Política

A las dos de la tarde del 9 de enero, el sol pegaba con la fuerza de todos los veranos. A esa hora, por la puerta del edificio que concentra los ministerios económicos, salía Gerardo Ferreyra, el directivo de Electroingeniería que había sido excarcelado tres meses antes, tras pasar más de un año en prisión por la causa de los cuadernos de la corrupción. En ese expediente había admitido haber entregado dinero a funcionarios kirchneristas, aunque negó que fuera para ganar licitaciones; adujo que se trataba de un aporte para la campaña.

El presidente lo ha desgranado en conversaciones de los últimos días con sus colaboradores directos, pero también en reuniones reservadas con empresarios, dirigentes sindicales y algunos periodistas. “Su obsesión es la deuda, acordar con el Fondo y con los tenedores privados de bonos”, lo interpretan a su lado y a la vez reflejan el tenor de esos diálogos.

Hay un inocente reclamo de un listado de promesas que nada podrían hacer frente a la crisis. Único logro: postergar el tema de la deuda.

 

Las voces divergentes dentro de su propio espacio político y factores externos ponen a prueba el pragmatismo y la flexibilidad del Presidente para gobernar

 

Una de mis fuentes de información me asegura que detrás de la decisión de no pagar el bono de la provincia de Buenos Aires que vence el 26 de enero (o por lo menos de amagar con ello) está la mano maestra de Cristina Fernández que habría utilizado a su agente encubierto, el virrey de la provincia, Axel Kicillof, para consumar el empiojamiento de la renegociación global de la deuda del gobierno federal.

 

Apunto de rendir el primer examen, la renegociación del endeudamiento, Alberto Fernández busca encontrar en esos resultados decisivos los cimientos de su propia construcción de poder. El Presidente necesita llevar desde afuera hacia adentro del Estado el ejercicio del mando. Tiene el cargo, pero carece todavía del liderazgo.

 

El gobierno avanzó como una topadora en el Congreso. Ni "Albertismo", ni "Fernandismo". La consigna, por ahora, parecer ser, unitariamente, "frentetodismo".

 

Tanto en el mercado como dentro del propio gobierno se empiezan a oír críticas a la estrategia del ministro por el manejo de la negociación por la deuda

 

… mientras Alberto no está. Alberto está? No, se fue a Israel y al Vaticano. Parodiando a la famosa canción infantil, lleva a preguntarse si Alberto es el lobo, y entonces Cristina es el pastor que cuida a las ovejas.

 

Llamó la atención que en el acto de asunción de las nuevas autoridades en la TV Pública la periodista Rosario Lufrano utilizara ciertos giros de barricada. "Sabemos del destrato y venimos a agradecerles la resistencia".

 

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