Lunes, 02 Noviembre 2026 11:27

Milei naufraga en la ola reaccionaria - Por Claudio Fantini

Claudio FantiniLa victoria de Lula en Brasil fue una derrota para el presidente argentino, agravada por la inconcebible fuga de Flavio Bolsonaro, quien huyó del país tras perder la elección, para no enfrentar las causas judiciales que lo acechan desde hace tiempo. 

No hubo brindis en el Kremlin ni en la Casa Blanca. En Serbia, perdió Aleksandar Vucic, la ficha balcánica de Vladimir Putin. Una ficha tan valiosa para el déspota ruso como Viktor Orban en Hungría. Y Donald Trump no pudo ocupar con una ficha propia el casillero más valioso de Sudamérica: Brasil. 

Para colmo, la elección en Israel mostró que la mayoría en ese país no quiere al gobierno ultraconservador que lidera Benjamín Netanyahu. Aunque su coalición fue individualmente la más votada, el bloque de partidos anti-Netanyahu logró más bancas en el Parlamento.

Por cierto, el primer ministro buscará retener el cargo, para lo cual necesita que a sus socios jaredíes (partidos ultraortodoxos que impulsan el expansionismo territorial pero rechazan cumplir las obligaciones militares como los demás ciudadanos, alegando cuestiones religiosas) se sumen opositores dispuestos a traicionar los votos que recibieron para que saquen del poder al primer ministro acusado de corrupción, que convirtió el gobierno en su guarida.

De no lograrlo, y de poder el líder opositor Gadi Eisenkot sumar de algún modo el apoyo de los fortalecidos partidos árabe-israelíes sin romper con socios como Natali Bennett y Avigdor Lieberman (reacios a una alianza árabe-judía), habrá acabado la era que más aislamiento internacional y más daño en su imagen ha causado a Israel.

Que la mayoría votara contra Netanyahu también fue un mal trago para el presidente argentino, el único ferviente admirador que tiene en el mundo el controversial líder del Likud.

Un impacto llamado Lula

Las urnas de Brasil tampoco le sonrieron a Javier Milei, el más agresivo exponente del trumpismo en Sudamérica. A su “amigo” Flavio Bolsonaro no le alcanzó el apoyo de los algoritmos y los bombardeos verbales que, por encargo de Trump, él lanzó contra Lula da Silva. El líder del PT tenía que realizar una proeza. Y lo logró.

Lula hizo la proeza de remontar una derrota, porque entendió las claves del resultado de la primera vuelta. Encaró la campaña al balotaje con menos Janja y más Alckmin. Su esposa Janja es PT puro, y en sobredosis, mientras que Geraldo Alckmin expresa la centroderecha con mayúsculas que ha tenido Brasil y que integró siempre los gobiernos de Lula.

El problema no era que perdiera el PT, sino que la derecha que lo enfrentaba no es aquella gran centroderecha que expresaron figuras respetabilísimas como Tancredo Neves, José Sarney, Mario Covas, Franco Montoro y Fernando Henrique Cardoso, sino un derechismo violento, vulgar, racista, recalcitrante y liderado por personajes impresentables.

Por eso, el resultado implicó una victoria del centro contra un extremo. De ambos candidatos, indudablemente Lula es quien está más cerca del centro.

Para revertir la derrota inicial, necesitaba enfrentar los algoritmos de las plataformas que los tecnomagnates plutócratas siempre ponen a favor del conservadurismo más oscuro. Lula lo hizo con notable éxito.

También necesitaba convertir en votos millones de abstenciones. Lo logró. Y consiguió algo que parecía más difícil: que el “voto castigo” de muchos centristas que, por las dificultades económicas, fueron a Flavio en la primera vuelta, en el balotaje se convirtiera en votos que vuelven arrepentidos al líder que quisieron castigar.

Esos votos castigo eran cerca de 1.200.000 y valen doble, porque se sumaron a Lula y se restaron a Bolsonaro, no como el voto que viene de la abstención, que solamente se suma.

El odio y el prófugo

Otro factor, aunque marginal en términos estadísticos, es el equivalente bolsonarista a lo que fue “el cajón de Herminio Iglesias”: en el último debate, Flavio cometió un error que lo mostró cruel y negligente. Fue cuando llamó “nueve dedos” a Lula, bullying que normalmente las bases y las dirigencias bolsonaristas hacen del líder centroizquierdista.

Burlarse en el debate de que tenga un dedo menos mostró crueldad, porque el bullying es cruel, y también negligencia, porque exhibir en semejante instancia electoral ese rasgo abyecto es lo que Flavio Bolsonaro no debía hacer. Mucho menos si el dedo que le falta a Lula lo perdió operando un torno siendo obrero metalúrgico.

Lula hizo la proeza de convertirse en el primer candidato en su país que revierte una derrota en primera vuelta y en el presidente más políticamente exitoso de la historia democrática de Brasil.

Su victoria fue una derrota para Milei, agravada por la inconcebible fuga de Flavio, quien huyó del país tras perder la elección para no enfrentar las causas judiciales que lo acechan desde hace tiempo. Para colmo, en esa fuga quedó involucrado el Gobierno argentino, por acatar el plan urdido en Washington.

El Partido Liberal y toda la derecha reconocían el triunfo de Lula y dejaban solo al prófugo, mientras Milei guardaba silencio y colaboraba en la fuga.

Todos los presidentes de la derecha latinoamericana felicitaron al vencedor. Milei no pudo porque había cumplido la servil misión “trumpista” de esmerilar a Lula con insultos, cruzando líneas tras las cuales no hay retorno.

Claudio Fantini   
Fuente: https://www.lavoz.com.ar/opinion/milei-naufraga-ola-reaccionaria_0_1fMgDTXi56.html

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