Opinión

“En días tales, la casualidad vive sus momentos más gloriosos:    
se convierte en la auténtica reina y señora de la historia”.
 
- Ryszard Kapuściński

¿Es el peronismo el partido político de los verdugos y las víctimas; de los explotados y los explotadores; de los poderosos y los indigentes; de los torturados y los torturadores? Esta pregunta nos la hicimos en los años setenta, cuando los peronistas se mataban entre ellos sin compasión.

El 9 de abril de 1953, el hermano de Evita apareció muerto en departamento de la calle Callao

Estaba cantada cuál sería la decisión del Fondo Monetario Internacional respecto de nuestro país. El viernes pasado el directorio de ese organismo de crédito aprobó, en la ciudad de Washington, la cuarta revisión del acuerdo de facilidades extendidas a la Argentina, y liberó de manera automática U$ 5.400 MM. A cambio, solicitó -ya que no está dispuesto a exigir nada- una revisión de la moratoria previsional aprobada semanas atrás por el kirchnerismo y sus aliados en ambas cámaras del Congreso de la Nación. Adujo que, en virtud del costo fiscal que implica, resulta necesario limitarla, permitiendo que sólo puedan acogerse a la misma “aquellos con mayores necesidades”.

“Que Dios y la Patria te lo demanden”, dice la consabida frase del juramento constitucional de diferentes cargos en el gobierno, desde el mismísimo presidente hasta ministros y otros funcionarios.

Los votantes argentinos ¿Verán al ajuste por venir como algo inevitable que es preciso soportar, o como otra agresión inmerecida contra la cual hay que luchar?

La golpiza que recibió Sergio Berni a manos de colectiveros enardecidos es suficientemente ilustrativa de la trágica situación de la inseguridad pública en el conurbano, pero dejó por lo menos tres preguntas abiertas. Una, cuántos muertos serán necesarios para que el peronismo que gobernó la provincia de Buenos Aires 32 de los últimos 36 años deje de lado los personajes payasescos y las frases hechas como “mano dura” o “meter bala” para encarar de una vez por todas una política criminal integral y eficaz.

Fernando Espinoza, el “barón” que controla La Matanza desde hace 18 años, no habla ni responde. Ni siquiera va demasiado seguido a su lugar de trabajo, un municipio hundido en la pobreza y la inseguridad, que “maneja” con un joystick, ¿desde Puerto Madero? Nadie lo sabe con certeza. Lo cierto es que desaparece por días enteros, aun ante crímenes de alto voltaje mediático, como el del colectivero Daniel Barrientos. El vicejefe de Gabinete matancero, Daniel Barrera, lo sabe bien: le escribe mensajes urgentes por WhatsApp a su jefe y Espinoza puede tardar tres días en responder. O directamente no le responde.

El kirchnerismo solo expresa la férrea voluntad de preservación de sus “especies autóctonas”         -hoy amenazadas-, para afirmar una ideología que pueda recomponer su razón de ser.

Lo que ocurrió con el secretario de seguridad de la provincia de Buenos Aires en uno de los tantos límites que La Matanza tiene con la Ciudad de Buenos Aires, luego de que dos asesinos mataran a un colectivero en Virrey del Pino, es una muestra en pequeño del grado de disolución al que el kirchnerismo y toda la runfla de progresismo inútil al que la Argentina ha estado expuesta en los últimos 20 años, han llevado al país.

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