Opinión

El domingo 26 de marzo por redes, Mauricio Macri renunció a la posibilidad de ser precandidato a presidente de la nación por su partido, el PRO. El hecho despeja dudas, ayuda a su propio espacio, aclara el panorama político.

“Nunca pertenecería a un club que admitiera como miembro a alguien como yo”.  
- Groucho Marx

El ismo creado por los K pierde su fuerza. Nostalgia setentista y crisis del relato.

Sería exagerado afirmar que era un secreto a voces, pero lo cierto es que, en las últimas semanas, casi todos los íntimos de Macri sostenían que había tomado la decisión de no competir.

Instalar en el mismo plano las víctimas de 1976 y la condena a Cristina es un agravio infame; no pueden hablar del respeto a la vida quienes idolatran a carniceros seriales como Trotsky, Mao y Stalin

Se empezaron a despejar incógnitas en la ecuación electoral. Finalmente, Macri comprendió que su indefinición implicaba más un costo para la coalición que un beneficio, empezando por sus propias pre candidatas más cercanas, quienes estaban en la dulce espera en su búsqueda de más apoyos políticos y económicos. Ya lo comentamos en esta columna hace dos meses que algunos agujeros en las finanzas de la campaña de Bullrich los cubrió el propio Emir de Cumelén. Vidal directamente dijo públicamente que, si su líder competía, ella se bajaba.

El sábado 25 de marzo, horas después de conferenciar con Horacio Rodríguez Larreta en el Lawn Tennis Club, Mauricio Macri grabó el mensaje en que al día siguiente anunciaría una decisión que el se había propuesto postergar hasta la última quincena de abril. No pudo demorar tanto: la presión para que definiera de una buena vez el rol político que aspira a jugar se tornaba apremiante. ¿Paso atrás o al costado?

Los especialistas afirman que las reglas de juego formales e informales son críticas para determinar las estrategias de los actores políticos: ordenan la puja por el poder, informan su percepción de la realidad e influyen en sus comportamientos. Eso ocurre en especial en el plano de la institucionalidad electoral, crucial para definir el balance de poder de una sociedad en un momento específico.

Ni la misericordia puede librarnos de la locura de un gobierno que no gobierna y se parece cada día más a un mago sin oficio con una galera en la mano, de la que trata de sacar…lo que salga.

Alberto Fernández es el octavo presidente de la Argentina en ser recibido en la Casa de Gobierno de los Estados Unidos

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