Política

La estudiada escenificación que la vice realizó en La Plata está vinculada con las amenazas que percibe en dos esferas: la judicial y la económica  

Patricia Bullrich cree que hoy sería elegida Presidente, pero se angustia porque aún falta un año para las elecciones. Ella se vincula mejor con el economista que con el resto de su propia comunidad partidaria. Ambos aborrecen a la misma persona: Horacio Rodríguez Larreta. 

Cristina Kirchner dejó crecer el "operativo clamor" y relanzó su espacio para 2023. Los mensajes al presidente, la oposición, jueces y fuerzas de seguridad, y la difícil tarea de ser oficialismo y oposición al mismo tiempo. 

Cristina Kirchner está cambiando ahora su actitud frente a Massa y replica la táctica que usa frente al Presidente: del horno a la heladera y de la heladera al horno 

Por el momento, el kirchnerismo prefiere aferrarse al populismo económico antes que avanzar hacia un verdadero plan de estabilización 

La actual disputa entre el Presidente y su vice tiene tres causas: el fracaso de la gestión del primero, el desgaste del liderazgo de la segunda y la nula posibilidad de ser candidatos de ambos. 

Desde Alberto Fernández hasta Sergio Massa, desde Mauricio Macri hasta Horacio Rodríguez Larreta la inmensa mayoría de la dirigencia política está encaminada a procrastinar todo lo que pueda 

A fin de mes, o a principio de diciembre habría veredicto para la Vicepresidenta por Vialidad. Estiman que podrían darle entre 6 y 7 años de prisión. Igual seguiría libre y podría ser candidata 

El Presidente retrasó su regreso al país para no estar aquí cuando Cristina hable en La Plata. Tal es el nivel de tensión y la convivencia irregular en lo más alto del poder. La cuestión de los liderazgos, un factor determinante para consolidar candidaturas de cara a un 2023 con más dudas que certezas. 

Una incesante sucesión de escándalos. Todos artificiales. Es el modo de vivir de Cristina Kirchner, que lo traslada al país cuando ella está en el poder. Serán estrépitos falsos –y lo son–, pero la vicepresidenta acaba de romper un estatuto implícito de la política desde 1983: los dirigentes podían disentir sobre las ideas y hasta sobre la ideología, pero nunca se acusaron de intentar asesinar al adversario.

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