Política

“Metimos un gol de media cancha”, se entusiasmaba sin medias tintas un colaborador de Sergio Massa. El funcionario, que interactúa con la Secretaría de Relaciones Parlamentarias de la Casa Rosada, buscó resaltar antes que nada el rol central del tigrense en la trama que terminó por alumbrar el proyecto para eximir del pago del Impuesto a las Ganancias a casi un millón trescientos mil asalariados, tal vez el arma más letal de las que imaginó hasta ahora el Gobierno para conseguir el objetivo que obsesiona a todos por igual en el Frente de Todos, que es ganar las elecciones parlamentarias de octubre.

Para todo gobierno argentino, el binomio precios y votos constituye una unidad inescindible. Encierra una correlación que fluye de forma inversamente proporcional: a la suba de los primeros casi siempre le sucede la baja de los segundos.

La Vicepresidenta aceleró la designación del juez aliado Ramos Padilla, que controlará la estratégica elección bonaerense.

¿Creen de verdad que declamar un derecho sin exigir que el Estado lo garantice es de progreso? ¿Qué pasaría si Carlos Rosenkrantz o Ricardo Lorenzetti dijeran mañana que Alberto Fernández es un Presidente muy poco calificado socialmente?

En medio de tantos frentes abiertos, demasiados para el paladar de algunos hombres que frecuentan a diario los despachos oficiales, durante la semana que termina en los aposentos presidenciales se identificaron claramente las tres principales “batallas” -que así las denominan- que debe afrontar el Gobierno. Serían, aunque no necesariamente en ese orden de importancia, el tema de la presencialidad de las clases, las idas y vueltas entorno a la necesidad de contar con las dosis adecuadas de vacunas contra el coronavirus, y situación en la provincia de Formosa.

Sabe que le tocó conducir el gobierno de una coalición heterogénea. Están desde Cristina Kirchner hasta Sergio Massa. La lideresa de la izquierda y el referente de la derecha kirchnerista. Nunca todos estarán conformes. Se acostumbró a convivir con la impaciencia de los otros.

CFK hizo propio el triunfo de la vacuna, pero la economía y la interna peronista no lucen bien.

El oficialismo teme al momento en que se abran las urnas, por eso intentaría postergar las primarias e incluso las elecciones generales hasta fin de año.

Los hechos lo demuestran casi a diario. La eficacia del kirchnerismo radica en su aptitud y decisión (o ausencia de inhibiciones) para buscar y encontrar un atajo que le permita eludir cada obstáculo formal (o legal) que se interpone a sus objetivos. No importa el territorio en el que se encuentren las dificultades ni las consecuencias futuras. Manda el resultado inmediato.

Con una respuesta escéptica por parte de los agentes económicos, el Gobierno convocó a trabajadores y empresarios a una negociación que, de acuerdo con la abundante historia inflacionaria argentina y la experiencia internacional, requiere para funcionar un programa macroeconómico sistemático, consistente y fundamentalmente creíble que influya en las expectativas y cuente con un sólido respaldo político.

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