Política

Los países más desarrollados son las sociedades más honestas. Acá, la causa de los Cuadernos, la mayor exhibición de corrupción K, no tiene fecha de juicio. El asesinato del ex secretario de Cristina Kirchner la rescató del olvido.

 

La hipótesis que más incómoda a sectores del oficialismo sobre el brutal crimen de Fabián Gutiérrez en El Calafate es que este trágico episodio pueda dar cuenta de una disputa entre presuntos testaferros y herederos de los millonarios negocios de la corrupción de la era kirchnerista, como podría desprenderse de los primeros indicios sobre un eventual móvil económico.

 

Hasta hace apenas unas horas, una buena parte de la dirigencia política oscilaba, cuando trataba de mirar el horizonte, entre las especulaciones sobre sus chances electorales en 2021 y el temor creciente a un nuevo "que se vayan todos".

 

"Si hay un lugar perfecto para cometer este tipo de crímenes, ese lugar es El Calafate, allí tienen todo: el juez, la fiscal, el poder político y el silencio cómplice de muchos que le vendieron su alma al diablo", dice a LA NACION el diputado nacional Álvaro De Lamadrid, también autor del libro "La década enterrada", publicado en 2016.

 

¿Es que el modo acusatorio de la política o ciertas cloacas emisoras de noticias falsas pueden tener mayor relevancia que la acción del periodismo responsable?

 

Fue un tiempo en el que un juez parcial marcó la agenda de los medios kirchneristas y el discurso de sus dirigentes. Federico Villena, que llegó a juez de la mano de Cristina Kirchner y luego acumuló poder gracias a los servicios de inteligencia del gobierno de Macri, cayó en uno de los tantos saltos mortales sin red que dio en la Justicia y en la política.

 

La cuarentena sin horizonte y el colapso económico desgastan la imagen del presidente y hunden las expectativas sobre la salida de la crisis. Política y delito: un arrepentido muerto

 

Pese a las tiritas para pegar voluntades de AF, crece la división en el Gobierno.

 

De las promesas de cerrar la grieta y llenar la heladera, a la domesticación de la Justicia y la expropiación de Vicentin

 

Comenzó en 1983, con Alfonsín. Y nunca se detuvo. Siguió con Menem, con Kirchner, con Cristina y también con Macri.

 

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