Política

Alberto Fernández quiere ser como el primer Néstor Kirchner, pero su presidencia es hija de la última Cristina Kirchner. No es la única idealización cruzada por diferencias insalvables. Los contextos interno y externo del mandato de Fernández son bien distintos a los de aquellos años idealizados por su relato. Pero Alberto se aferra a la nostalgia más confortable: la versión buena de Néstor, y soslaya la cara que proyectó su sombra sobre su viuda.

 

Cinco años atrás, el 18 de enero de 2015, la Argentina se enteró, anonadada, de que Alberto Nisman, el fiscal de la causa AMIA, había sido encontrado muerto en su departamento de Puerto Madero. El país ingresaba dramáticamente en un año electoral que culminaría con el ascenso a la presidencia de Mauricio Macri.

 

Es muy difícil progresar cuando periódicamente se vuelve a foja cero. En la ciencia –la ciencia de verdad– se avanza partiendo del trabajo ajeno.

 

Cuando se diseñó el actual oficialismo, comenzaron a presumirse tensiones entre la principal líder del grupo, la vicepresidenta, y su valido, el Presidente.

 

Más allá de las diferencias conceptuales y de estilo entre Berni y la ministra Frederic, de debates puntuales sobre el uso de las pistolas Taser, de pelea de egos (¿Berni pensó que sería el ministro nacional?), de sospechas sobre negocios truncos, la pregunta que se hace el mundo politizado es ¿por qué Berni subió tanto la apuesta? ¿por qué se animó a contestarle al presidente hasta quedarse con la última palabra?

La vicepresidenta despliega redes en organismos clave del Estado. Control de la "botonera" e instituciones con poder económico.

 

La UCR muestra más protagonismo, con comunicados contra las medidas de Alberto Fernández. En el PRO, hasta ahora sólo el equipo de Vidal respondió contra Kicillof e hizo valer su peso en la Legislatura.

 

El primer mes del presidente muestra algunos signos alentadores, aunque los índices de la economía tardarán en estabilizarse.

 

El default anunciado por la provincia de Buenos Aires es una decisión inexplicable. O solo podría explicarse como una estrategia conjunta del gobierno federal y del provincial para enviar señales de dureza a los acreedores de uno y otro. Sería, en tal caso, una maniobra de cierta suficiencia que ya Axel Kicillof aplicó cuando fue ministro de Economía.

 

Ajuste y ética de la resignación para un país empobrecido y cercado por la deuda. Primeros rasgos de la experiencia de Alberto en el poder.

 

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