Política

Una incesante sucesión de escándalos. Todos artificiales. Es el modo de vivir de Cristina Kirchner, que lo traslada al país cuando ella está en el poder. Serán estrépitos falsos –y lo son–, pero la vicepresidenta acaba de romper un estatuto implícito de la política desde 1983: los dirigentes podían disentir sobre las ideas y hasta sobre la ideología, pero nunca se acusaron de intentar asesinar al adversario.

Siguen el ritual: no se hablan, prefieren la odiosa distancia, incomunicados y en operaciones tenebrosas. Como esta semana: uno afuera, soñando con el Nobel de la Paz, la otra adentro, hilvanando un discurso para el Día de la Militancia, recordatorio más de sí misma como empoderada de esa función.

La ciudadanía mira entre estupefacta y harta las peleas, las frágiles treguas, las descalificaciones, los amagos de reconciliación y la escalada de demonizaciones escenificadas por los dirigentes que pretenden representarla

Son varias la suma de nudos a desatar en el PRO por la intangible Virgen Desatanudos. El partido que fundó Mauricio Macri, tan cerca del divorcio y en calurosa efervescencia por la ambición individual de sus capitostes. 

“No puede pasar otra vez en un frente como el nuestro, amplio, que aquellos que se valen de construcciones colectivas, una vez que esa construcción colectiva lo lleva a un lugar tan importante, inicie una aventura personal. Para aventureros está el turismo. La política es responsabilidad. Para eso se va a esos lugares y no para poner cara de víctima y de yo no fui”. Esto lo dijo Máximo Kirchner el sábado pasado en Mar del Plata, durante el Congreso del PJ bonaerense.

Entre tanta incertidumbre que sobrevuela la realidad argentina, hay algunas certezas. Una es que la dirigencia política no puede generar el insumo básico y necesario de su existencia como tal: Esperanza.

Llama la atención que siga vigente en un partido que fue siempre veloz para reemplazar los liderazgos políticos perdidosos, pero su peso político no es el mismo que el de hace tres años 

Las principales figuras del oficialismo y la oposición comenzaron a definir sus estrategias electorales de cara a las presidenciales. Por el peronismo lo hicieron Sergio Massa y Cristina Kirchner. Ambos recurrieron a versiones contradictorias del pasado, aunque formen parte del mismo gobierno. 

La falta de resultados en la guerra contra la inflación expone al ministro a compensar con gastos para bajar la tensión social: concesiones destinadas antes que nada a calmar la ansiedad de Cristina Kirchner y La Cámpora 

La crisis desarticuló al oficialismo en tres sectores (CFK, Alberto y Massa) cada uno con su propia agenda, mientras Macri y Rodríguez Larreta se enfrentan por el liderazgo opositor 

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