Opinión

“Es necesario tener miedo para tener esperanza”.
- Jorge Dezcallar

Todo fue un grotesco. La manera como Martin Guzmán -no sin predeterminación- decidió el día y la hora de su renuncia. El off side en el que quedó parado el presidente, que se enteró de la noticia mientras almorzaba en la casa de campo de un renombrado evasor impositivo.

Agudos comunicadores y analistas sospechan que Cristina Kirchner buscaría asfixiar políticamente a Alberto Fernández y obligarlo a dimitir; Fernando Navarro negó esa posibilidad y alimentó así más rumores

Se dice, se murmura, se teme que Cristina se lo lleve puesto al presidente. No comparto estas prevenciones. Si algún temor me domina no es que Cristina se lo lleve puesto al presidente, sino que se la lleve puesta a la Argentina. A no equivocarse: la posible víctima de lo que nos está pasando no son Alberto, Massa o Cristina; la posible víctima, es el pueblo argentino. Nosotros somos los que vamos a pagar los platos rotos de las refriegas internas del peronismo. Así fue en 1975 y me temo que así puede ser en 2022.

La renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía, disparada el sábado 2 de julio por la tarde a la hora exacta en que Cristina Kirchner desgranaba en Ensenada un nuevo discurso destinado a perfeccionar la corrosión del gobierno de Alberto Fernández, fue una nueva señal apremiante del colapso que sobrelleva no solo la gestión del Presidente, sino el conjunto del sistema de poder que rige desde 2019. El título de esta columna una semana atrás fue: "El cambio como producto de una crisis que eclosiona".

El único camino de salida para la Argentina es generar trabajo, aumentar exportaciones, vitalizar el consumo. El logro gubernamental no puede ser la celebración de que cada mes se brinde asistencia a más argentinos. El anuncio de un bono por semana para un sector de la sociedad es síntoma del fracaso absoluto.

Estamos absolutamente convencidos que mientras Cristina Fernández no desaparezca del escenario político, no habrá futuro alguno para nuestro país, porque se trata de una demagoga delirante que insiste en negar, contra viento y marea, todo mensaje explícito o implícito de la realidad “real”.

En el Instituto Patria tienen bastante decidida la opción electoral que más posibilidades les da de ganar en 2023: Braden o Perón.

Según la Real Academia, un batacazo es un “triunfo o suceso inesperado y sorprendente”. Si la fueguina Silvina Batakis hiciera un “Rodrigazo”, como propone Milei en memoria de Celestino Rodrigo, ¿se lo llamaría Batakazo con K (sic)? No hay que preocuparse por eventuales contradicciones semánticas. Con la sobreabundancia de absurdos que hay, hoy nadie se va a demorar en esas discusiones, mucho menos siendo ajenas a las sagradas cuestiones de género.

El fallido intento de reestructurar de raíz todo lo que no funciona del Gobierno expuso los problemas estructurales de un sistema de poder que se exhibe exhausto.

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