Opinión

“El miedo sólo sirve para perderlo todo”.
- Manuel Belgrano

El modelo populista agoniza por la quiebra del Estado, pero los candidatos no garantizan una salida a la crisis. Milei, por falta de gobernabilidad, y Massa, porque es un producto del sistema

Si uno se toma el trabajo de repasar con algún detenimiento las opiniones que luego del debate del pasado día domingo vocearon los más distinguidos analistas políticos, los periodistas especializados y reconocidos encuestadores, lo que salta a la vista es que -más allá de sus preferencias ideológicas- coincidieron en que Massa había llevado la mejor parte.

“Quien por su seguridad sacrifica su libertad, no merece ni la libertad ni la seguridad.”   
- Benjamin Franklin

Cualquiera sea la decisión de la ciudadanía expresada en el voto popular, este domingo podríamos comenzar a transitar una etapa sin precedente en la convulsionada historia política argentina. Lo que hasta hace poco parecían escenarios impensables o inviables en menos de 72 horas formarán parte de una intrigante realidad. Habrá de acotarse, al menos en el margen, el enorme marco de incertidumbre que viene caracterizando a este singular proceso electoral: sabremos quién será el nuevo presidente, si no surgen cuestionamientos a la transparencia y legitimidad de los comicios. Pero aun cuando eso no ocurra (crucemos los dedos para que así sea), quedarán serias dudas sobre el futuro político, económico y social de esta Argentina fragmentada que está a punto de cumplir cuatro décadas de continuidad institucional.

Escucho por la radio que se han organizado apuestas para las elecciones del domingo. Frivolidad, consumismo, vicio o como más les guste, pero en cualquiera de los casos lo cierto es que esto ocurre porque el escrutinio se presenta reñido, un "cabeza a cabeza", dirían los burreros. En todos los casos, el que gane lo hará por poca diferencia. En condiciones normales ese equilibrio exigiría o habilitaría un acuerdo de gobernabilidad, una expectativa que tal como se presentan los hechos, resulta imposible.

Nuestra sociedad vive inundada por descripciones de lo que nos ocurre según la visión de quienes no se detienen a analizar mayormente las razones profundas que nos han traído hasta donde estamos. Todo suele ser, para ellos, “aquí y ahora”.

De los bolsos de López al impúdico yate de Insaurralde, de la muerte del fiscal Nisman al espionaje ilegal de Ariel Zanchetta, el populismo se convirtió en un inconmensurable pozo ciego

“Nadie hay tan osado que lo despierte… De su grandeza tienen temor los fuertes… No hay sobre la Tierra quien se le parezca, animal hecho exento de temor. Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios”
-
Definición de Leviatán

Por sí o por no, ¿nos sentimos más esclarecidos después del debate del domingo, una instancia que los estrategas consideran crucial antes del balotaje? ¿O solo quedamos más confundidos? La pregunta no es para aquellos que forman parte de los núcleos duros de la grieta, ni para los muy informados, sino para aquel electorado estratégico, volátil, cuyo voto cambia según el contexto. Aquel votante autónomo que, en última instancia, define el resultado de la elección.

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