Opinión

En la confusión entre lo grave y lo urgente, en la Argentina despunta una primavera insólita y tensa. La pretensión de instalar un clima de fin del mundo, de abismo irremediable, deja al descubierto los rasgos del enésimo intento de impunidad para Cristina Kirchner.

El liberalismo está asediado por dos flancos: desde la derecha, por los conservadores; desde la izquierda, por los mal llamados progresistas. Con su último libro, Liberalism and its Discontents (Profile Books, 2022), Francis Fukuyama hace frente a esta doble amenaza.

Cristina Kirchner ha esgrimido que es la víctima de un viejo conflicto histórico dado por la presunta persecución y el intento de proscripción del peronismo. Hay en ese relato con formato de leyenda un supuesto subyacente, de acuerdo con el cual la Argentina solo puede ser gobernada por el peronismo. Se trata de un mito, alimentado desde ese mismo sector político para perpetuarse en el poder, que ha perdido vigencia en la mayor parte de la sociedad argentina. Sin embargo, los conflictos dentro del peronismo, que históricamente se han trasladado al conjunto del país, siguen dominando la agenda política y se evidencian en la gestión gubernamental.

Argentina se ha convertido en un país incoherente. Parecerá disparatado, pero, el peronismo, Bretton Woods y Charles Darwin y “El origen de las especies”, están entrelazados.

"La política es el arte de conseguir que tus intereses egoístas parezcan intereses nacionales".
- Thomas Sowell

La experiencia y la política comparada nos enseñan que no hay acuerdos socio-económicos convincentes si no media un pacto en el plano político-institucional fundado en la confianza recíproca de la dirigencia.

Cuando se especulaba con que Mauricio Macri usaba a Patricia Bullrich para subirse el precio en la negociación con Rodríguez Larreta para finalmente bendecir su candidatura, terminó sucediendo lo contrario: es Bullrich quien usufructuó a Macri.

La mejor manera de comprender los procedimientos a los cuales ha echado mano Sergio Massa para lograr el cometido que se ha propuesto -salvar al gobierno del descenso tan temido por el kirchnerismo- es tomar conciencia de lo que significa el dicho popular de barrer la basura debajo de la alfombra. Se equivocaría de punta a punta en su análisis quien creyese que el ministro de Economía ha puesto, con las medidas adoptadas hasta el día de hoy, los sillares de un futuro plan de estabilización o algo siquiera parecido. Nada de eso.

La inflación, la incertidumbre sobre la economía, la inseguridad, los bajos salarios y la corrupción son las principales preocupaciones que aquejan desde hace tiempo a los argentinos. La agenda de la mayor parte de la política y en especial del Gobierno está desacoplada de esas prioridades de la sociedad.

Este viernes tendrá lugar la tercera jornada de alegatos de la defensa de Cristina de Kirchner en el llamado Juicio de Vialidad y la vicepresidenta se hará cargo de esa pieza. En su condición de abogada tiene la atribución de alegar en su propia defensa.

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