Política

El presidente se enredó con la expropiación de la cerealera. El virus está siendo utilizado como herramienta para resucitar el proyecto estatista que fracasó en el anterior turno de CFK.

 

Alberto y Cristina salen mal parados del caso de la aceitera, que reavivó el choque entre ambos.

 

Millones de argentinos que aceptaron, disciplinados, el aislamiento obligatorio por la pandemia, pasaron de la sospecha a la certeza de que el kirchnerismo también quiere encerrar y poner bajo el rigor de su tratamiento las dos grandes pesadillas de Cristina: el Poder Judicial y el sector agropecuario.

 

Vicentin es otro capítulo de la ofensiva kirchnerista. El Presidente pasó de ser gran beneficiario a víctima potencial.

 

Con su anuncio de intervención y expropiación de la empresa Vicentin, Alberto Fernández no solo sorprendió a casi todo el país, incluida la mayoría de la dirigencia oficialista. También alteró los equilibrios políticos y económicos: dejó descolocados a socios, aliados y opositores, tanto como a empresarios con los que venía dialogando en otra dirección.

 

Seguramente este viernes el ministro Martín Guzmán formalizará la nueva propuesta del país para concluir un arreglo con los tenedores de deuda argentina bajo ley extranjera.

 

El sorpresivo anuncio del presidente Alberto Fernández sobre la intervención y la proyectada expropiación de la empresa agroexportadora Vicentin terminó desnudando la debilidad del propio jefe del Estado.

 

La decisión sobre Vicentin pone a Alberto Fernández frente a una disociación entre el discurso y la acción de gobierno

 

Nace un relato contrafáctico donde todo lo que no se hizo era malo y, por lo tanto, todo lo que se hace está bien.

 

Había una vez un país entrañable que era famoso por la indescifrable paradoja que lo acuciaba. Tenía de todo. Riquezas naturales, diversidad, recursos humanos fabulosos, técnicos, científicos, escritores, artistas, deportistas de primer nivel. Y cada vez más pobreza.

 

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