Opinión

 

La velocidad de los cambios de ánimo de nuestra sociedad en estos últimos meses ha sido de una hondura fenomenal.

 

 

El presidente declaró la exclusión nacional de Córdoba.

 

 

El modelo de país con el que sueña la ciudadanía está cada vez más lejos del modelo que añora, y con el que insiste, el oficialismo de pura cepa

 

 

El Gobierno llega a las elecciones con protestas por la inseguridad y dólar e inflación en alza. 

 

 

Una ley a medida permitió en la práctica que Daniel Ortega y su híperinfluyente esposa-vicepresidente consiguieran el sueño de todo dictador: unas elecciones sin candidatos opositores

 

 

Los vetustos y por momento irracionales mecanismos requieren de una amplia reforma, que incluya la lista sábana y la boleta de papel.

 

 

Congelar los precios de los medicamentos es la última puesta en escena de un gobierno que llega dividido a las elecciones.

 

 

Solo la resiliencia congénita de los argentinos frena un pronóstico más sombrío frente a la superposición de fenómenos que se concentran en el tramo final del segundo año de la pandemia.

 

 

En poderosos segmentos de la universidad argentina y en el interior de proactivos cenáculos culturales, dominados siempre por mandarines y comisarios políticos, persisten en ignorar o directamente censuran a escritores que no adhieren a alguna de las floridas variantes del peronismo, a cualquier forma del marxismo militante o utópico y a sus inofensivos acompañantes terapéuticos: esos sujetos y sujetas que se hacen los gansos para sobrevivir a la cancelación del medioambiente.

 

 

Si se traduce literalmente, “stand alone” quiere decir parado solo, pero la definición económica se refiere a “mercados con muchísimos problemas regulatorios y/o políticos, muy poco atractivos para inversores”. Argentina y su Presidente califican como “standalone”.

 

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