Miércoles, 08 Abril 2020 21:00

Financiar la cuarentena - Por Martin Tetaz

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Según los cálculos de Goldman Sachs, que recalibró sus estimaciones a la luz de los datos de desempleo, la economía de los Estados Unidos caerá 34% en este segundo trimestre que está empezando en abril.

 

En el terreno local el estudio Macro View, de Melconian y Santángelo, estiman una caída del 9% (el mejor escenario), mientras que Daniel Artana y otros colegas la ven en dos dígitos.

Todavía más dividido está el pronóstico de lo que puede ocurrir luego de la cuarentena, para empezar porque nadie sabe cuánto durará. Los más optimistas, como Goldman Sachs en Estados Unidos, creen que habrá un fuerte rebote y proyectan un 19% de crecimiento en el tercer trimestre y un 12% en el cuarto, ayudados por el potente paquete fiscal de dos billones de dólares que ayudaría a contrabalancear el efecto contractivo de segunda ronda, ocasionado por la caída en los ingresos.

Pero una cosa es la recuperación de una economía mucho más flexible, como la de Estados Unidos, con una política fiscal y monetaria mucho más potente, y otra cosa es en Argentina, donde cada día de cuarentena rompe un tejido productivo que será mucho más difícil reconstruir cuando el virus haya pasado, porque la institucionalidad penaliza la contratación de trabajadores y el Estado no tiene ni financiamiento para la política fiscal ni confianza para la política monetaria.

Al mismo tiempo, la falta de flexibilidad del mercado laboral local que dificulta las contrataciones también frena los despidos, sobre todo a partir del nuevo decreto que los prohíbe por 60 días, de modo que es plausible pensar en una caída menos profunda que la de Estados Unidos, pero también en una recuperación más lenta, tal y como proyecta la gente de Ferreres y Asociados.

Pero, aunque financieramente la clase media pueda romper el chanchito y las clases más bajas reciban transferencias del Tesoro, la cantidad de bienes y servicios finales ineluctablemente será menor. En algunos casos esa diferencia podrá ser compensada con caídas en los stocks. Sin embargo, si la cuarentena se extiende y los depósitos de las empresas se vacían, la única posibilidad de que consuman todos es que exista algún mecanismo de redistribución real de bienes desde los que los producen hacia los que están privados de hacerlo.

MECANISMO REDISTRIBUIDOR

En condiciones normales ese mecanismo redistribuidor es el libre intercambio de bienes en el mercado, pero en aislamiento social los que entregan alimentos no pueden recibir a cambio cortes de pelo, clases de gimnasia, viajes en avión, servicios profesionales de un dentista, café en un bar, etcétera.

Entonces el mecanismo de redistribución impuesto por el gobierno en cuarentena tiene que lograr que los alimentos fluyan desde los que los producen a los que los consumen, sin que del otro lado pueda haber una corriente real de bienes y servicios como contrapartida.

Si la corriente monetaria se mantiene más o menos inalterada, pero la corriente real se reduce dramáticamente, ese mecanismo es la inflación, que opera como un impuesto que reduce el poder de compra de los que trabajan, transfiriéndolo a los que no pueden hacerlo.

Alternativamente, el ajuste puede venir por el lado del sector externo. Cuando un país sufre una fuerte caída en su nivel de producción, las únicas dos posibilidades de sostener el consumo son reducir las existencias (stocks) o aumentar las importaciones. No obstante, en el caso de la Argentina esta posibilidad está reducida por la falta de divisas. Por lo tanto, si fracasan los intentos de reducir el consumo global y redistribuir recursos desde los que los generan hacia los que se quedan en casa, la válvula de escape será el dólar, como ya ha sucedido en el resto de los países de la región.

DERRUMBE FISCAL

Paradójicamente, uno de los principales afectados por la cuarentena es el propio Estado, que concentra sus esfuerzos en la provisión de salud, pero que dejó de proveer educación y buena parte de los servicios burocráticos que garantizaba. Del lado financiero, los hogares y las empresas que no facturan tampoco pueden pagar los impuestos. La semana pasada se conocieron los datos de recaudación de marzo, mostrando un crecimiento nominal de solo 35% contra un 50% de inflación. Sin embargo, los impuestos de marzo corresponden en muchos casos como el IVA a la facturación de febrero, cuando no había cuarentena, con lo cual el panorama puede ser mucho peor (se habla de municipios y provincias con caída de entre el 25% y el 55% en la recaudación).

En el caso de la Nación, puede suplir la falta de recursos genuinos con emisión, pero las provincias, salvo que vuelvan a las cuasimonedas, estarán mucho más complicadas. De hecho, durante el mes de marzo el Tesoro recibió 125.000 millones de adelantos transitorios y 80.000 millones de transferencias de utilidades del BCRA.

Para evitar una insurrección monetaria provincial, Nación tendrá que distribuir parte de su emisión, tal vez cambiando la mecánica de la coparticipación, transfiriendo fondos de acuerdo a la media móvil de la recaudación de los último seis meses, por ejemplo, como ha sugerido Martín Lousteau, para asegurarse de suavizar los bajos ingresos locales en estos meses y recuperar el dinero en los meses en que la recaudación de impuestos coparticipables se recupere.

En cualquier escenario, los números fiscales del 2020 serán calamitosos y habrá que barajar y dar de nuevo para ordenar la reestructuración de la deuda, puesto que será imposible generar un superávit necesario como para pagar siquiera intereses durante 2020 y 2021.

Martin Tetaz

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