Política

En un país atragantado de presidencialismo, el futuro de Alberto Fernández empieza a recortarse en el momento en el que otros mandatarios soñaron con quedarse el mayor tiempo posible. El sucesor de Mauricio Macri parece no haber tenido la oportunidad de experimentar la agridulce soledad del poder. Un año y dos días después de asumir, está solo y sin poder.

No es la primera vez que Cristina Kirchner reniega públicamente del principio de división de poderes que hace a la esencia del sistema republicano.

El clima enrarecido vuelve a respirarse en la Casa Rosada. El presidente Alberto Fernández, sin grandes promesas cumplidas para celebrar el primer año de gestión, volvió a sentir de cerca la presión de la vicepresidenta Cristina Kirchner.

La esencia del sistema republicano radica en la necesidad de limitar al poder. La sociedad se protege de la posibilidad de ser avasallada por la política a través de dos dispositivos principales. La independencia judicial y la libertad de prensa.

La cerrada defensa colectiva de Boudou fue sólo una jugada de anticipo para presionar por el pellejo propio.

Las paradojas parecen habitar a Alberto Fernández, mientras las incertidumbres no se despejan y se suman inconsistencias. Riesgos del oficio de equilibrista

Alberto Fernández cumple su primer año como presidente de los argentinos.  Los primeros 365 en la Jefatura de Estado estuvieron signados por una pandemia que aún no se va, más allá que en nuestro país la sensación es otra.

Precalentamiento, pandemia y cuarentena, radicalización y giro al pragmatismo. Analicemos qué nos dejará el 2020 y qué podemos esperar para el 2021, aunque tan solo sea un pronóstico parcial.

A un año de la asunción de los presidentes Cristina y Alberto Fernández, es importante hacer un balance de lo logrado desde el 10 de diciembre de 2019. Todas las cifras son del INDEC o del BCRA salvo que se indique otra fuente de los datos. Bienvenidos al año de los Fernández.

La ratificación por la Corte Suprema de la condena de Amado Boudou por el caso Ciccone no sólo desató una tormenta de críticas sobre el tribunal al que el kirchnerismo quiere doblegar, sino también sobre la vigencia del estado de derecho y la legitimidad de la democracia.

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