Economía

Estas supuestas estrategias de largo plazo están basados en ideas intervencionistas en las que una mente iluminada decide qué hay que producir, a qué precios vender y en qué calidades hacer los productos 

La decisión de Alberto Fernández de cerrar con el FMI abre el debate de fondo que la coalición de Gobierno venía eludiendo. Gobernabilidad y futuro político.

 

Mientras escribía esta nota no podía dejar de recordar al célebre Alberto Olmedo representando al emperador de Costa Pobre, una nación especializada exclusivamente en la producción de bananas. 

Horacio Rodríguez Larreta, Elisa Carrió, María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo, Ricardo López Murphy, sus equipos técnicos y otras espadas de Juntos por el Cambio debaten desde hace meses sobre la etapa que se abre a partir de lo que ocurrió anoche.

La realidad golpea la puerta de la Casa de Gobierno desde hoy. El sueño se acabó. El llamado de Alberto Fernández a la oposición a una "agenda compartida" es el llamado a la agenda "kompartida". Fracasa sin arrancar. Se llama a un diálogo criticando a los que se invita a dialogar y manteniendo lo hecho hasta ahora: no ajustar el gasto público, emitir más, criticar al FMI y esperar a que llegue un crecimiento de la economía que todo lo arregle. Pero los tiempos, como las reservas, se agotan. 

El Gobierno deberá elegir entre un programa modesto con respaldo del FMI, o profundizar el fracaso por el camino de la “heterodoxia” y los controles 

El cierre de las campañas dejó a los argentinos sin respuestas para todas las preguntas que se fueron acumulando a lo largo del año electoral, en medio de la incertidumbre provocada por la ausencia de un plan económico y su correlato en la suba del gasto público, la emisión, la inflación, el dólar blue –frenado simbólicamente ayer–, la brecha cambiaria al 100% y el creciente drenaje de reservas del Banco Central (BCRA) para contenerla. 

Llegamos al 14 de noviembre y el pescado sin vender. El desorden dentro de la coalición coordinado por la derrota inesperada de las PASO derivó en una tregua transitoria tras un cambio “a las piñas” de gabinete.

Para el sector privado, no sólo la palabra presidencial ha perdido toda credibilidad, sino que el mandatario tampoco puede dar garantías de las cartas que piensan jugar los otros participantes de su coalición

La Argentina necesita mucho más que un plan de estabilización de precios: necesita un programa integral de cambio de régimen económico. Esto significa no sólo armar un plan creíble para bajar la inflación (a su nivel más bajo posible, en el tiempo más corto posible), sino también diseñar un paquete de reformas estructurales que modernicen y desregulen la economía argentina, de forma tal de hacerla más abierta y productiva y, en definitiva, más atractiva y competitiva.

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