Opinión
El populismo endiosa el voto y desprecia el orden institucional - Por Roberto Cachanosky
Escrito por Roberto Cachanosky
El ganar una elección presidencial no otorga superpoderes, y menos no respetar la división de poderes que caracteriza a la República
En 2021, hace apenas dos años, hubo elecciones legislativas de mitad de término. Todavía se coexistía con las restricciones derivadas del confinamiento impuesto para enfrentar la pandemia de Covid. El largo encierro, la falta de clases, el coma autoinducido de la actividad económica, las restricciones a las libertades individuales, la liberación de presos, el manotazo a los fondos de coparticipación de la ciudad de Buenos Aires y el régimen de excepción que congeló la actividad legislativa tenían su contracara en los vacunados vip, en las demoras en comprar vacunas y en los festejos de los privilegiados en Olivos. Los contrastes generaron un clima de hartazgo social que se fue expresando en manifestaciones populares espontáneas a lo largo y a lo ancho del país, y que en la Capital Federal tuvieron como epicentro la avenida 9 de Julio y el Obelisco.
Milei o no Milei, la peligrosa fascinación por los salvadores providenciales - Por Rogelio Alaniz
Escrito por Rogelio Alaniz
Milei o no Milei, esa parece ser la cuestión. Por lo menos para muchos argentinos lo es desde hace dos semanas. El futuro dirá si la estrella que empezó a titilar en el firmamento era el anticipo de una iluminación reveladora o apenas un fugaz juego de luces, un encandilamiento tan breve como repentino. Milei o no Milei. Hamlet hace algunos siglos se planteó el mismo interrogante, pero para resolver otros dilemas. Su intensidad dramática no impidió que algunos dijeran que estaba loco, o que se hacía el loco, una posibilidad que en el teatro de la política nunca se debe descartar. Yo, confieso, no me siento atado por esa contradicción que para algunos es un dilema y para otros, una paradoja. Y no faltan los que la viven como una culpa, aunque tal vez para muchos sea sencillamente algo parecido a una revelación.
Una historia personal y Javier Milei: el riesgo de quedar colgado del pincel - Por Carlos Mira
Escrito por Carlos Mira
Cuando el otro día, en la entrevista con Tucker Carlson, Javier Milei -repitiendo la frase de Milton Friedman sobre que el gran aporte de los empresarios a la sociedad era ganar dinero- dijo que con eso no alcanzaba y que esa franja privilegiada de la sociedad debía respaldar a aquellos que defendían los principios por los cuales sus emprendimientos y empresas eran posibles porque de lo contrario la prédica socialista prevalecería y sus empresas estarían en peligro, me parecía estar escuchándome a mí mismo cuando, a principios de los 2000 -ya con Kirchner en el gobierno- repetía hasta el cansancio esa misma idea en mis reuniones con empresarios para entusiasmarlos a que sus empresas respaldaran la prédica por la libertad que trataba de difundir en mis programas.

Consiste en que el potencial de nuestro territorio y la educación de los argentinos se conjuguen con reglas de convivencia en paz para que ese potencial se haga realidad.
La construcción del enemigo, de Cristina a Milei - Por Fernando Laborda
Escrito por Fernando Laborda
Durante una conferencia dictada en la Universidad de Bolonia, en 2008, el recordado semiólogo y escritor italiano Umberto Eco narró el asombro que le provocó la pregunta que una vez le formuló un taxista pakistaní en Nueva York: “¿Quiénes son los enemigos de su país?”, quiso saber cuándo se enteró de que su ocasional pasajero venía de Italia. “Quería saber con qué pueblos estábamos en guerra desde hacía siglos por reivindicaciones territoriales, odios étnicos, violaciones permanentes de fronteras, etcétera, etcétera. Le dije que no estábamos en guerra con nadie. Con aire condescendiente, me explicó que quería saber quiénes eran nuestros adversarios históricos, esos que primero nos matan y luego los matamos nosotros o viceversa. Le repetí que no los tenemos, que la última guerra la hicimos hace más de medio siglo, empezándola con un enemigo y acabándola con otro”, contó Eco. Pero el taxista, nada satisfecho con la respuesta, seguía preguntando: “¿Cómo es posible que haya un pueblo que no tiene enemigos?”. Terminada la conversación, el ilustre pasajero, avergonzado de su indolente pacifismo, se bajó del taxi, no sin antes dejarle al conductor pakistaní dos dólares de propina.
Argentina vive en un estado caótico, es decir en una confusión absoluta. Y las personas se están acostumbrando a codearse con una permanente situación que ignora la ley. Todas las leyes. Empezando por el gobierno.
“Un estúpido es un estúpido. Dos estúpidos son dos
estúpidos. Diez mil estúpidos son una fuerza histórica”.
- Leo Longanesi
La espectacular victoria obtenida por el candidato de Juntos por el Cambio en la provincia de Santa Fe -con la particularidad de que fue más holgada de lo que todos esperaban- ha llenado de júbilo a Patricia Bullrich y, en general, al grueso de los miembros de esa coalición. Está bien que así sea, a condición de entender que la excelente performance de Maximiliano Pullaro, si bien permite ilusionarse con la posibilidad de una seguidilla de triunfos en las provincias de Chaco y Mendoza -algo que está en la cabeza y los planes de los estrategas de campaña cambiemitas- no admite, en cambio, extrapolar votos que son estrictamente de carácter provincial al ámbito nacional.
La grieta argentina es más profunda y de otro tipo: enfrenta a un supuesto pueblo contra un supuesto antipueblo, uno y otro con su derecha y su izquierda.
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Elecciones: lo ocurrido hasta ahora configura un sistema político con características innovadoras, por las autoridades que están siendo designadas y por los estilos de liderazgo que la sociedad parece reclamar
La Argentina tiene con el nacionalismo idiota una cuestión con la que tropieza casi a diario. Muchas veces parecería que no hay tema que se salve de ser pasado por ese tamiz. A tal punto que no son pocos los que, antes de emitir una opinión públicamente, verifican si la misma supera la prueba ácida del nacionalismo, porque si no la superan muchos podrían considerar que es mejor callar.
“Tiene que haber tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”, decía Willy Brandt en 1958, cuando era alcalde de un Berlín dividido y que aún luchaba por resurgir después de la derrota de la Alemania nazi. Brandt tuvo una carrera política exitosa que coronó como canciller alemán entre 1969 y 1974, y mucho tuvo que ver en el desarrollo de uno de los países que pasó de la destrucción total a ser una potencia mundial, además de ser reconocido con el Premio Nobel de la Paz.
Las noticias y los textos que acompañan las imágenes divulgadas por los líderes supuestamente más exitosos desde el punto de vista de sus chances electorales se asemejan bastante a algunos vientos huracanados que se llevan todo a su paso.

