Política

El triunfo de Milei mostró el profundo divorcio entre dirigencia y sociedad. Un presidente con un insólitamente bajo poder institucional y una clamorosa derrota cultural del kirchnerismo. 

Es hora de darles relieve a ciertas certezas, aunque estas sean razonablemente pocas. Entre tanto ajetreo político, en medio de tantas versiones que se desvanecen poco después de nacer, es conveniente repasar qué es cierto y qué no es cierto en los preparativos del próximo gobierno de Javier Milei.

 

“Billetera mata galán”. Frase de un pensador callejero aplicada vulgarmente al viaje luego demorado de Javier Milei a Nueva York y Washington, con avión alquilado por Gerardo Werthein (candidato a la embajada en EE.UU. o a Naciones Unidas) que parecía de agradecimiento religioso al corazón Lubavitch en Brooklyn que fue la sede del mítico rabino Schneerson.

Las primeras 96 horas han sido una clase acelerada sobre lo que significa asumir la Presidencia para alguien que carece de toda experiencia 

El alborotador escaló al primer círculo de la Divina Comedia. Tiempo para el diálogo y calmar las ansias de tantos argentinos que golpean la puerta del recién elegido para salvar a la patria. 

El presidente electo mostró una buena dosis de pragmatismo y flexibilidad tras su victoria electoral 

Al libertario le tomó menos de tres días conformar un gobierno de coalición al que no lo une tanto el amor sino la idea de evitar una crisis política 

Milei está optando por personas con probada aptitud para la función pública; no es una noticia menor, y es, más bien, una demostración de que es consciente de sus propias limitaciones 

Es la velocidad. Hay que acostumbrarse. Milei pasó de la televisión a la Presidencia en dos años. Dejó creer a Massa que lo usaba para ganarle a Patricia y después a Patricia y Macri que era el instrumento para derrotar a Massa. Y ahora busca al peronismo para ponerle un freno a Macri. Si está loco, es de esos locos raros que sólo hacen locuras a su favor. 

¿Ganó Milei o perdió una estructura que hizo de la trampa su marca y de la mentira su narrativa? El factor de la esperanza “de última hora” 

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