Política

Fabiola se ha convertido en mensajera entre Alberto y Cristina, entre Olivos y Recoleta.

El gobierno de Cristina Kirchner y Alberto Fernández ejecuta una decisión sin anunciarla: ya empezó la campaña electoral. Todo está ahora orientado a obtener un resultado que reafirme su poder y agrande su capacidad de maniobra.

Aún es incipiente, pero ya se logra ver el fenómeno. Los últimos días de diciembre fueron, en realidad, los primeros de un nuevo capitalismo de amigos que se instaló en la Argentina. A Gobierno nuevo, amigos nuevos; a regulador renovado, regulados renovados.

Pese a las criticas permanentes y a la demonización de los grandes medios, la organización kirchnerista gana espacios y construye a futuro

 

Suma tropiezos en medio de las críticas de Cristina Kirchner al gabinete. Su versión del papelón con Joe Biden y la pelea con “Infobraden”.

Cristina Kirchner inauguró el año electoral. No sólo porque en su discurso de La Plata expuso los argumentos que el oficialismo llevará a la campaña. En los últimos días impulsó medidas económicas que terminaron de correr el velo que disimulaba la orientación del Gobierno.

Máximo Kirchner es uno de los dirigentes argentinos con peor imagen. Compite en el podio de los que poseen mayor nivel de rechazo con Amado Boudou, Juan Grabois y Hugo Moyano.

Desde la política, el gobierno ya ha hecho saber que no le temblará la mano para endurecer las medidas para combatir una aparente segunda ola de coronavirus que estaría llegando a estas playas, como volver a la cuarentena total que rigió al comienzo de esta tragedia en marzo de 2020 o establecer “toques de queda sanitarios” en la costa atlántica y otros lugares de veraneo donde se reúnen demasiadas personas sin ningún cuidado ni medidas de prevención.

El devenir del PJ bonaerense, que va camino a quedarse en manos de Máximo Kirchner puso de relieve, una vez más por si hiciera falta, la existencia de un proyecto político dentro del oficialismo que tiene al presidente Alberto Fernández como un elemento táctico y nada más.

Alberto Fernández se definió siempre como un reformador y no como un revolucionario, algunas frases suyas de los últimos días, ciertas decisiones sobre la libertad de la economía y la repetición de restricciones a la producción privada de bienes indican que cambió ese paradigma

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