Opinión

 

El 47% de los argentinos al menos considera emigrar; el país resulta frustrante e impide el desarrollo personal y laboral

 

 

No hay otra receta para terminar con la pobreza que el crecimiento basado en cuatro pilares: educación, inversión, trabajo e instituciones sólidas. El país ha transitado sistemáticamente el camino contrario: el asistencialismo a través del plan social y el empleo público

 

 

Cristina cerró con un gobernador conservador y tiró por la ventana a un ícono del kirchnerismo convencido. Guzmán ajusta y recibe críticas, pero sigue.

 

 

La campaña electoral ya está en marcha y la temperatura política empieza a elevarse, con el paisaje de fondo de la inquietud del dólar y de la inflación indómita.

 

 

En un país que desde hace décadas marcha a la deriva, sin brújula ni derrotero específico, pensar que su clase política podría ser la excepción a semejante estado de cosas sería ridículo.

 

 

La Argentina es un país donde TODO puede pasar, pero finalmente, TODO sigue igual. Deberíamos decir que es un “país donde todo puede pasar, incluso NADA”. Y finalmente, como pasa de todo, no pasa nada. Seguimos en nuestra deriva, que da como resultado un vector siempre descendente.

 

 

Vidas paralelas: con los candidatos en danza, crecen las demandas de vacunas, trabajo y seguridad. 

 

 

Si quienes nos gobiernan hoy insisten con sus rituales y jaculatorias archiconocidas, corremos el serio riesgo de retornar a los tumultuosos escenarios del año 2001.

 

 

Se intenta asegurar la impunidad por los delitos de corrupción y perseguir a los opositores; los autoritarismos populistas parasitan las democracias y luego las pulverizan

 

 

Ninguna cantidad de
evidencia logrará
convencer a un idiota.
- Mark Twain

 

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