Opinión

 

 

Hubo un tiempo en que la señora Cristina hablaba desde la tribuna y el atril y se suponía que el país entero se detenía extasiado a escucharla. Hubo un tiempo en que la Señora bailaba en los escenarios, mientras en otras ciudades la policía apaleaba trabajadores. Ahora parecería que ese pasado, algo tropical, algo caribeño, se confunde cada vez más con leyendas o con pesadillas cargadas de brumas y sombras. La Señora ahora no habla, o no habla tanto, pero, como madame du Deffand o la marquesa de Merteuil o, por qué no, alguna sugestiva heroína de Manuel Puig escribe cartas.

 

 

 

La dinámica de la grieta fortalece a los duros y centrifuga a los moderados.

 

 

 

La grieta no es sólo un juego dialéctico virtual en medios de comunicación y redes sociales sin consecuencias en el mundo real.

 

 

Cualquier intento del Gobierno de ordenar la economía tropieza con el único requisito que Cristina no negocia: asegurar su impunidad

 

 

No creo que los kirchneristas conozcan la historia del peronismo. Es probable que hayan ingerido pequeñas píldoras, leído los clásicos del “socialismo nacional”, asimilado cierta catequesis. Sin embargo, hacen lo que el peronismo hizo, dicen lo que dijo, siguen las huellas que dejó. ¿Coincidencia?

 

 

 

“Es preferible para los pueblos tener malas leyes con 
buenos jueces que buenas leyes con malos jueces”.

- Francesco Carnelutti

 

 

Desde las redes sociales se viene reproduciendo una frase de asombrosa vigencia para cualquier argentino que haya seguido las noticias del ámbito político y judicial durante la última semana.

 

 

El tío Cámpora y el tío Alberto cumplieron el papel de delegados de quien por diversas razones quería, pero no podía acceder a la presidencia de la Nación.

 

 

 

Utopía, de acuerdo a la definición de Quevedo en traducción casi literal del griego, significa "no hay tal lugar". La palabra se hizo famosa a partir de un libro de Tomás Moro (santo para católicos y anglicanos) escrito en 1516, donde describió una isla habitada por una sociedad ideal.

 

 

Mueven a risa los pronósticos optimistas lanzados a correr por las usinas gubernamentales con base en el alza del precio de la soja, la baja de las tasas de interés internacionales y las oportunidades que volverían a abrirse de que determinados países emergentes -incluido el nuestro- reciban inversiones considerables en el año a punto de comenzar.

 

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