Política

La Argentina vivió uno de esos hechos desgraciados de la historia, que puede marcar un punto de inflexión en la agenda política. Mientras se busca aclarar el hecho, el Gobierno dispuso un feriado nacional y distintas organizaciones del PJ llamaron a marchar a Plaza de Mayo. 

El Cuervo Larroque calificó a la casa de la Vice y en lo endiosó a Sergio Massa. La vereda de Juan Grabois, los números que miran los gobernadores y la pelea en Juntos por el Cambio. 

Juntos por el Cambio está necesitando, casi de manera urgente, un liderazgo y un discurso común que termine con los librepensadores 

Abucheo en la cancha de Boca. La Revolución de la Recoleta. Amenazas de Sergio Massa. Y Juntos por el Cambio que no da pie con bola. 

El lenguaje sindical utiliza expresiones que de tanto repetirse acostumbran al oído y se vuelven familiares. Es el caso del “estado de alerta y movilización”, un resorte que en los sindicatos suele estar tan a mano como el botiquín de primeros auxilios en un aserradero. La expresión tiene, tal vez, una resonancia animal. Significa ponerse en guardia frente a un ataque, prepararse para la defensa, amedrentar al agresor para que tema y se repliegue. 

El oficialismo se mueve con impulso del kirchnerismo duro. La ex presidente mantiene la ofensiva en el frente judicial y apuesta a la grieta. Su juego tiene impacto en el interior de JxC. Todo, mientras la economía sigue encabezando la lista de preocupaciones de la sociedad 

Cuando cada vez menos argentinos querían verse enrolados en alguna orilla de la grieta, la vicepresidenta consiguió reponer la antinomia kirchnerismo-antikirchnerismo que divide a la Argentina y ordena la política nacional desde hace casi 20 años

Los movimientos de Cristina pueden implicar poder, pero se pierden votos. El ex presidente mira a Córdoba.

La Vicepresidenta impulsa una ofensiva política porque cree que así podrá evitar una condena por corrupción. Por eso, involucra al peronismo. En Tribunales, advierten que nada los detendrá 

Un peligroso triángulo, no amoroso precisamente, está instalado hoy en el corazón del Gobierno. Dos de sus vértices (Alberto Fernández y Cristina Kirchner) se han olvidado de gobernar y se dedican a mostrar sus inverosímiles tics de confusiones y de razonamientos disparatados a través de la televisión y las redes sociales, mientras que el tercero (Sergio Massa), casi en puntas de pie, avanza con un ajuste clásico (recorte de partidas para Educación, Salud y Vivienda, suba de tasas, relevamiento de nóminas de personal en el Estado, etc. y todo sin devaluación), un plan que se presenta como más que doloroso a esta altura del deterioro. 

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