Opinión

Caos significa desorden o confusión absolutos. La Argentina es un país caótico en muchos sentidos y contribuye al caos en gran medida el gobierno que dice una cosa por la mañana y todo lo contrario por la tarde. Hasta hay leyes que se contradicen.

“Cada ficha judicial que mueve el Gobierno vuelve … más evidente su responsabilidad penal”.
- Jorge Fernández Díaz

Si se confirman los pronósticos electorales, la crisis que se desatará el día después tal vez nos reconduzca al realismo.

La conveniente y fingida ignorancia que hace que la divisa pueda ser confiscada de mil maneras, con sorprendente y tolerante anuencia generalizada.

No es tarea fácil explicar las razones en virtud de las cuales los actores estelares del Frente de Todos actúan a contramano de sus intereses. Es empresa bien difícil tratar de entender porque en su hora más difícil no aciertan a cerrar filas, dejar de lado sus diferencias y marchar en una sola dirección.

Del “Vienen por todos” al “cuidado que, quizás, se quedan sin nada”. En pocos días, la parábola que ha recorrido el gobierno de Alberto Fernández (es un decir) ilustra bien esa caracterización de la Argentina como país en donde puede pasar de todo. Incluso nada.

Si queremos resultados diferentes, debemos hacer cosas diferentes. Si queremos una Argentina distintas, debemos evitar hacer lo que nos trajo hasta este fracaso estrepitoso
¿La inevitable corrección la hará la política o el mercado? - Por Sergio Berensztein
Sergio Berensztein
El Gobierno decidió poner el foco en mejorar el resultado de las elecciones con medidas de distinta índole que apuntan a recuperar a un importante grupo de votantes que, por diferentes motivos, abandonaron al Frente de Todos en las PASO.

A partir del 15 de noviembre, ya atravesada la encrucijada cruel del cuarto oscuro (se verá con qué saldo), el Gobierno deberá afrontar un desafío más exigente, que por el momento se ve postergado por la necesidad de contener (o al menos disimular) las diferencias internas hasta el comicio. A partir de aquel día tendrá que zanjar de manera inequívoca el rumbo inmediato de la administración, lo que no necesariamente equivale a disipar todas las ambigüedades, pero sí a comenzar a definir un liderazgo y una política, tras la crisis con la que las primarias de septiembre castigaron al sistema de poder hasta allí vigente.

El solo hecho de reconocer que el “frente” que gobierna es una bolsa de gatos que hacen sus deposiciones en los lugares que les place, no significa que hayamos encontrado aún el método para enterrar definitivamente un tipo de “militantismo incivilizado”, del que habla el filósofo francés Luc Ferry, un luchador implacable por el logro de una articulación educativa que permita elevar el nivel de la cultura política.
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En un país que nació especializándose en la producción de alimentos demandados por las potencias europeas desde fines del siglo XIX, el significante “hambre” fue durante su primera centuria un arma estratégica de lucha política y sindical. Sobre todo, en contra de los sucesivos planes de racionalización del gasto público a partir de los ‘50.

El mecanismo que se hizo visible en la valija de Antonini Wilson podría explicar la reticencia del gobierno argentino para reclamar por los presos políticos venezolanos.

¿Y si lo que pasa dentro de 20 días es que cerca del 70% de los argentinos dirá que no quiere peronismo en ninguna de sus formas, ni capitalista, ni anticapitalista, ni represor ni garantista, ni dialoguista ni dictatorial?

Esa debería ser la prioridad de la clase política argentina en general como respuesta al humor social.

