Miércoles, 23 Noviembre 2022 05:24

La mala política y la mala economía, un cóctel fatal - Por Hugo E. Grimaldi

Escrito por

Todo este desorden económico es el lastre que tiene el gobierno a la hora de exponer sus prioridades. Ha pasado demasiado tiempo detrás de sus propios espacios de poder. 

Suele pregonar Cristina Kirchner una frase que su marido grabó a fuego el día que asumió como presidente de la Nación, en 2003: “la economía debe subordinarse a la política”. Más allá de cualquier referencia a la fortaleza electoral del líder, por entonces fue decirle a los tecnócratas que ya no podían hacer planes económicos sin la directriz del poder político y al mercado que ya no podía pulsear con las autoridades. 

Aquello funcionó porque esos fueron los años de oro de los superávits gemelos que pusieron a la Argentina en vía cierta de recuperación y porque, más allá del menú clásico del peronismo (corporaciones nacionales, sustitución de importaciones y consumo) se siguieron ciertas reglas donde la improvisación no tenía lugar. Podía gustar o no el menú, pero, a la inversa de hoy, la economía de Roberto Lavagna funcionaba porque, más allá del sucio y previo trabajo que hizo el tándem Duhalde-Remes Lenicov, la política se hizo cargo.

Hoy, el mundillo político no acepta del todo que la siquiatría bien puede explicar muchas movidas que se generan en su interior. Y si bien la historia está llena de líderes con graves disociaciones que han llevado a los países a coquetear con la locura, ése es un ángulo que se esquiva, pero que casi 20 años después de aquel soplo de lucidez se hace presente a diario en la política criolla. Si se cree en aquel razonamiento de Néstor Kirchner y se lo sigue, la explicación inversa se cae de madura: la economía anda mal porque la política anda mal y esto sucede porque la cabeza funciona mal. Hay otra mitad de la biblioteca que cree que el problema tiene que ver exclusivamente con la mala praxis económica.

De la combinación de los dos argumentos surge indubitablemente que el cuarto gobierno kirchnerista jamás quiso volver a esas fuentes y que apenas trató de repetir el desaguisado económico que los sacó del poder en 2015. Así, ha perdido lastimosamente 75% de su tiempo en tratar de acomodar el monstruo tricéfalo que inventó Cristina para ganar en 2019, algo que ella quiere borrar, pero no puede, por más vítores que reciba de aquellos que van fanatizados a los actos sólo para ratificar su sesgo de pertenencia y cantan hasta lo imposible un loco “vamos a volver”. La consecuencia del mix entre el problema político y el empecinamiento terapéutico que se reprocha en lo económico es que las encuestas señalan que 88% de la ciudadanía está “insatisfecha” con la marcha del Gobierno (Universidad de San Andrés).

Ante los magros resultados obtenidos es genuino interpretar que hay un poco de cada cosa, quizás también con algo de mala suerte (pandemia y guerra en Europa) y con la desidia exasperante que ha mostrado la Administración durante muchísimo tiempo (importaciones calamitosas de energía), pero por sobre todo con un esquema orquestado sólo al servicio de una ideología (emisión y no endeudamiento; consumo y no inversión; sustitución de importaciones como coto de caza para la burguesía industrial; aliados peligrosos en el mundo; etc.), proceso que ahora se trata de mitigar antes de que termine explotando.

Los males actuales que el Gobierno necesita corregir porque han llevado al país a la calamitosa situación social actual (pobreza, desempleo, gastos crecientes en asistencia) salen de memoria, pero hay que repasarlos para comprender la magnitud de la tarea que Sergio Massa tiene por delante, herencia que le ha dejado su propio gobierno:

  • Inflación: se emite menos, se arman listas de Precios Máximos pero los valores no paran de trepar al menos 6% desde hace varios meses y apuntan a subir tres dígitos en el año.
  • Devaluación: faltan dólares, las Reservas se desangran a diario y la brecha cambiaria no cede (más bien se amplía). Los mercados saben que es algo inexorable que llegará a la corta o a la larga y tantean, mientras que las propias autoridades juegan al policía bueno (Massa) y al malo (Rubinstein).
  • Nivel de Actividad: en descenso y con los problemas cambiarios que cortan importaciones se pondrá feo producir hacia el futuro. La sequía retaceará dólares que se compensarán con menores importaciones de energía, si el gasoducto se termina.
  • Endeudamiento: hay un grave estrés y muchos se juegan a un nuevo reperfilamiento. Se buscó pasar los vencimientos de noviembre y diciembre al año próximo y sólo respondió a favor 61% del mercado, la mayor parte entes estatales. Las Leliq del Banco Central son otra bomba de tiempo.

Todo este desorden económico es el lastre que tiene el gobierno a la hora de exponer sus prioridades. Ha pasado demasiado tiempo detrás de sus propios espacios de poder y se acuerda recién ahora de achicar el daño. El acto de la semana pasada en La Plata mostró en plenitud el mal que aqueja a Cristina en el rol de vértice de un espacio que se tropieza a diario con sus propias contradicciones. Fatalmente, cuando las decisiones son improvisadas y manda le esquizofrenia, la velocidad de los acontecimientos no da respiro.

Hugo E. Grimaldi

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…