Opinión

 

Es posible que en las elecciones venideras de renovación del Congreso Nacional (aparte del resto de las elecciones propias del federalismo electoral argentino) produzcan tantas cifras, tantos argumentos, tantas post verdades, tantas chicanas, y tantos memes que, en realidad, ni siquiera el triunfo en los medios será de alguien único. Todos se proclamarán ganador, como la Grieta lo demanda, y como la confusa realidad política argentina lo permite.

 

 

Sobre los 100.250 muertos tiene que hablar el presidente Alberto Fernández. Tiene que dar una respuesta. Son 100.250 historias. ¿Cuántas de esas eran inevitables? ¿Cuántas de esas podrían haberse evitado?

 

 

“Yo no sé lo que está pasando, pero terminemos con los bloqueos”, dijo el presidente Alberto Fernández cuando fue consultado por la situación de protesta social que vive Cuba estos días. Es difícil encontrar un pronunciamiento más inconsistente de parte de un presidente latinoamericano sobre un problema tan grave que acontece en la región, como si fuese necesario recorrer gateando cada uno de los 6895 kilómetros que separan a Buenos Aires de La Habana para enterarse sobre lo que allí sucede.

 

 

Como no soy Alberto Fernández, perdón por ser referencial, sé de qué se trata. Alberto F. dijo que, “No sé lo que está pasando en Cuba, pero terminemos con los bloqueos”. ¿Nadie de cancillería le explicó al presidente la situación cubana? Difícil de creer.

 

 

Los episodios que ocurrieron en Cuba durante el domingo, el lunes y tal vez sigan ocurriendo ahora (no lo podemos precisar porque el régimen cortó el servicio de electricidad y de internet para que los cubanos no pudieran informar lo que está sucediendo) son una expresión de hartazgo y de rebelión contra el yugo comunista de más de 60 años.

 

 

Escuchen el silencio. Es atronador. Nunca un silencio hizo tanto ruido como la mordaza digital con la que el régimen cubano intentó callar las manifestaciones que lo desafiaron como nunca desde el 11 de julio.

 

 

El debate público no se conjuga en futuro y parece centrado en los prejuicios con los que salen del país

 

 

El escenario político recibe hoy, más que nunca, la influencia perniciosa del hedonismo que caracterizó siempre a Cristina Fernández. 

 

En las inmediaciones de Aviñón, durante el siglo XIII, un hombre ejecuta por la espalda al señor feudal, y al ser detenido declara el motivo del crimen: el conde en cuestión se acostaba con su mujer. A punto de ser decapitado, su esposa ingresa en la celda y le pregunta por qué mintió y por qué la llena de vergüenza. El condenado explica que fue una estrategia basada en su propia debilidad: “Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían”.

 

 

"Es hora de aullar porque, si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos".  
- José Saramago

 

Top