Opinión
En un país con instituciones tan endebles como el nuestro, cuanto importa no es tanto el estado de derecho como la relación de fuerzas existente en un determinado momento o período histórico.
Si no fuera por la voluntad del Fondo de soportar con ecuanimidad los insultos que le tiran, la situación económica del país sería todavía peor.
El proceso de descomposición del sistema político basado en la llamada grieta avanza vertiginosamente. El eje principal de ese sistema era en principio el poder -y luego, la invocada amenaza de restauración- de Cristina Kirchner; la contraparte funcional era la alianza soldada por el ánimo anticristinista, que funcionó como pegamento universal de la coalición opositora. Así se compuso un mecanismo nítidamente polarizado y un empate inmovilizador en el marco de una situación económica y social de paulatino deterioro que desgastó a ambos componentes de la polarización.
La Argentina necesita un cambio de rumbo. Hoy es un fuerte consenso social lo que hasta hace poco era la convicción de unos pocos: el enorme fracaso del último gobierno kirchnerista y el agotamiento de un modelo que nunca logró cumplir con los objetivos que se planteaba.
Vientos cruzados por ideas viejas complican la economía - Por Miguel Ángel Pichetto
Miguel Ángel Pichetto
Las contradicciones internas del Gobierno respecto al FMI no parecen resueltas. En momentos en que una parte del Gobierno negocia para conseguir fondos frescos del organismo, otra parte insiste en criticar los acuerdos firmados. Insisten en criticar el préstamo otorgado en 2018, con argumentos superficiales e incorrectos. En otro momento, promovieron denuncias penales a funcionarios del organismo de crédito (actos de ignorancia, desconociendo la inmunidad de los mismos).
El combate contra el narco en el país, un “juego del gato y el ratón” - Por Jorge Ossona (*)
Jorge Ossona
De todos los fenómenos globales, el narcotráfico exhibe una capacidad de mutación vertiginosa. De ahí que todas las perspectivas sobre su fisiología puedan resultar caducas al momento de su difusión. Con los elementos de juicio brindados por investigaciones de última generación y algunos expedientes judiciales es posible advertir sutiles modificaciones eclipsadas por los horrores cotidianos de la narcocriminalidad de Rosario. No por nada muchos expertos asemejan la lucha contra el narco con el “juego del gato y el ratón”, u otras metáforas como el “efecto globo”: si se aprieta mucho en un sitio se desplaza a otro.
Una sociedad dolida, a punto de tomar una decisión crucial - Por Jorge Fernández Díaz
Escrito por Jorge Fernández Díaz
Después de veintisiete años de firmar ejemplares en la Feria del Libro de Buenos Aires, y de hacerlo invariablemente de pie y durante largas horas con el buen talante de un mosquetero de Dumas, al escritor Arturo Pérez-Reverte le sucedió esta vez algo inusual, al borde de lo insólito: varios de sus lectores más agradecidos se le acercaban con los ojos llenos de lágrimas o directamente rompían a llorar cuando se hacían la foto de rigor. A medianoche, tomando la última copa con amigos y a punto de regresar a Madrid, nos preguntó qué pensábamos de aquel extraño fenómeno emocional.
¡Ah… pero la Corte! - Por Malú Kikuchi
Escrito por Malú Kikuchi
La Argentina de Alberto Fernández se gobierna con los ¡Ah…pero! Se le agrega el ¡pero Macri!, ¡pero la pandemia!, ¡pero la guerra!, ¡pero la seguía! y ahora, ¡pero la Corte! Esto último no es gracioso, es grave.
“La pobreza no se rebela. Encontraréis situaciones de rebeldía
sólo cuando la gente pobre alberga alguna esperanza”.
- Ryszard Kapuściński
El día que Alfonsín denunció el “pacto militar-sindical” - Por Mariano Caucino
Escrito por Mariano Caucino
En 1983, Raúl Alfonsín fue considerado el primer presidente de la recuperación democrática. La denuncia de la existencia de un pacto entre estos sectores asociaba al peronismo con el tenebroso gobierno militar
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La inflación psicológica no se enteró de la guerra en su contra - Por Jorge Enríquez
Escrito por Jorge Enríquez
El 15 de marzo del año pasado, durante un acto público, Alberto Fernández anunció solemnemente: “El viernes arranca la guerra contra la inflación, vamos a terminar contra los especuladores y vamos a poner las cosas en orden". Era algo extraño que recién se ocupara de la inflación dos años después de iniciar su mandato, pero mejor tarde que nunca. Ese viernes, el 19 de marzo, los argentinos nos dispusimos a escuchar el mensaje presidencial imaginando que se lanzaría un plan sistemático, con medidas drásticas, audaces y coherentes entre sí.
La desesperación es siempre una mala consejera. El oficialismo kirchnerista, prácticamente sin excepciones a esta regla, demuestra a diario que no sabe a qué atenerse, y como no tiene un plan de acción destinado a colocarse al amparo del vendaval que amenaza pasarlo por encima, obra a tontas y a locas. En realidad, el gobierno se parece a una bola sin manija que va de acá para allá, sin un norte fijo, al compás de quien la impulse en ese momento: Cristina Fernández, Sergio Massa o el presidente de la Nación, cuando lo dejan actuar de manera independiente.
Aquí vamos de nuevo: después de nosotros, el diluvio. ¡Como si no diluviara ya y la Argentina no tuviera agua al cuello! Aníbal Fernández nos lo recordó, por si lo habíamos olvidado, Juan Grabois lo anunció hace meses: o ganan ellos o habrá “sangre y muerte”.
En medio de la postergación de comicios en San Juan y Tucumán por disposición de la Corte Suprema, y ante la inminente impugnación a la candidatura de Gildo Insfrán, el oficialismo envió señales alarmantes.

