Economía

En el contexto actual no debe llamar la atención que el acuerdo con el FMI parezca más lejano.

Resonó "Patria sí, colonia no". El microestadio de Lanús coreó a pleno este sábado ese slogan para alegría de Máximo Kirchner, orador principal de la cumbre de militantes de La Cámpora. Su discurso resulta clave para anticipar lo que se viene después de las elecciones del 14 de noviembre.

La estrategia fiscal de Guzmán estaba dando resultados y se proyectaba un desequilibrio entre ingresos y gastos más cercano al 3% que al 4%. Hasta septiembre. El plan "platita" arruinó los planes.

Con un Banco Central que escatima los dólares para importar, las empresas empiezan a calcular sus costos de reposición con un dólar más cercano al paralelo, al que saben que deberán recurrir en algún momento si quieren seguir fabricando

Los precios vuelan 50% anual, sin que el Gobierno acierte con alguna medida. Ahora va con un torniquete sobre los alimentos, otro que será difícil y costoso sacar.

Que tengamos inflación no es una novedad. Lamentablemente, cargamos con un prontuario de ochenta años de alta inflación. Los 90 y algunos pocos años de los 2000 fueron solo una pausa. Entre 2007 y 2017, la tuvimos flotando en 25% anual con picos de 40%. Y desde 2018 llevamos cuatro años boyando en 50%: apenas cuatro meses de cuarenta y ocho abajo del 2% mensual (tres en medio de la cuarentena de 2020) y ninguno debajo de 1%. Es una inflación arraigada, cada vez más reacia a ceder.

Lo que el Gobierno buscaba en términos de reversión de la crisis, en especial achicar la brecha, con el plan “platita” está fallando. ¿Cuánto tiempo tiene el presidente Fernández y su equipo económico para diseñar un programa convincente e integral?

Sin plan económico, reservas ni acuerdo con el FMI, lo único que le quedaba al Gobierno era culpar de la inflación a un grupo de empresarios ambiciosos

Roberto Feletti, impulsado por Cristina Kirchner, llevó adelante la maniobra política con un propósito: culpar de la inflación a los hombres de negocios.

En un artículo de 1987, Rudiger Dornbusch proponía una sencilla taxonomía de los programas de estabilización de la inflación. La clasificación pone de relieve dos dimensiones de la política: si el programa incluye o no una restricción fiscal (austeridad) y si el programa cuenta con una política de ingresos (que puede incluir la fijación o el congelamiento de alguna o de todas estas variables: los salarios, los precios y el tipo de cambio).

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