó el atentado a la AMIA, según la investigación de la Justicia argentina. Fue el sábado 14 de agosto de 1993, a las 16.30, cuando llegaron a Mashhad, desde la remota Buenos Aires, Mohsen Rabbani -jeque de la mezquita de Floresta- y el tercer secretario de la embajada de Irán en la Argentina, Ahmad Asghari.

Según los fiscales Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos, ellos fueron quienes hicieron los relevamientos de inteligencia para fijar el objetivo del atentado.

La denuncia dice que en Irán coordinaron todo con el ministro de Información, Ali Fallahijan, y un hombre de férrea formación militar que conducía la fuerza Al-Quds, encargada de “dirigir y coordinar todas las operaciones terroristas en el exterior”: Ahmad Vahidi.

Un testigo dijo que fue el propio Vahidi quien “propuso el atentado en Argentina en esa reunión”. Éste es el hombre que acaba de ser nombrado ministro del Interior por el nuevo gobierno iraní.

Vahidi ya había sido ministro de Defensa de su país, y en esa condición viajó a Bolivia invitado por el gobierno de Evo Morales, en 2011. Ya tenía las famosas alertas rojas de Interpol sobre su nombre, pero como integraba una delegación diplomática entró y salió de Bolivia como si hubiera estado en Teherán.


El alerta roja de Interpol sobre Ahmad Vahidi.

El gobierno argentino repudió el nombramiento de Vahidi en el gabinete iraní en 2009 -lo hizo el entonces canciller Jorge Taiana, flamante ministro de Defensa- y ahora repitió el gesto con el canciller Felipe Solá.

De acuerdo con el comunicado oficial, la designación de Vahidi es, para el gobierno de Alberto Fernández, “una afrenta a la justicia argentina y a las víctimas del brutal atentado contra la AMIA...” “...Vahidi es reclamado por haber tenido una participación clave en la toma de decisión y en la planificación del atentado...”.

Y finaliza: “las personas que han sido acusadas de participar del atentado deben ser juzgadas por los tribunales competentes”.

En la teoría de la diplomacia internacional, todo impecable. Pero la política es otra cosa.

El Gobierno avala y apoya con fuerza una investigación liderada por el fiscal Nisman, y su acusación del 25 de Octubre de 2006, acerca de quiénes y cómo estuvieron detrás del ataque terrorista más grave de la historia argentina, que dejó 85 muertos.

Pero desacredita y descalifica la investigación liderada por ese mismo fiscal, y su acusación del 14 de enero de 2015, acerca de quiénes y cómo estuvieron detrás del encubrimiento a los acusados de aquel mismo ataque.

Nisman presentó esta última denuncia un miércoles. El domingo fue hallado muerto.

En la primera denuncia, que el Gobierno empuja, está acusado Vahidi. En la segunda, que el Gobierno descalifica, está acusada Cristina Kirchner: de hacer un pacto con Irán para, entre otras cosas, hacer zafar a Vahidi.

Esta segunda investigación está lista para el juicio oral, pero Cristina consigue impedirlo obteniendo una audiencia previa -inédita y a su medida- para denunciar persecución política y solicitar que el juicio nunca se haga, a pesar de que -como le dice el gobierno a Irán- ésa, y no otra, es la instancia natural para que un acusado se defienda.

En el encubrimiento, el nombre de Vahidi aparece en una conversación entre el piquetero Luis D’Elía y Yussuf Khalil, vinculado a aquella mezquita de Floresta.

Que Vahidi no fuera a declarar por la AMIA “está dentro del marco”, dice Khalil, mientras Irán difundía que su entonces ministro de Defensa no sería indagado por la Argentina, pese a que figuraba en el Memorando.

Para Nisman, eso era apenas una de las pruebas de que, detrás de la fachada del Memorando, lo que en realidad se había negociado con Irán era un pacto secreto para proveer impunidad.

Esa palabra regresa con fuerza ahora, una vez más, sobre los 27 años de la herida siempre abierta de la AMIA.

Héctor Gambini

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…