Opinión

 

Arrojada del tren de la Ilustración al que intentaba subir, la Argentina fue devuelta por el peronismo a la carroza de los Reyes Católicos

 

 

Resulta obvio que en el Frente de Todes se respira un aire de desesperación. Han advertido que el terremoto de Olivos ha producido unas réplicas fortísimas en la sociedad y que la imagen del gobierno y la intención de voto a sus candidatos están en serio peligro.

 

 

A lo largo de mi vida, el peronismo me pone a prueba. Puso a prueba mi sensatez y mi responsabilidad políticas durante mi juvenil militancia. Desde el colapso militar en 1982, pone a prueba mi capacidad para ir más allá de la tolerancia.

 

 

El Presidente y su vice están furiosos uno con la otra. Reina el desamor en la coalición oficialista, entre acusaciones mutuas.

 

 

Durante más de un año Alberto Fernández repartió amonestaciones a todos los argentinos: desde decirle idiota a un surfer que simplemente intentaba volver a su domicilio hasta criticar a uno de los autores de este artículo por llamar a la desobediencia civil a los comerciantes que se estaban fundiendo.

 

 

¡Qué clarito todo!

El ámbito, los protagonistas, el tono, el contenido, la difusión, los apoyos, la falsedad ideológica, el espanto.

 

 

La grieta se hace metafísica cuando creemos que el que piensa distinto, en vez de sostener ideas tan respetables como las nuestras, expresa la mentira o la locura.

 

 

Hace unos años, durante un lujoso homenaje a Octavio Paz en Casa de América de Madrid, se desplegó un amable pero significativo debate ideológico entre el liberalismo puro y duro, y el llamado “liberalismo de izquierda”, que encarnó aquella tarde el mismísimo Felipe González.

 



“No podemos echarle la culpa a ningún imperio ni a una invasión marciana;
 
la derrota más amarga la construimos nosotros, ladrillo a ladrillo”.
   
- Jorge Fernández Díaz

 

 

Convengamos que los dioses nos han permitido atravesar por los rigores de una semana en la que el peronismo pareciera que se propuso hacer todos los esfuerzos imaginables para exhibir uno de los perfiles de un rostro que, si bien se distingue por sus múltiples expresiones, esta vez nos brindó la oportunidad de conocer o reconocer una de sus facetas más genuina.

 

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