Política

En plena crisis cambiaria Cristina Kirchner tomó distancia de Fernández. El anticapitalismo de salón pasó a los hechos en Entre Ríos. En Guernica las balas de goma liquidaron al relato

La política imaginaba el momento en que Alberto Fernández rompería con su tutora electoral. Pero la política no es lineal ni lógica y Cristina Kirchner tiene -todo hay que decirlo- una inagotable capacidad para sorprender. Siempre se descuelga desde el lugar menos pensado.

Con su misiva por el 27 de octubre, la Vicepresidenta ratificó la autoridad de Alberto Fernández y sorprendió al llamar a un acuerdo amplio para resolver el problema de la economía bimonetaria.

El escándalo de los Etchevehere es sobre plata, mucha, teñida de revolucionaria por Grabois.

Nadie (ni siquiera Lilita Carrió) quiere que la institución vicepresidencial vuelva a ser motivo de desestabilización en la Argentina. Ya pasó en otro octubre, hace dos décadas

La mujer de 82 años esperó el fallo y recuperó su estancia. El Gobierno apostó a sacar rédito político del caso y perdió.

Hay mensajes para todos. La reciente carta de Cristina Fernández es multipropósito. Escribe a sus seguidores, al presidente, a sus aliados, a los gobernadores, a la oposición, a los radicales, a Macri, a los empresarios, a los medios. A los que la aman y a quienes la detestan.

La primera lección de ajedrez que recibe Beth Harmon (Anya Taylor-Joy) es cuidar la dama. "Sin ella, estás perdida", le dice su primer maestro, el portero del orfanato en el que vive la futura genia del ajedrez que protagoniza Gambito de dama, el último éxito de Netflix. La serie es pura ficción, aunque recoja datos reales de un mundo perdido en las tinieblas del siglo pasado.

En medio de la discusión bien de fondo que existe en la Argentina sobre el respeto a la seguridad jurídica, la propiedad privada, la manipulación de la Justicia y el estado de derecho, Cristina Fernández y el dirigente social Juan Grabois han desplazado del centro de la escena del análisis político al mismísimo Alberto Fernández.

Alberto Fernández prometió amoldar su gobierno a las exigencias de la coalición que lo puso en el poder

 

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