Política

El Ministro de Economía aterrizó proveniente de Nueva York y fue el único funcionario que recibió el Presidente antes de partir a Europa. Siguieron la sesión de Diputados y repasaron estrategia.

 

Si la provincia de Buenos Aires se acerca peligrosamente a un default, como todo hace suponer, la deuda del gobierno nacional está también en riesgo.

 

Alberto Fernández ha convertido la deuda en el primer punto de su agenda y en la clave sobre su futuro, pero el que tomó la delantera en la materia fue Axel Kicillof, creación política de Cristina Kirchner.

 

Un juez sobreseyó a la ex presidenta por “insolvencia fraudulenta” una semana antes de que asumiera como vicepresidenta de Alberto.

 

La provincia se caracteriza no sólo por ser la segunda con mayor peso electoral del país, después de Buenos Aires, sino por su relación distante del gobierno nacional.

 

Alberto Fernández buscó puntillosamente esta semana dejar en claro que el kirchnerismo del que forma parte dentro del Frente de Todos no es aislacionista, y que la cantinela del gobierno anterior acerca de que la vuelta del peronismo a la Casa Rosada supondría un regreso al eje bolivariano no era más que una burda chicana para meterle miedo a la gente.

 

Sin reestructuración no hay programa. Sin programa nadie va a reestructurar.

 

El Presidente sube impuestos, devalúa y le da garantías de pago al FMI, mientras CFK atiende a la hinchada propia.

 

El ministro Martín Guzmán debió recordar -de seguro como pesadilla- el decreto 648 de 2001. Aquél que firmó Domingo Cavallo para encarar el megacanje de la deuda externa heredada por el gobierno de la Alianza.

 

El Presidente designó al ministro de Economía cómo único negociador frente a los bonistas y el Fondo Monetario Internacional, y lo respalda pese a las pujas palaciegas y a su inexperiencia en el ejercicio del poder

 

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