Opinión

 

Pese al relato oficial sobre el entendimiento con el Fondo Monetario, lo acordado es algo mucho más modesto.

 

El piquetero Luis D´ Elía convocó a una marcha contra la Corte Suprema para el martes próximo. Su propósito es que los miembros del alto tribunal renuncien a la noche de ese día. Les concede, magnánimo, unas horas para reflexionar, “y puedan desatar la institucionalidad democrática en la República Argentina en un debate que nos permita ver cómo los reemplazamos”. D´Elía tiene una larga experiencia en putsches. Sus acólitos aún recuerdan con admiración el día en que tomó una comisaría para exigir la liberación de un detenido.

 

Finalmente se optó por la racionalidad. El entendimiento es políticamente lo más razonable que se pudo hacer. Lo otro era el salto al vacío. No acordar con el Fondo no le servía al gobierno, ni a la oposición y mucho menos a los argentinos. Punto.

 

Si nos tomáramos el trabajo de hacer un resumen breve respecto de las crisis políticas, económicas y sociales que hemos debido sobrellevar en el último medio siglo, pronto saltarían a la vista -sin necesidad de ser un historiador, economista, sociólogo o estadístico de nota- cuatro fenómenos que sólo se han dado en nuestro país en términos de 1) su recurrencia, 2) su magnitud, 3) la incapacidad de hacerles frente aun cuando -recortadas, como estaban, en el horizonte- nunca nos tomaron de sorpresa y 4) la ineptitud que demostramos para extraer lecciones útiles de esas experiencias desgraciadas.

 

A pesar de los fracasos sistemáticos del Estado argentino para brindar los bienes públicos esenciales (seguridad, justicia, educación, salud, infraestructura física y cuidado del medio ambiente), agravados como consecuencia de que su tamaño adquirió en los últimos tres lustros dimensiones descomunales, tanto en el FDT como en buena parte de la política nacional continúa predominando una fe ciega en su potencial como herramienta de transformación económica y social.

 

El probable que la cordura prime y el acuerdo con el FMI llegue en algún momento. Sin embargo, el daño que se le ha hecho hasta acá al país es inconmensurable

 

¿Firmará el Gobierno un acuerdo con el Fondo Monetario? Seguro que el culebrón durará un rato más, en un crescendo teatral, entre indiscreciones y escándalos, frases grandilocuentes y gestos para la platea.

 

Así titulaban en 1984 su famoso tema las “Viudas e Hijas de Roque Enroll”, y en donde hacían referencia tangencial a uno de los temas de agenda del momento: las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Pasaron 38 años –toda la etapa democrática- y seguimos con titulares catástrofe sobre si acordamos o no. Un deja vu para un presidente que dice sentirse identificado con Raúl Alfonsín.

 

Uno de los logros mundiales más significativos frente a la pandemia del Coronavirus y sus derivaciones, consistió en haber puesto en evidencia algunas virtudes de una nueva productividad en países que trasladaron rápidamente gran parte de las labores remuneradas en la industria y el comercio a la nube digital, en cuanto caso fuese posible, suturando estratégicamente la emergencia.

 

En una semana clave para las negociaciones con el Fondo Monetario, en la previa al vencimiento de enero, el presidente Alberto Fernández se refirió a la cuestión y volvió a marcar que Argentina persigue un acuerdo que no condicione el crecimiento. Expresó que en el pago de la deuda que contrajo el gobierno de Mauricio Macri debe contemplarse el “derecho a crecer como nosotros queremos crecer”. Y agregó que “cuando los ajustes llegaron nuestro pueblo padeció”.

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