Jueves, 20 Agosto 2020 21:00

Un viaje a la Argentina de los cepos para todos y todas - Por Hugo E. Grimaldi

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En la Argentina 2020, hay varios cepos que se han metido en tropel en la vida ciudadana para condicionarla por demás y probablemente muchos de ellos van a servir de diques de contención para ayudar a un ajuste que inexorablemente llegará después del terremoto que le ha sumado la pandemia a la más que vulnerable situación económica del país.

 

Nada mejor para graficar la multiplicidad de cepos que ya se observan y aquellos que puedan sobrevenir, que el juego que incentiva a buscar el final del laberinto con sendas que conducen a taponamientos imposibles de vulnerar y sólo uno a la salida. Ante la situación, el jugador tiene un par de alternativas básicas: o se queda dónde está, se resigna y abandona la partida o vuelve a empezar y pierde lastimosamente el tiempo para encontrar, entre paredes, el camino definitivo.

El método, que parece inherente al dirigismo kirchnerista, aunque algunos puristas creen que su imposición es parte del sendero hacia posturas definitivamente totalitarias (como el de acallar a la prensa, por ejemplo), por ahora parece ser una respuesta política defensiva ante lo que ha considerado como un ataque de la "derecha liberal, individualista y pro-mercado", cuya manifestación del último lunes dejó al Gobierno estupefacto.

El cepo más visible de los muchos que ya rigen y de los otros que se están armando es el que tiene como epicentro el dólar, pero no es el único. La falta de dólares es notable y con mucho voluntarismo por ahora se piensa que promoviendo el comercio exterior se podrían sumar divisas. Todo un capítulo de las llamadas 60 medidas parece que apunta exclusivamente a eso, para tratar de achicar la tradicional falta de dólares genuinos que padece la Argentina. La economista Diana Mondino sugiere que un estímulo para reactivar "rapidísimo" podría ser la baja de retenciones, por ejemplo, "aunque sea tomado a cuenta del impuesto a las Ganancias".  

No tener plan económico ni querer tenerlo no deja de ser un condicionamiento más que se aplica a toda la población que se empobrece individualmente y en conjunto. Para Mondino este tipo de cepos es "una nebulosa paralizante" que se complementa con los problemas institucionales que se verifican a diario, algo que "a los inversores les importa muchísimo y a los argentinos les debería importar mucho más". En este sentido, advierte sobre los avances del Estado en "afectar las relaciones entre las partes", es decir interviniendo activamente en las relaciones entre privados.

El economista Orlando Ferreres señala también el tema de la confianza y con preocupación marca que la inversión productiva "está muy baja" hoy en la Argentina y que la "nueva" es de apenas 12% del PIB. "Si ponen el cepo a la compra de dólares esto podría ser peor", asegura y no sólo lo dice por el temor a invertir "sino porque no saben si se la van a poder llevar". Sobre los tipos de cambio paralelos, Ferreres añade que están "un poco altos para lo que es la paridad teórica de equilibrio".

Según el economista, más allá de que haya gente que busca cubrirse frente a la inflación futura, el mecanismo de comprar los u$s 200 mensuales en el oficial con impuesto para venderlo en el dólar blue ayuda a la oferta y de algún modo atenúa la brecha, más allá de que "le sirve a mucha gente para tener un ingreso adicional de $ 4000 o $ 5000 por mes y me parece que, por eso, no se quiere eliminar", subraya.

Fuera de los temas económicos, el emperramiento oficial por la cuarentena se asemeja a una trampa sutil para minar voluntades, mientras que las prevenciones individuales contra el delito sugieren adicionalmente un encierro voluntario, ya que en este tema el Estado-presente parece haber bajado la guardia.

También se puso en un cepo a puro DNU el ingreso de los jubilados sin que haya mayores protestas, como anestesiando a un sector que tendrá que soportar el ajuste en primera línea. Un analista, quien prefiere no exponerse ante lo tan delicado del tema, señala que "los viejos votaron a Mauricio Macri y Cristina Kirchner ganó por los jóvenes… ¿a quién te parece que van a privilegiar?".

Desde ya que el máximo de las imposiciones para que nada ni nadie la detenga se da con la reforma judicial, tal lo que se acaba de verificar en el Senado con la elevación del dictamen del oficialismo sin siquiera mostrárselo a la oposición. Esta artimaña abre la puerta para que sea modificado no una sino varias veces hasta que se trate en el recinto la semana próxima, juego que apunta a negociar con los gobernadores votos en Diputados.

Para la oposición el problema del proyecto es que los ajustes que se hacen parecen estar dirigidos solamente a satisfacer las necesidades de la vicepresidenta, quien comanda a un grupo de senadores que se distinguen únicamente por su lealtad hacia ella. Las anteojeras no dejan de ser también un cepo.

El tema de la Justicia es muy interesante porque ése fue uno de los reclamos centrales de las marchas del 17 de agosto y hay algunas paradojas encerradas en el proceso, la principal que "el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes" (artículo 22 de la Constitución Nacional).

Este punto le da la derecha al oficialismo actual que ha ganado sus bancas en elecciones democráticas, pero es gracioso como el peronismo no se anima siquiera a recordarlo: cómo hablarle de Ley a la calle, a la que tantas veces se ha utilizado para legitimar protestas, aun movilizando a la gente con aditivos varios.

En este sentido apenas el presidente Alberto Fernández advirtió ceremoniosamente que "no nos van a doblegar los que gritan", justamente él que le pedía a la gente que salga a la calle para hacerle notar cualquier defección. En general, las palabras deberían ser también cepos, aunque para la clase política sea deporte nacional devaluarlas a diario.

 

Hugo E. Grimaldi

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