Lunes, 05 Octubre 2026 11:25

Milei y la elección en Brasil. Sobre flores y trincheras - Por Claudio Fantini

Claudio FantiniFrente al avance de posturas radicalizadas, la disputa electoral en Brasil plantea un choque crucial entre el consenso democrático más amplio e intolerancias.

“La lucidez es una flor que no crece en las trincheras”. El lúcido Jorge Fernández Díaz cerró con esa pincelada un estupendo artículo que comenzó citando la expresión acuñada por el ensayista español José Peláez: “infraderecha”. 

El infraderechismo y la política de trincheras constituyen una encrucijada. Las respuestas desopilantes de Javier Milei; haber retuiteado un meme que se burla de Emmanuel Macron en la antesala de viajar a Francia; las groserías con que sigue atacando a periodistas; el delirante señalamiento de “Anticristo”; las estadísticas absurdas que menciona sobre empleo, pobreza, crecimiento económico y terroristas deportados, además de su dificultad para entender la realidad social agravada por su gobierno, lo colocan bajo el rótulo “infraderecha”.

Haber sido el eco de Donald Trump en la Asamblea General de las Naciones Unidas en lo referido a repudiar la organización global y el multilateralismo, defendiendo el desarrollo de inteligencia artificial sin controles y negando el cambio climático a pesar del crecimiento de sus devastadoras señales, mostró al Presidente en las antípodas de Lula da Silva. “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, dijo el líder brasileño en la ONU.

En ese mismo lugar, y en toda la línea de su política interior y exterior, Milei colocó a la Argentina en el patio trasero de Mar a Lago. Ni siquiera en el de Estados Unidos, sino en el patio trasero del personaje que en Manhattan tuvo como contracara a un defensor del multilateralismo y la democracia occidental: el canadiense Mark Carney.

A Nueva York, Milei fue a decir que Trump tiene razón en todo, mientras que el premier de Canadá y su canciller, Anita Anand, fueron a rebatir las posiciones que sostiene el ampuloso personaje que puso la economía global a la deriva con sus aranceles y su guerra mal calibrada contra una teocracia oscurantista a la que fortaleció en lugar de “destruirla”, como había asegurado que haría en dos semanas.

Milei fue una voz más en el coro que acompañó la voz solista de Trump. Describió un mundo en el que una conspiración “comunista” se vale de pandemias, fenómenos climáticos y avances tecnológicos para aterrar a la humanidad. Ese miedo a contagiarse un virus, calcinarse en un planeta recalentado o morir en un holocausto provocado por la IA es el instrumento con que el “comunismo” busca poner a las sociedades del mundo bajo control.

En esa lectura delirante, el multilateralismo y las acciones globalmente acordadas son los asesinos de la “libertad”. Eso es lo que Milei sostuvo en la ONU y repite en cada escenario de la infraderecha al que lo invitan.

A Lula se le pueden cuestionar muchas cosas. Lo que no se puede es poner en duda su inteligencia y su estatura política.

Que no tenga la reelección asegurada se explica en sus errores y lados opacos, en la desfalleciente cultura democrática de este tiempo y en otras realidades que no incluyen un adversario electoral inteligente y capacitado.

Decir que, al lado del actual presidente brasileño, Flávio Bolsonaro es mediocre no es una opinión ni una apreciación subjetiva, sino una realidad objetiva. Es cómo decir que Felipe VI es más alto que Macron. Ahí no hay subjetivad, sino constatación de lo evidente. El presidente francés es evidentemente más bajo que el rey de España.

Con todo lo que se le puede cuestionar a Lula, que no es poco, si perdiera en el proceso electoral que comienza el domingo, sería una mala noticia para el canadiense Carney y para los líderes centristas que aún defienden la democracia liberal.

En esta elección, Lula representa el centro. Todos sus gobiernos fueron en alianza con centroderechistas. Sus vicepresidentes siempre fueron centroderechistas. Y cuenta con el apoyo de los mejores exponentes de la centroderecha, entre ellos, el gran Fernando Henrique Cardoso.

En cambio, Flávio Bolsonaro representa una derecha autoritaria, homofóbica, irrespetuosa de las diversidades humanas y racistoide. Un conservadurismo recalcitrante.

Igual que Milei, Bolsonaro ejerce violencia retórica, negligente y vulgar.

Si Lula logra frenar la ola reaccionaria en las urnas de Brasil, festejarán el premier canadiense, la mejicana Claudia Sheinbaum, la arrinconada ala moderada del Partido Republicano y todo el Partido Demócrata de EE.UU., además de la centroderecha y de la centroizquierda europeas; o sea, todos los centristas.

Lula lo explicó en la ONU señalando una disyuntiva esclarecedora: “Democracia o extremismo”.

Los liderazgos radicalizados son los actuales enemigos de la democracia liberal.

Si el pluralismo y el Estado de derecho sobreviven a esta ola reaccionaria que multiplica los liderazgos impresentables, la cultura democrática se fortalecerá y se volverá a comprender algo importante: el centro no es un punto equidistante de la derecha extrema y de la izquierda extrema, sino el polo opuesto a ambos extremos.

Sólo ahí crece la lucidez, esa flor que nunca germina en las trincheras.

Claudio Fantini   
Fuente: https://www.lavoz.com.ar/opinion/flores-trincheras_0_OExxfTKc3R.html

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