Opinión

 

La Argentina es un país donde proliferan los “ismos”. Tenemos una manía de que a cada fenómeno político emergente le adosamos ese sufijo. Así tenemos republicanismo y populismo. También peronismo y alfonsinismo (como antes hubo rosismo, mitrismo y roquismo). Y tuvimos “menemismo” y hasta “delaruismo” y “chachismo”. Y “kirchnerismo”, aun en su momento inicial, cuando todos sus integrantes entraban cómodos en una combi de esas que unen Ezpeleta con el Correo Central.

 

Para revertir la declinación relativa que arrastra desde hace décadas la Argentina necesita urgentes transformaciones estructurales imposibles de realizar cuando la construcción de poder demanda enemigos. Cuando la selección de enemigos es funcional al proyecto político, se resiente el diálogo, desaparece el pluralismo y no hay políticas de Estado. La lógica del amigo-enemigo es consustancial con la búsqueda del poder perpetuo.

 

 

Algunos hechos del pasado inundaron las elucubraciones de los analistas ante el tormentoso final de la Administración Trump


 

El Senado aprobó la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Ha pasado mucha agua por debajo de los puentes desde que se ventiló la cuestión. ¿Quién recuerda el asunto Baseotto? ¿Los días en que el Estado y la Iglesia casi rompieron relaciones? Mauricio Macri también se quemó con el hierro candente del aborto. No es de extrañar: en la Argentina, como en otros lugares, es un tema que divide conciencias y familias, partidos y provincias. Solo un gobierno peronista podría llegar al fondo: las armas de la Iglesia disparan con balas de fogueo contra el partido de la "nación católica".

 

 

“Pero un día dije planto y ese día me planté”, parece cantar Fernando Gray, minigobernador de Esteban Echeverría (Monte Grande).

 

 

Debemos exigir que los funcionarios muestren seriedad para evitar que continúen cometiendo errores en una situación angustiante para todo el país

 

 

El manejo de la salud durante la primera ola de la pandemia ha sido muy cuestionado. Y, hoy por hoy, cuando en los países centrales ya se aplican las vacunas de última generación, Alberto Fernández estira las expectativas y no negocia, o negocia mal

 

 

“Cuando las expectativas de una sociedad quedan reducidas a cero, ésta comienza a apreciar realmente todo lo que puede perder”
- Stephen Hawking

 

 

Si alguien me pidiera una evaluación acerca de la actual situación política la expresaría en los siguientes términos: al Gobierno no le va mal, pero al país sí. ¿Contradictorio? Claro que lo es. Y supongo que de su resolución depende el destino de los argentinos.

 

 

Ya comenzamos a transitar los primeros días de 2021 y es momento propicio para hacer un balance de lo que nos dejó el año anterior, para tratar así de vislumbrar el futuro. A nivel institucional, el debilitamiento de la democracia republicana es notable.

 

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