Opinión

Estoy en una isla real, no aquella de mi solipsismo en que suelo alojarme. Miro el paisaje que me fascina por combinar montañas, un enorme volcán por suerte inactivo, y el mar calmo, transparente.

El decreto que otorgó mayor poder a la SIDE puede terminar en la Corte Suprema, donde pronostican que no necesitará mucho tiempo para expedirse.

Javier Milei llegó al poder con una promesa disruptiva: desmontar el andamiaje estatal que durante décadas asfixió a la sociedad argentina y devolverle a los individuos la responsabilidad —y la libertad— de decidir, producir, arriesgar, invertir y crecer.

Los indicadores financieros le sonríen al gobierno, pero la economía real no despega. El Gobierno cree que tiene la relección asegurada, pero se apagó el entusiasmo y la gestión está paralizada. Milei sólo frente al espejo.

En Groenlandia no hay pingüinos, pero eso a Trump no le importa. Tampoco hay osos polares en la Antártida. Los pingüinos son aves buceadoras no voladoras que además de vivir en la Antártida están en varias regiones cercanas al Polo Sur, tanto en la Argentina como en Chile, Sudáfrica, Australia o Nueva Zelanda.

Las diferencias políticas y culturales del mundo actual crecen cada vez más; y hay quienes ya no pueden transportarse más allá de los límites en que transcurre su vida cotidiana cuando intentan remediar esta situación con el objetivo de integrarse a nuevos escenarios que los ignoran.

La diferencia más palpable del presidente argentino con su par estadounidense está en el universo de las ideas económicas.


No fue un foro de ideas. Fue una foto de alineamiento vertical. Una escenificación prolija, casi quirúrgica, de consenso global. 

Donald Trump sabe que, si existieran instituciones globales eficaces, sus políticas no prenderían, pero cuando lo único que predomina es el imperio de la ley de la selva, lo suyo es la mera aplicación de las prácticas de este mundo: la lógica del poder sin ley y la de los hechos consumados, que hoy son las dos únicas reglas que funcionan. Bienvenidos al Mundo Trump.

“En este mundo hay algo terrible, y es que cada uno tiene sus razones”.

 Jean Renoir

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