Política

Nunca nadie previó nada; la única obsesión del gobierno de Alberto Fernández fue, desde el momento del triunfo frente a Francia, lograr que los jugadores se reunieran con él en la Casa de Gobierno

El presidente Alberto Fernández no pareció entender el mensaje favorable a la cultura del trabajo y el esfuerzo que revaloriza la selección argentina campeona del mundo 

Millones de personas se movilizaron espontáneamente por un triunfo deportivo. Una muchedumbre jamás vista sin ningún partido político que la liderase, sin guía ni control, tomó calles, avenidas y autopistas en un intento caótico por ver a la selección. Varios datos significativos de un fenómeno extraordinario. 

Las Fiestas y la inminencia del comienzo de las vacaciones prometen prolongar la alegría y atenuar un poco la zozobra después de un año plagado de pesares; luego volverá la Argentina normal

La Selección Argentina deja una lección imprescindible. Se puede triunfar apelando al talento y al mérito, sin resignar el respeto a las leyes. Es lo que no hace la política, que insiste en el fracaso 

Al acto por sus tres años en el poder no concurrieron ni la vice, ni Sergio Massa. La gestión continúa por inercia, sin respuesta para la crisis. Se afianza el gobierno de los jueces 

Lionel Scaloni, el austero y sobrio director técnico de la selección argentina, no hizo nunca exhibición de simpatías políticas. Sucede lo mismo con los jugadores que hoy disputarán el campeonato mundial de fútbol en Qatar; la inmensa mayoría de ellos juega y vive, además, en el exterior. Sin embargo, es imposible no hacerse una pregunta: si el equipo argentino lograra la Copa del Mundo, ¿tratará el Gobierno de aprovechar esa circunstancia en beneficio propio?

Primera sorpresa: la presencia de Jorge Macri en un acto prefabricado de Horacio Rodríguez Larreta, solo con dilectos militantes de la Municipalidad. Para algunos, un gesto protocolar, de buena voluntad. Otros, más especuladores, afirman que es una señal de concordancia entre su primo Mauricio y el jefe de Gobierno, en riña desde hace tiempo y ahora cultivando una interesada convivencia. 

A lo largo de su presidencia, Alberto Fernández ha exhibido (y ejercita con regularidad) un atributo poco frecuente en un político profesional. Es la notable capacidad para subrayar sus propios errores, debilidades y falencias en lugar de minimizarlos. Aun cuando intenta precisamente lo contrario. 

Massa ya le reclamó a la Vice, que está con la nueva fase del "renunciamiento a lo Evita", que lo habilite para postularse en el 2023. Lo cierto es que nunca estuvieron tan juntos los dos, al menos sus intereses. 

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