Lunes, 04 Mayo 2020 21:00

El rey va desnudo - Por Martín Tetaz

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En la semana entrevistamos al Intendente de Castelli en Lanata sin Filtro, por Radio Mitre, a raíz del impuesto extraordinario al campo, que Francisco Echarren disfrazó de “tasa coronavirus”.

 

Más allá del debate sobre si se trataba de una tasa o un impuesto y si correspondía o no que el municipio lo impusiera, lo más insólito llegó cuando le preguntamos por qué recurría a una medida tan extraordinaria siendo que en su partido no circulaba el virus y de hecho no se había registrado ni un solo caso, ni siquiera importado.

La respuesta fue “tenemos que hacer una fuerte inversión para esperar lo que viene…todos los especialistas coinciden en que el virus va a llegar y se va a extender a lo largo y a lo ancho del país…”

Sin embargo, lo concreto es que la famosa curva de casos que necesitan atención en terapia intensiva, que amenazaba con desbordar el sistema de salud está muy por debajo de las 4850 camas de cuidados intensivos disponibles que tiene el sistema asignadas al COVID y está lejos de crecer de manera exponencial.


De hecho, Argentina podría tener la misma cantidad de contagiados que tiene México y todavía le sobraría el 80% de la capacidad del sistema hospitalario, aun cuando los Aztecas tienen el triple de población que nosotros y su presidente fue tan negacionista como Bolsonaro.

Esto no quiere decir que la cuarentena haya sido una mala idea. Al contrario. Si miramos la evolución de los contagios semanales es evidente que estábamos frente a un fenómeno exponencial, puesto que la cantidad de casos nuevos se multiplicaba por cinco cada siete días a mediados de marzo y si no se actuaba pronto el país entero hubiera acabado contagiado en unas pocas semanas.


Pero la curva efectivamente se aplanó en Argentina, o mejor dicho, como ha sostenido el ex Ministro Adolfo Rubinstein; “se aplastó”, lo que tampoco quiere decir que no existan profundas diferencias regionales. La provincia de Buenos Aires tuvo un rebrote; prácticamente duplicó sus casos en la tercera semana de abril y volvió a tener una suba del 50% en la cuarta parte del mes. La ciudad de Buenos Aires también asistió a una escalada en la última semana de abril, aunque no se trató de una suba en la circulación sino de un fenómeno de cluster, dentro de algunos geriátricos.


Pero hay provincias enteras, como Formosa y Catamarca, donde no se registró ningún caso y otras como San Luis, San Juan, Jujuy, Salta y Chubut, donde no hay circulación y se registraron muy pocos casos importados. Más aún; la provincia de Santa Fe, segunda en importancia económica, que tuvo su pico de casos a fines de marzo aniquiló el virus y tuvo un solo caso nuevo en los últimos seis días.


Entonces la pregunta del niño que observa al rey desnudo es simple: ¿Por qué tenemos a toda la gente encerrada, en lugares sin circulación viral, si no hay nada afuera? No está de más que mantengamos cierta distancia social, barbijos preventivos e higiene más frecuente de nuestras manos, pero no se entiende por qué no podemos volver al esquema de la semana previa a la cuarentena, con suspensión de actividades de alta aglomeración, pero libertad para trabajar y circular, en los mencionados distritos e incluso en localidades del interior de Buenos Aires, como la propia Castelli, que no tienen ningún caso reportado.

En la primera semana de marzo, las autoridades, tanto de Nación, como de CABA, justificaban que continuara funcionando el transporte público y que los chicos siguieran asistiendo a clases, porque no había circulación del virus y todos los casos eran importados. Entiendo las restricciones en el AMBA; pero ¿cuál fue el cambio de criterio que hace que hoy no haya clases en Formosa, Catamarca, San Luis, San Juan, Jujuy, Salta, Santa Fe, o los pueblos del interior de Buenos Aires sin contagios?

¿Alguien lo puede explicar?

La ingenuidad del rey está derrumbando la economía más allá de lo razonable, como lo demuestra la demanda de energía eléctrica de los grandes usuarios de CAAMESA, que si bien reactivaron parte de la producción, porque en la primera semana de cuarentena caía la demanda de la industria 52% y hoy esa reducción es del 42%, se profundizó el derrumbe en comercios y servicios, donde en la última semana de marzo se demandaba 39% menos que antes de la cuarentena y ahora se hundió hasta un 56% menos.


Además, cuanto más larga sea la cuarentena, más duro será el shock de demanda de segundo orden, puesto que las actividades paradas pagan menos o no generan ingresos directamente. Y también será más profundo el shock de oferta de tercer orden, por las empresas que no pueden resistir tantos días sin trabajar y ya no abrirán sus puertas incluso cuando el Estado se los permita.

Concomitantemente, más brutal será la caída en los ingresos fiscales de los tres niveles de gobierno (que hoy oscila entre 25 y 30% promedio), mayor será la emisión y peores las consecuencias en materia inflacionaria y de devaluación.

Martín Tetaz

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