Política

El traspié con la vacuna rusa fue la culminación de un proceso iniciado con una cuarentena manipulada políticamente que destrozó la economía y no frenó la circulación del virus.

La pandemia, maldita por donde se la mire a los ojos del Gobierno; las vacunas, enorme problema no exento de algún papelón en el medio que mantiene en vilo a la Casa Rosada; el tratamiento del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado tras la media sanción en Diputados, que podría encerrar hasta alguna trampa que deje malparado al presidente; y, por si faltase algo, el renovado impulso de un sector duro del cristikirchnerismo para que Alberto Fernández dicte un indulto para todos los presos, ya sea con condena firme o con prisiones preventivas, del Frente de Todos, bajo el lema “Una Navidad sin presos políticos”.

 

En la Argentina, la vacuna contra el Covid-19 danza alrededor de las ideologías. El país es una de las diez naciones del mundo más afectadas por la pandemia.

Él se parece cada vez más al dócil ex presidente del ’73. Ella anhela el poder bonaerense que tenía el duhaldismo.

Un emoji basta para resumir la reacción más frecuente que genera Alberto Fernández en sus más estrechos colaboradores cada vez que enfrenta un micrófono o se expone a fotos o filmaciones. La carita de los ojos desorbitados, agarrándose la cabeza con las manos, alcanzó esta semana el carácter de trending topic en los mensajes entre altos funcionarios de las áreas de comunicación (en primer lugar), producción, relaciones exteriores y salud.

El presidente preferido de Cristina habló y dejó al descubierto la novela kirchnerista en torno a la vacuna rusa.

"Ayer hemos suscripto el contrato con el Fondo Soberano de la Federación Rusa, que nos garantiza la provisión de vacunas rusas para la Argentina", anunciaba el jueves 10 de diciembre el presidente Alberto Fernández junto a su ministro de salud, Ginés González García, en conferencia de prensa.

 

La confusión por la llegada de la vacuna Sputnik V de Rusia y las declaraciones del presidente de ese país, Vladimir Putin, introdujeron al gobierno de Alberto Fernández en una crisis política que hace peligrar la llegada de la primera vacuna y la única que puede tener disponible la Argentina. La última palabra del Gobierno es que la vacuna rusa contra el Covid-19 llegará al país una vez que esté el visto bueno del Ministerio de Salud de Rusia. No antes. Y eso no se sabe cuándo ocurrirá.

Un año después, Juntos por el Cambio vive del recuerdo del 41 por ciento, especula con los resultados del gobierno de Alberto y Cristina, se ilusiona con la resistencia a banderazos de su núcleo duro y sufre los dolores de la reconstrucción de su liderazgo. Y, además, juega una parte significativa de su destino en la puja o el entendimiento de sus dos hombres claves: Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta.

 

El año de la peste amenaza con despedirse en medio de un escándalo institucional. El paso más largo que dio este año el kirchnerismo en su intento de colonizar el Poder Judicial fue revisar los traslados de los jueces Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli. Los tres recurrieron a la Corte Suprema, que no objetó el modo en que estaban designados.

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